Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Duración Cambia Todo
Eduardo García Gaspar
7 junio 2013
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todos hemos pasado por eso. Por los regaños y las reprimendas.

Recuerdo las razones por las que mis padres me regañaban. Cuando me enseñaron a distinguir entre lo bueno y lo malo.

Ellos, como los sacerdotes de la escuela, me mostraron las reglas de lo que hay que hacer para tener consecuencias buenas en la vida.

Pero, ¿por qué nos preocupan las consecuencias de nuestras acciones?

Después de todo, puede dar mucha felicidad el hecho de comer hasta hartarse, o de beber en exceso, o de usar drogas, o de robar las cosas que a uno le gustan, o de vengarse de los demás, o de tener relaciones sexuales antes del matrimonio.

¿Cuál es la razón por la que no conviene hacer esas cosas? Hay varias, desde luego.

Una de ellas, la más conocida es la de que algunas de esas acciones lastiman a otros, como, por ejemplo, robar o asesinar. Pero eso significaría que yo podría hacer todo lo que quisiera con tal de no lastimar a otros.

Por ejemplo, podría beber hasta caerme en mi casa, sin salir y sin lastimar a nadie. Podría gastarme todo mi dinero en parrandas. Podría usar drogas y caer en excesos sexuales, sin que eso lastimara a otros. Y, sin embargo, también eso no tiene sentido, está prohibido por la ética y la moral.

¿Por qué? Creo que hay una razón también. Déjeme explicar lo que yo entiendo.

Para mí, es muy lógico que no se me permita lastimar a otros y es lógico también que, entonces, no se me permita lastimarme a mí mismo.

La droga me va a lastimar, al igual que la envidia y que la borrachera y que el sexo fuera del matrimonio.

Pero, ¿por qué me va a lastimar eso que puede ser tan placentero? Creo que por una razón. Porque los humanos vivimos largo tiempo. El suficiente como para padecer los efectos de las drogas, de los excesos del cuerpo.

Vivimos muchos años y padeceremos los efectos de la pereza de no estudiar y de no trabajar. Sufriremos las consecuencias del exceso sexual y del consumo de drogas. Soportaremos los efectos de nuestros actos, los buenos y los malos, a la larga y a veces a la corta.

El que mucho ha bebido una noche, a la mañana siguiente se levanta sintiéndose muy mal. El que bebe en exceso todos los días soportará a la larga enfermedades del hígado, accidentes, mala integración familiar, gastos médicos, mala situación económica y otras cosas.

Lo que digo es que las reglas morales tienen una razón de ser en esta tierra. Nos evitan problemas en el futuro y, ya que vivimos muchos años, es de beneficio propio el respetar esa reglas. Simplemente para tener una vida mejor.

Es la historia de ese hombre que toda su vida ahorró y pudo vivir su vejez cómodamente, en comparación con el otro hombre que gastó todo su dinero y al ser viejo llevó una vida miserable.

El primer hombre compraba carros baratos, el segundo hombre tenía los carros más lujosos. En apariencia, muchos pensaban que el segundo hombre era más feliz que el primero.

Pero, es por eso de vivir tantos años que debemos pensar en las consecuencias futuras de lo que hacemos. Si viviéramos sólo cinco años, tendríamos otros principios morales. Quizá no tuviera nada de malo, en ese caso, caer en todo tipo de excesos.

Por ejemplo, al vivir sólo esos cinco años, no tendría mucho caso el ahorrar. Sería mejor gastarse todo el dinero y comprar un carro cada seis meses. Tampoco tendría caso estudiar una carrera de cuatro años, si nada más se tiene uno para aplicarla.

Por eso es que los humanos tenemos que pensar en las consecuencias de lo que hacemos, porque sus resultados y sus efectos los vamos a vivir durante mucho tiempo. Si hacemos lo que es indebido vamos a padecer efectos malos durante mucho tiempo.

Pero sucede lo contrario, que es lo maravilloso de esta asunto. Si hacemos cosas que tienen buenas consecuencias a la larga, vamos a disfrutar  de esos buenos efectos durante mucho tiempo. ¡Y eso es asombroso!

Porque no hay que ver sólo lo negativo, que es lo que suelen hacer muchas veces los sacerdotes y los papás. Nos hablan de las malas consecuencias de nuestros actos.

También hay que hablar de lo bueno que produce por largo tiempo las acciones buenas. Tal vez eso sea un adelanto de lo que es el Cielo, la eterna vida buena producida por actos buenos.

Post Scriptum

De lo anterior, puede obtenerse una conclusión asombrosa. Si el plazo de nuestra vida influye en el tipo de moral que seguimos, entonces hay una serie de posibilidades ilustradas en estos casos:

• Una expectativa de vida muy corta, de 20 años y nada más que eso. La persona podría llevar una vida de excesos y vicios sin temer que ellos tengan consecuencias: morirá antes de que, por ejemplo, padezca cirrosis.

• Una expectativa de vida muy larga, de 90 años y nada más que eso. La persona hará bien en considerar los efectos durante la vejez de una vida viciosa e irresponsable durante su juventud y madurez.

• Una expectativa de vida aún más larga, digamos de 200 años. La preocupación por la vida en el futuro sin duda alterará con más fuerza la vida en las etapas iniciales de juventud. A los 30 o 40 años será lógico considerar el no hacer nada que altere el bienestar propio los siguientes 160 años.

• Y el extremo total: la expectativa de vida es eterna, nunca se morirá. Ahora el cambio es radical: las consecuencias de lo hecho en los primeros años tendrán consecuencias por siempre.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “La Duración Cambia Todo”
  1. droctavio Dijo:

    La estructura de argumentación de la columna es difícil de rebatir y al menos yo, no sabría cómo anular la relación entre tiempo de vida futura y responsabilidad presente. Efectivamente, a mayor conciencia de tiempo de vida futura, meyor sentido de responsabilidad propia presente. Sólo quiero agregar que esto es otra manera de ver la apuesta de Blas Pascal y que enfatiza el monto de la apuesta que es una vida eterna.





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