Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Incentivo a la Informalidad
Leonardo Girondella Mora
6 agosto 2013
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
Catalogado en:


La noticia y su fondo fueron muy bien explicados en Fruta Engañosa, una columna de Sergio Sarmiento.

Sigo a ese columnista en la exposición de los sucesos sobre los que opina —comenzando por una acción de La Procuraduría Federal del Consumidor, la que multó a McDonald’s por publicidad engañosa (casi 700,000 pesos).

La acusación concreta es la de tener una Cajita Feliz con leyendas e imágenes inexactas y no cumplir con el peso de su contenido. Dice el columnista:

“La primera objeción es al parecer que la fruta viene en bolsitas de plástico selladas al vacío para conservar la frescura del producto. Al parecer las imágenes iniciales de publicidad no mostraban esta fruta en una bolsa y esto molestó a los agentes de Profeco.

“Otra objeción es que la publicidad mostraba cuatro rebanadas de manzana, pero a últimas fechas hay una sola rebanada de melón en la Cajita. En los dos casos, sin embargo, el contenido de fruta es de aproximadamente 40 gramos.

“Tengo la impresión, sin embargo, de que el celo del nuevo procurador está llevando a abusos. Entiendo que se tilde de ‘engañosa’ a una empresa que dice tener fruta en un paquete y no la incluye, pero no a una que pone la fruta en una bolsa al vacío; que usa melón en vez de manzana, particularmente en verano; o que aporta una rebanada de 40 gramos en lugar de cuatro de 10.”

No fue esa la única acción de la procuraduría, también hubo sanciones a hoteles —lo que Sarmiento comenta:

“La Profeco ha anunciado también que ha colocado sellos de suspensión en 15 hoteles de la ciudad de México ‘por incurrir en prácticas comerciales abusivas’: no exhibir tarifas de hospedaje en montos totales, aplicar costos indebidos y carecer de información a la vista del consumidor de días y horarios de atención.

“Si los hoteles realmente cometieron estas faltas (y se me permitirá un granito de escepticismo por la inexactitud de la información de Profeco en el caso de McDonald’s) es correcto que se les llame la atención y sancione. Pero no deja de ser paradójico que muchos de estos hoteles tengan que vivir detrás de puestos callejeros que violan todas estas reglas y más sin que los inspectores de la Profeco se atrevan a tocarlos”.

La opinión es muy clara, a lo que añado otra pieza de información para resaltar el fondo de este tipo de sanciones. Fue reportado que,

“El Gobierno de Enrique Peña Nieto, empresarios, los gobernadores de los estados y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) anunciaron este lunes el Programa para la Formalización del Empleo 2013 , que tiene la meta de incorporar al sector formal de la economía a 200,000 trabajadores en el segundo semestre del año”. CNNExpansión, 22 julio 2013.

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Apelo ahora a la imaginación de lector para reunir los datos anteriores en una sola pieza —la de una entidad de gobierno imponiendo sanciones por faltas triviales a empresas formales cuando junto a ellas existen negocios informales que no son sancionados por faltas mayores.

Cualquiera que visite la Ciudad de México, al salir de su hotel, encontrará una gran variedad de actividades económicas informales —puestos de comida, venta callejera, taxis no registrados, limpieza de calzado, concesiones sindicales. Ninguna de esas actividades es penalizada por la procuraduría del consumidor.

Para quien tiene la iniciativa de ocultar su actividad económica de la vista de la autoridad (es un decir), ve en esas sanciones un costo de la formalidad —un costo impuesto por el gobierno, uno de los muchos que quiere evitar la gente al volverse informal.

Cuando una persona decide trabajar, pero manteniéndose fuera del radar de la autoridad, debe suponerse que se trata de una decisión sustentada en alguna base siquiera mínima —la de un cálculo de beneficios. ¿Conviene o no a la persona registrase formalmente en el gobierno como empresa?

Los informales han decidido que no —y lo que se sabe sobre el tema es que es un cálculo de costos: volverse informal es costoso en muchos sentidos. El registro inicial es complejo, caro, tardado; los impuestos son altos y complejos; la poca mano de obra adicional se encarece; y hay que cumplir con regulaciones que son impredecibles, como las multas de la procuraduría del consumidor.

Creo que he dejado en claro mi tesis: las acciones gubernamentales como las descritas aquí y muchas otras más son, en mente de la gente, costos a su vida y su trabajo —y va a intentar reducirlos, como lo hace quien trabaja en la informalidad.

Nota del Editor

La situación explicada en la columna es sólo un caso de muchos otros que ejemplifican la idea de los efectos no intencionales: una multa por motivos triviales a empresas formales es interpretado por la economía informal como una confirmación más de la buena decisión de permanecer fuera del ojo de la autoridad.

Del otro lado, sucumbo a la tentación de hacer explícito el punto de partida de esa procuraduría mexicana, el pensar que el consumidor es un idiota a quien puede engañar esa Cajita Feliz por tener una fruta en vez de otra o por usar plástico. Si el consumidor se siente engañado tiene una manera más cruel de castigar a la empresa, ya no comprar sus productos.

Sobre el tema de la informalidad, véase Actitud Fiscal Ciudadana. También, Comienza Por ti Mismo.

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