Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Historia no se Repite
Eduardo García Gaspar
8 octubre 2013
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Pueden ser irresistibles. Me refiero a las frases hechas.

Esa especie de clisés que a los humanos nos resuelven el problema de pensar.

Cuando decimos alguna de esas frases, que creemos está llena de sabiduría, nos producimos una satisfacción sustancial.

Llegamos a sospechar que estamos diciendo algo fantástico y talentoso.

Por ejemplo, alguien dice “la historia la escribe el vencedor” y a continuación, de inmediato, piensa haber solucionado un problema complejo al que se han dedicado por años varios historiadores.

Son frases útiles para salir airosos de discusiones que requerirían leer más, saber más.

Otra de ellas es “la historia se repite”. ¿De verdad?

Si se repitiera en realidad estaríamos en un ciclo de eventos iguales, incluso idénticos. La realidad es que no tenemos esos ciclos y, por tanto, no se repite. Sí, podemos tener situaciones parecidas que recuerdan algo, pero no hay propiamente repetición.

Pero no importa, al decir “la historia se repite” la persona siente adquirir un aura de sabiduría que le permitiría competir con Aristóteles. La cosa no es tan fácil.

Tome usted otra frase, la de “la historia es la maestra de la vida” y notará que también produce cierta sensación de sabiduría, aunque contradice a la otra frase.

En su libro, Carlo Maria Cipolla apunta esta idea precisamente.

Si la historia se repite, entonces la historia no es maestra de la vida: no aprenderíamos nada de lo sucedido antes. Y si la historia es la maestra de la vida, entonces ella no se repetiría: evitaríamos los errores cometidos antes.

Como en el caso anterior, existen frases hechas que por más que sean aceptadas, en realidad no son sólidas y pueden ser negadas con facilidad. Pero no importa, se usan y sacan de apuros en momentos en los que se desconoce el tema.

Sigamos con el tema de la historia. Primero, no hay evidencias que muestren que la historia se repite, al contrario. Lo que sí es cierto es que distintas situaciones en la historia tienen cierto parecido entre sí.

Se recuerdan unas a otras, pero no son repeticiones. No hubo dos Napoleones que hicieran lo mismo, ni la Segunda Guerra Mundial fue una repetición de la Primera.

Las circunstancias son tan variadas en cada momento y lugar, que la primera cosa que enseña la historia como maestra de la vida es a no tomarla como conteniendo lecciones claras de lo que debe hacerse en el futuro.

Sí, saber de historia, siquiera un mínimo, es obligación de una persona civilizada. Pero creer que contiene experiencias que dan recetas fáciles, eso es iluso.

Ahora las cosas se ponen interesantes, cuando podemos diferenciar entre dos tipos de personas.

Las que desconocen la historia y las que tienen conocimiento de ella. Para quienes la desconocen, todo es nuevo y no tiene antecedentes, lo que las hace interpretar su realidad con inocencia y simpleza.

Son los que, ignorando el pasado, piensan que son capaces de enfrentar el presente a pesar de tener una buena dosis de ignorancia.

No es que la historia dé recetas, como dijo H. Kissinger, sino que da antecedentes, fondos, entornos. Y eso vale mucho. Pertenecen a este grupo una buena parte de los políticos.

Son ellos en general, gente que funciona sin antecedentes. Es lo que les mueve a tomar decisiones muy parecidas a las ya tomadas en el pasado, creyendo que darán resultados distintos a los anteriores. P

or ejemplo, en el caso del monopolio petrolero estatal mexicano, existe un fuerte empecinamiento a otra frase hecha, la de “el petróleo es de la nación” y ella opera como un escudo que impide aportar cualquier idea que venga de experiencias en otros tiempos y lugares.

Lo que me manda a proponer que pueda existir en ciertos casos una repetición no de la historia, pero sí de medidas políticas que no tienen más explicación que la terquedad.

No tiene sentido, ni nunca ha sucedido, por ejemplo, que un país mejore por la vía de aumentos de impuestos… y sin embargo, la clase política insiste en ello.

En fin, examinando más de cerca algunas de las frases hechas se encuentra uno caminos prometedores de especulación. Como una especie de ejercicios de las neuronas, cuando ellas no son anuladas por los lugares comunes.

Post Scriptum

El libro usado fue el de Cipolla, C. M. (1997). Entre la Historia y la Economía. Barcelona: Editorial Crítica. Allí se cita a Kissinger.

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