Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Intranquilidad Necesaria
Eduardo García Gaspar
8 marzo 2013
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es particularmente interesante. Es una de las paradojas de la política.

Algo poco apreciado. Incluso poco creíble. Va contra la intuición de las primeras impresiones.

Todo comienza con el temor natural al desorden.

Las personas lo rechazamos y valoramos el orden, eso que nos permite vivir tranquilos, sin sobresaltos.

Especialmente los sobresaltos que producirían los caprichos impredecibles de un gobernante. Pocas cosas tan temibles hay como ésa.

Pero igual tememos el desorden que presenta la inseguridad producto del crimen. Es otro tipo de sobresalto, pero lo es también. Una intranquilidad frente a lo impredecible, pero probable, de ser víctima de un delito.

Esas dos son manifestaciones de nuestra apreciación del orden y la tranquilidad en donde vivimos. Valoramos el estar libres de abusos gubernamentales y, también, el tener una protección razonable contra el criminal.

Nos gusta vivir en un ambiente ordenado en ese sentido, tranquilo y apacible. La razón es obvia. Eso permite hacer nuestra vida, la que queremos, la que pensamos nos hace felices.

En la superficie esto haría suponer que un gobierno estable y continuo sería la mejor opción posible. Un gobierno sabiamente conducido, que no abusara del poder y que permitiera las condiciones necesarias para que cada quien lograra la felicidad deseada en lo personal.

Si los cambios de gobierno producen inquietud y a veces zozobra, resulta atractiva la opción de ese gobierno continuo y sabio.

Y, por supuesto, si amamos el orden y la tranquilidad social, la posibilidad de un gobierno de sabios y buenos es la opción más deseable. Nos quitaríamos de encima las elecciones de nuevos gobiernos y el riesgo de llevar al poder a quienes están lejos de ser sabios y buenos.

Es aquí cuando se presenta una paradoja notable en la política.

La inconsistencia en la política, la inconstancia de los gobiernos, los riesgos de inestabilidad en cada elección, son deseables para quien ama el orden, la paz y el sosiego.

¿Quiere usted tranquilidad y orden en su vida? Prefiera entonces los cambios de gobierno, la inconsistencia de decisiones gubernamentales de un período a otro.

La paradoja ilustra el error de muchos que piensan que la continuidad gubernamental es requisito para la tranquilidad social. Para ellos, lo más deseable es eso que se llama continuismo, el mantenimiento consistente de un gobierno o de políticas de gobierno por tiempos largos.

Y tendrían razón si el gobierno estuviera formado por personas perfectas que estuvieran aplicando las políticas mejores.

Ya que eso es una imposibilidad, resulta mejor tener cambios de gobierno de manera periódica. Es la única posibilidad de corregir los errores de política y cambiar a gobernantes de mal desempeño.

Con un gobierno de tiempo indefinido, los errores de política se mantendrían y los gobernantes malos no podrían ser cambiados… al menos hasta que mueran y su sucesión será por lo general un motivo de desorden mucho mayor, como ahora en Venezuela.

Lo que la descontinuidad gubernamental produce, por tanto, es beneficioso: la tranquilidad de corregir errores de gobierno y el sosiego de cambiar a gobernantes malos. No está mal, nada mal.

Por tanto, a todos nosotros quienes amamos el orden de una sociedad tranquila y segura, nos conviene aceptar esos momentos agitados de elecciones para cambios de gobierno. Es lo mejor que puede ocurrirnos. Mucho mejor que soportar gobernantes malos y políticas erróneas sin límite de tiempo.

Todo va bien y es razonable, pero hay un problema. ¿Qué sucede cuando un nuevo gobierno mantiene las malas políticas del anterior? ¿Qué pasa cuando un nuevo gobierno emplea a gobernantes malos de otros gobiernos anteriores?

En estos casos no entran los mecanismos correctivos y se da ese continuismo indeseable que mantiene errores y fallas. No es una situación infrecuente.

Tome usted a México como ejemplo. El siglo pasado, con el PRI, hubo continuidad con errores en políticas de energía, de asuntos laborales, de agricultura. Curiosamente, el continuismo se mantuvo hasta la fecha.

Los estilos de gobernar variaron, pero no la esencia política. El PAN, por ejemplo, fue virtualmente indistinguible del PRI ahora en el poder.

Tenemos, por tanto, otro caso en el que la inquietud de cambios de gobierno no ha producido correcciones. En los EEUU, por ejemplo, los diferentes gobiernos tampoco han servido para corregir políticas equivocadas de combate a la pobreza.

Post Scriptum

La inconsistencia de los cambios de gobierno debería servir para corregir errores y producir un ambiente social más estable, al menos en teoría. Si no lo hace eso se debe a una variable adicional que produce la continuidad de políticas equivocadas.

Un ejemplo notable es el crecimiento constante del gasto público federal en México, bajo presidencias del PAN y del PRI. Un potencial gobierno del PRD, puede anticiparse con toda seguridad, haría aún mayores esos presupuestos. Los tres partidos son similares en este punto sin esperanza de corrección debida a nuevas elecciones. Los tres trabajan en la dirección de una crisis de finanzas públicas.

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