Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Impuestos y Caramelos
Eduardo García Gaspar
7 febrero 2013
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


“Pese a que había veda electoral, los pagos que el Gobierno de Nuevo León [México] hizo en imagen se dispararon a 3 millones de pesos diarios durante abril, mayo y junio… durante esos tres meses, que son los últimos disponibles, se gastaron 270.3 millones de pesos, equivalentes a 2.97 millones por día” Terra, 2 agosto 2012.

Es una de las cosas más sensible que tenemos.

Decía Maquiavelo que un gobierno podía matar a mi tío que yo no protestaría tanto como si decretara la expropiación de mis bienes.

Me refiero a los actos de autoridad que afectan el bolsillo de la gente y, precisamente por eso, son un campo de extrema sensibilidad.

Examinemos este campo con lógica.

Antes que nada, una palabra preventiva. Los gobiernos saben que los impuestos son algo muy delicado para los ciudadanos y, por eso, suelen recurrir a frases como “más impuestos para los ricos”. Saben que así los lastimados son unos pocos y el resto no se siente aludido ni afectado.

Sucio truco de la política, usado una y otra vez.

Pero vayamos ahora al fondo del asunto. Un impuesto, en cualquiera de sus formas, es una expropiación forzada de propiedades del ciudadano. Al quitarle propiedades, el ciudadano se torna menos libre en la proporción en la que se le expropien esas propiedades.

Desnudos, eso son los impuestos. Pero suelen ser endulzados para hacerlos aceptables.

Se dice que con los impuestos los gobiernos pueden dar servicios que los ciudadanos necesitan y que sería inconveniente que otros prestaran. Por ejemplo, servicios de policía y tribunales, de representación diplomática, de emisión de leyes y otros más.

Esto es lógico y razonable, igual que lo es el manejar con extremo cuidado esos fondos para hacer que sean los más bajos posibles y no se afecte el bienestar personal.

Hasta aquí no hay problemas, pero ellos comienzan cuando el gobierno se adjudica más funciones de las convenientes. Ya que tiene que pagar sus costos, debe hacerse de más fondos y eso significa más impuestos, lo que puede ser doloroso y hace necesaria una dosis mayor de azúcar.

Es el impuesto convertido en caramelo que se torna deseable.

Se le llama entonces, por ejemplo, educación gratuita, o apoyos al campo, o seguro de desempleo, o pensión universal gratuita, lo que usted quiera. El dulce es ingenioso: se le dice a los ciudadanos que recibirán sin pagarlo algo como pistas de hielo gratuitas, o artículos escolares sin costo y demás.

La realidad es que no son gratuitas.

Tiene costo y para pagarlo, los gobiernos tiene que sacar el dinero de alguien, ciudadanos que pagan más impuestos de los necesarios para mantener un gobierno razonable.

Con una inocencia enorme, los ciudadanos se tragan el engaño y piensan que lo que reciben es gratuito, cuando no lo es. O, con un egoísmo extremo, piensan que son otros los que les pagan esas cosas que reciben sin costo.

El mecanismo es ya claro. Por ejemplo, para dar educación universitaria a precios bajos o insignificantes, el gobierno toma recursos de la misma sociedad a la que se la da. Esa sociedad es la que en realidad paga lo que se percibe como gratuito.

De haberse quedado ese dinero en la sociedad, se habría usado de otra forma de la que no se tiene mucha idea concreta: inversión y más empleos, demanda de bienes y demás. Lo que la gente ve es la educación gratuita o la pensión sin costo. Lo que ella no ve es lo que se hubiera hecho si ese dinero hubiera permanecido en manos particulares.

Y al no verse, los impuestos altos son ocultados por el dulce de lo gratuito. Un dulce que ciega la pérdida de la libertad que todos sufren. Quienes pagan los impuestos pierden propiedades que los harían más libres y quienes reciben la dádiva gubernamental pierden libertad al volverse dependientes de favores estatales. Sólo gana el gobernante.

Un ejemplo actual muy claro de eso se tiene en los EEUU. Ante los gastos excedidos de su gobierno, el presidente Obama quiere aumentar impuestos.

Lo hace con esa dosis de azúcar usual: los ricos serán los que los paguen, el resto no será afectado. En el fondo es populismo claro, que persigue apoyo de la mayoría, que no son supuestamente los ricos afectados.

Lo que no se ve es lo que esos ricos hubieran hecho con el dinero que se les cobra en impuestos. Hubieran quizá hecho inversiones, pagado investigaciones, dado caridad, comprado más, contratado más personas.

Al final de cuentas, esos impuestos innecesarios son el fraude más cuantioso que se sufre en nuestros tiempos. Olvide a Enron, a Lehman, a todos esos rescates y fraudes. Son cosas de niños comparado con el engaño dulce de los impuestos.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Impuestos.

La cifra de 2.97 millones diarios de gasto en imagen para un gobierno estatal en México, reportada en la cita al inicio, tiene que ser uno de los ejemplos mayores de desperdicio de impuestos: el gobierno cobra a los ciudadanos para gastar en convencerlos de que es un buen gobierno. Cipolla tiene razón, hay más de los que se piensa.

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