dilemas

El interés personal y bien común, ¿están en contra? ¿Son conceptos opuestos? Un análisis del dilema que presupone que el bien particular está en contra del bien general.

El tema concreto

En muchas partes se repite y reitera una noción que debe ser examinada con más detenimiento del usual —una idea que establece una relación opuesta entre interés personal y bien común.

A la pregunta ¿qué significa el bien común por encima del bien particular? de brainly.lat, se dio esta respuesta (sic para todo)

«El bien comun es aquel en el q se busca q una comunidad o sociedad sean equitativamente beneficiados. Y el bien particular es el q busca q un solo individuo sea favorecido. Por tanto el bien de una comunidad es mas prioritario para no decir menos egoista».

La estructura del dilema

El tema del interés personal y el bien común ha sido planteado como un dilema entre dos opciones mutuamente exclusivas:

  • Alternativa A: el bien de la persona.
  • Alternativa B: el bien general de la sociedad.
  • A y B son mutuamente excluyentes. Una sola de ellas debe seleccionarse.
  • Ya que B abarca a un número mayor de personas, es la que debe escogerse.

Esta estructura es la misma que tiene la falacia de la disyuntiva falsa —la que crea dos opciones opositoras que fuerzan una decisión selectiva falsa porque no incluye otras opciones o equivoca términos.

📌 El interés personal y el bien común son planteados como una disyunción —una que obliga a seleccionar al bien común porque este incluye un número mayor de personas, el de supuestamente todas en una comunidad.

Bien común y bien individual, un análisis

El dilema planteado puede ser mejor comprendido al ir por partes.

1. Libertad de decisión

La idea tiene su origen en el reconocer que la libertad permite a la persona seleccionar una entre varias posibilidades —concretamente entre el interés personal y el bien común.

Es una afirmación correcta y simple —que con claridad explica la libertad, como la facultad y el poder de una persona para optar por una entre varias alternativas.

2. La decisión y su base

La libertad permite tomar una decisión entre el bien común o general de la sociedad y el interés o bien personal —una entre dos opciones que necesita un criterio que oriente la decisión.

Ese criterio es numérico: se prefiere al bien común porque él incluye a todos o casi todos en una colectividad —mientras que el bien personal incluye a uno solo o unos pocos.

3. Vaguedad del dilema

Cuando se plantea como dilema la decisión forzada de decidir entre el interés personal y el bien común, se presentan áreas borrosas que requieren clarificación.

A. Problemas de cantidad

Si en una sociedad hay 100 personas, ¿cuántas de ellas deben renunciar a su bien personal en aras del bien común? Debe haber un límite preciso para que el dilema sea solucionado.

B. Problemas de calidad

Si, en su extremo, se aprueba que hasta 10 personas deben renunciar a su interés personal para el bien común del resto, se presenta un problema de discriminación severa —esas 10 personas serán tratadas de manera distinta y eso viola la igualdad legal y de derechos.

Una ilustración

El ejemplo extremo es del dilema que plantea el sacrificar a una sola persona si eso beneficia al bien común —por ejemplo, despojarla de todas sus posesiones para repartirlas entre el resto.

El dilema propondría que sí es eso justificable —lo que tiene una manifestación suavizada en las políticas redistributivas. Esto plantea un problema de justicia y mérito que discrimina y viola principios de igualdad.

El centro del tema

En adición a los puntos anteriores que muestran problemas con esta idea, el centro de ella es otro —el de suponer que las acciones individuales que buscan el bien personal suponen siempre un daño en el bien común.

El dilema del interés personal y el bien común se plantea como una selección entre esas dos alternativas mutuamente excluyentes —lo que hace surgir la pregunta lógica, ¿lo son realmente?

¿Es todo acto que busca el interés personal algo que impide o daña el logro del bien común? Algo de simple sentido común diría que no —que pueden existir muchos actos que busquen el bienestar personal sin dañar el bienestar del resto.

Por tanto, el dilema es falso y tendría aplicación únicamente cuando en realidad una acción personal dañara al bien común —como en el caso claro de un acto terrorista, o un fraude masivo.

Una acción humana no presenta siempre esa disyuntiva entre la utilidad personal y la comunitaria —incluso hay casos frecuentes en los que la búsqueda del interés personal produce efectos positivos en el bien común. Ellos han sido tema frecuente en Economía.

Una explicación esquemática

Un ladrón roba casas —un caso claro de beneficio personal y daño ajeno a quienes sufrieron los robos.

Una persona abre un negocio, un puesto de comida en la calle, algo que beneficia a todos: el mismo propietario tiene un beneficio, pero también los consumidores de su comida.

Esas consideraciones llevan a entender esta clasificación de posibles acciones personales:

  • La persona A busca su interés personal y realiza la acción k.
  • La acción k puede tener efectos dañinos directos en el resto.
  • O puede la acción k tener efectos beneficiosos en el resto.
  • Incluso, la acción k puede no tener ni beneficios ni daños en el resto.

Pero hay algo más y que es muy llamativo porque rompe con el dilema del interés personal como algo contrario al bien común —es este caso:

📌 La persona A y la persona B realizan una acción una acción conjunta que beneficia a las dos —por ejemplo, cuando A quiere vender una manzana y B quieren comprarla. Y si muchos o todos hacen este tipo de acciones, todos saldrán beneficiados.

