Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Justicia: Más que Igualdad
Eduardo García Gaspar
18 diciembre 2013
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


“Estudiantes no admitidos toman la UABJO y demandan espacios. Los inconformes exigen 70 espacios y han manifestado permanecer hasta ser escuchados por las autoridades universitarias”. Diario Despertar de Oaxaca agosto 6, 2013.

Es difícil de definir. Pero todos la entendemos en casos particulares. al revés.001

Pareciera como si este sentido estuviera “programado” en nuestras mentes.

Desde pequeños percibimos su idea, cuando, por ejemplo, nos dieron golosinas.

La idea es simple: tratar a todos por igual.

El infante que recibe la mitad de los dulces y que la otra mitad va a su hermano tiene esa misma idea. En los adultos, por ejemplo, es lo que nos indica que a crímenes iguales deben corresponder castigos iguales.

Y no sólo eso. También llegamos a entender que hay una cosa que tiene que ver con la desigualdad: a quienes no son iguales entre sí deben tratarse de manera diferente.

Por ejemplo, en un delito cometido por quien roba una lata de conservas en el supermercado hay algo que nos dice que no debe recibir el mismo castigo que quien ha robado un automóvil a punta de pistola, ni éste el mismo castigo que quien ha hecho del secuestro un negocio.

No hay que andar con grandes definiciones para entender estos casos de aplicación de justicia. Tenemos un sentido innato de ella, como una especie de intuición primitiva, que establece nociones proporcionales de merecimiento.

El alumno que se esfuerza, pensamos, merece las altas calificaciones que recibió, y el estudiante perezoso no puede reclamar sus bajas calificaciones.

Es una noción que balancea a la igualdad con la desigualdad. Los dos estudiantes perezosos que reprobaron el curso son iguales en esa circunstancia y en justicia merecieron lo que sucedió. Igual que el castigo que recibieron dos delincuentes por el mismo delito. Es un sentido de igualdad humana lo que alimenta esa noción de justicia.

Ese mismo sentido de igualdad es lo que manda a considerar las posibles diferencias, eso que llamamos agravantes o atenuantes.

Entre los dos alumnos que reprobaron, uno de ellos fue un perezoso pero el otro no estudió por haberse accidentado. A circunstancias diferentes respondemos con el sentido de justicia: quizá al accidentado deba dársele otra oportunidad.

Entonces, en la justicia, hay dos principios que operan al mismo tiempo. Uno es el de la igualdad, el que nos dice que es correcto tratar a las personas por igual como base central de la justicia. Tal vez sea éste el significado de la venda en los ojos que tienen las estatuas de la justicia, el impedir que se vea a las personas y se les trate de manera distinta.

Pero hay otro principio, uno de desigualdad, que nos dice que deben verse las circunstancias particulares de cada caso para ver diferencias y considerarlas pata evitar tratar a los desiguales como iguales. Este es el principio que, mucho me temo, se ha olvidado en estos tiempos obsesionados con la igualdad. Es el principio del merecimiento.

Sí, es justo tratar a la gente como iguales y, por ejemplo, darle a cada delincuente el mismo castigo por la misma falta. O bien, darle a todos el derecho de voto a partir de la mayoría de edad (lo que trata diferente a los menores y a los incapaces).

Pero ese tratamiento no significa que el principio de la igualdad sea miope a la idea del merecimiento.

Por ejemplo, una universidad hace una prueba de admisión a alumnos. Acuden 2,000 a hacer la prueba que persigue seleccionar a los que tienen mayores conocimientos o están mejor preparados. Dados los resultados pasan la prueba 500 de ellos y los 1,500 restantes son rechazados.

Aquí pueden verse los dos elementos. La igualdad en la oportunidad del examen, que fue el mismo para todos. Y el merecimiento de los 500 que demostraron que tenían la preparación. Los 1,500 que no fueron admitidos cometerían actos de injusticia si demandaran ser admitidos a pesar de haber reprobado el examen.

Es decir, la justicia, para serlo, debe contener esos dos elementos, el de la igualdad general de las personas y el del merecimiento de cada una de ellas.

Esto hace a la justicia algo curioso en el sentido de que ella será siempre personal porque necesita conocer las circunstancias del merecimiento. Es por esto que en realidad no puede haber justicia social. Sólo puede existir la individual.

Lo preocupante de nuestros tiempos es la obsesión igualitaria,porque ella produce el olvido del otro elemento de la justicia, el merecimiento. Es decir, las diferencias que también intervienen en la justicia.

Post Scriptum

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