Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Incongruencia Inconsciente
Eduardo García Gaspar
14 mayo 2013
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


Parece indudable. Es uno de los rasgos fuertes de nuestros tiempos.

Algo que los caracteriza como en ninguna época anterior.

Hablo del rechazo a la autoridad, a quien pretende tener una posición superior. A quien habla diciendo que lo que dice es verdad.

Esas pretensiones son vistas hasta con repulsión.

Es, por supuesto, algo interesante que no suele tratarse con el cuidado que merece. Un caso muy clásico del rechazo de la autoridad es el de las críticas que recibe el Vaticano.

Incluso católicos hay que sienten ese rechazo y lo expresan con claridad. ¿Quién es el Papa que quiere que hagamos lo que él manda?

No sólo en ese caso. Sucede también en situaciones personales, cuando uno sostiene alguna opinión, la que sea y el otro nos dice, ¿quién eres tu para tener la verdad?

Este rasgo de nuestros tiempos, que rechaza a la autoridad, usualmente a la que sostiene o razona para demostrar algo verdadero, tiene sus consecuencias.

En sí mismo, juzgado en abstracto, tiene un efecto positivo. Cuestionar lo establecido, retar a la autoridad, examinar las opiniones y ser un tanto escéptico, es producto de la curiosidad mental, de la que trae adelantos e innovaciones.

Este escepticismo produce buenos resultados cuando las partes consideran que hay una verdad que puede encontrarse.

Los problemas comienzan cuando las partes no suponen que la verdad existe y que sus desacuerdos son en realidad choques en la búsqueda de lo mismo.

Cuando eso se ignora y desecha, cuestionar lo establecido, rechazar a la autoridad, no es más que un ejercicio sin gran utilidad, excepto por el engrandecimiento del ego.

El caso es que vivimos en un momento como ningún otro en la historia, muy caracterizado por ese rechazo a la autoridad. Es como una repulsión a las sociedades “verticales” y jerárquicas, que adora las sociedades “horizontales” sin autoridades que se imponen.

La cuestión se pone interesante por causa de la paradoja que se presenta.

Al mismo tiempo que se rechaza a la autoridad, existe una aceptación en muchas personas, de otra autoridad a la que se es incapaz de cuestionar. Es incongruente, pero real.

La explico con el caso de jóvenes principalmente que se consideran liberados cuando rechazan a la autoridad, sea religiosa, universitaria, científica, empresarial, la que sea. Y, sin embargo, al mismo tiempo, son partidarios de gobiernos grandes que imponen sus mandatos.

De un joven o cualquier otra persona que se ufana en sentirse liberado al desdeñar a las altas jerarquías de toda institución, se esperaría que fuese en lo político un libertario, un anarco-capitalista, o algo similar.

Solamente por congruencia de ideas debería serlo. No lo es usualmente y eso es algo de lo más curioso de nuestros tiempos también.

No se usted, pero no entiendo que una persona que se cree auténtico, que tiene una mentalidad independiente, que cuestiona todo, que rechaza las figuras de autoridad, sea también alguien que proponga una autoridad mayor, un gobierno más poderoso, un poder más concentrado.

Debería rechazarlo, no favorecerlo.

Esta faceta de este rasgo de nuestros tiempos me la hizo ver una persona. Lo que dijo fue una colección de fuertes diatribas en contra de la religión establecida, de los moralistas, de las autoridades universitarias. Todo lo que hizo fue corroborar ese rechazo a la autoridad que nos caracteriza. No fue nada nuevo lo que se escuchó.

Lo sorprendente fue que a continuación, la persona se declaró admiradora de Obama, de Chávez, de López Obrador y, en general, del socialismo.

Esto es lo que sobresalta en verdad, porque el socialismo no es más que una autoridad excedida, una fuente de imposiciones que resultarían, en teoría, odiosas a quien se enorgullece de rechazar a otras autoridades.

Es toda una paradoja que quien se ve a sí mismo liberado de toda obligación, de cualquier mandato, regla e imposición, por sutil que sea, acepte la existencia de otra autoridad incluso más fuerte y opresora.

Escribió Tocqueville (1805-1859) que “… un gobierno no sabe más que dictar reglas precisas, impone los sentimientos e ideas que él favorece, y con dificultad se pueden distinguir sus órdenes de sus consejos”.

En fin, encuentro en esas personas, especialmente los jóvenes, una posición ingenua que les ha llevado a ser incongruentes en sus ideas y de lo que no se han dado cuenta.

Post Scriptum

Puede quizá explicarse esa paradoja de la manera siguiente.

1. La persona rechaza toda autoridad que presente limitaciones a sus posibilidades de acción.

2. Fija su atención en los poderes más visibles: la religión, el Vaticano, la moral, todo lo que signifique autoridad y jerarquía. Esto es tomado como una liberación, incluso llegando a rechazar la idea de verdad, por significar autoridad.

3. Pero al mismo tiempo, sin mucha conciencia, aceptan a la autoridad política muchos de ellos. La quieren y desean, quizá, como su arma en contra del resto de las autoridades que ellos ven y rechazan.

4. No se dan cuenta de que para su lucha en contra de otras autoridades, lo que están haciendo es construir otra autoridad aún más temible y poderosa que terminará por exterminar su rechazo a la autoridad.

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