Es decir, no en todos los casos existe la situación en la que se puede optar por algo de beneficio común o por algo de interés personal. La mayoría de las veces esa situación no existe y puede optarse por algo que sea de utilidad persona y también de beneficio a otros.

Conclusión

Lo visto antes muestra que el dilema del interés personal contra el bien común es falso —pues no toda acción personal que busca el bien propio significa que ella está en contra del bien de otras personas.

Es obvio que puede existir y es más frecuente la situación en la que el interés personal está en sincronía con el bienestar de otros, como cuando se abre una empresa que produce satisfactores. Ignorar esta posibilidad es un error serio. Y es un clisé, repetido una y otra vez.

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Y unas cosas más para los curiosos:

Conviene ver alguna de estas ideas:

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Bienestar personal y colectivo

Por Eduardo García Gaspar

Todos hemos escuchado la frase muchas veces. Hace poco, otra vez alguien me dijo que «el bien individual debe sacrificarse ante el bien general».

Parte del panorama político

Puesto así, no tengo la menor duda, es cierto que decir que el interés colectivo es mayor que el interés individual va a ser recibido con aplausos de aprobación.

Es parte de las creencias que son políticamente correctas. Es el dilema del interés personal en contra del bien común y general.

La frase también es parte del paisaje político y no creo que los gobernantes se atrevan a siquiera pensar en decir lo opuesto. Esto es causa suficiente como para no soportar la tentación de poner en tela de juicio a la idea.

¿Es verdad eso?

Tal vez no, tal vez quiera usted acompañarme en analizar más esa idea. Decir que lo general está por encima de lo personal suena bien, pero tiene un problema, el de definir qué es eso del bienestar general.

No es sencillo y muchos desacuerdos habrá al respecto, lo que provocará que se deba recurrir a la imposición de una idea, la del que tenga más fuerza y ese suele ser el gobierno.

Un riesgo real y presente

Entonces, el peligro de decir que el bien general está por encima del personal tiene el riesgo de elevar el poder del gobierno y conducir a la dictadura: el bien general es lo que dice la autoridad.

Dicho de otra manera. Cuando se cree que se debe escoger entre el interés personal y el bien común surgirá un juez que será el que decida eso. Y hará que el bien común coincida con su propio interés de gobierno.

Un ejemplo sencillo

Una sociedad de 30 personas nada más. De ellas, 29 están enfermas y una sola goza de total salud. Las enfermas necesitan trasplantes de riñones, corazón, pulmones, córneas, hígado y demás.

Si usted aplica literalmente el principio del bienestar general se justificaría matar al sano y tomar de su cuerpo los órganos que otros necesitan.

Obviamente hay algo malo en eso. Pero es lo que se hace en realidad: en un sistema en el que el bienestar general es definido por el gobierno, él usa la fuerza para quitarle algo a algunos y dárselos a los que la autoridad define.

Nos escandalizaría que les quitara un riñon, aunque tenga otro, y la misma reacción deberíamos tener cuando les quita patrimonio. Es la consecuencia de creer que el interés general está por encima del individual.

Y entonces, si he logrado persuadirlo de los peligros de creer en la primacía del interés general sobre el particular, ahora usted se preguntará qué debe hacerse.

¿Cual de los dos es superior, el general o el particular?

Si usted se plantea esa pregunta, ella tiene tres respuestas posibles: es superior el bienestar colectivo, o es superior el personal, o los dos son igual de importantes.

Hablar sobre el tema llevaría a discusiones agrias, las que podrían terminarse si las cosas se plantearan de otra manera aceptando que la pregunta es tonta y artificial, que no tiene caso preguntarse cuál es superior.

Lo que propongo es que la pregunta no tiene sentido y lleva a errores desafortunados.

De lo poco que he leído, tengo la impresión que fue Platón quien planteó la pregunta y la contestó tramposamente, dando la respuesta que convenía a su propuesta de un estado totalitario. Enfrascarse en esa discusión, creo, no tiene sentido. Es mejor ver las cosas desde otra posición.

Piense usted en esto: si se acepta que todas las personas son igualmente dignas, que valen lo mismo, entonces se obtiene una conclusión clara, ninguna de ellas puede ser sacrificada en beneficio de otras.

Ninguna, porque si sucede eso entonces sería aceptar que las personas no valen igual, que la sacrificada vale menos y que la agraciada vale más.

Si usted piensa así, creyendo que todas las personas valen lo mismo, entonces lo que le preocuparía es el bienestar de todas, cada una por separado y ya no el abstracto «bienestar general».

Pensando así, por necesidad, ya no exista la idea de un bienestar general, abstracto y vago, sino la idea de un bienestar personal, de uno por uno.

El bienestar total sería como una especie de suma de todos los bienestares personales y entonces, afectar el bienestar de uno en aras de otro, sería absurdo porque el bienestar total sería el mismo.

Lo que digo es que decir que el bienestar general es superior al personal es una trampa que el gobernante nos pone a usted y a mí para apluadirle, elegirlo, y entonces darle permiso para que él defina lo que es el bienestar general, sacrifique a sus opositores y beneficie a sus partidarios.

[La columna fue actualizada en 2020-03]