Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Inteligencia del Samaritano
Eduardo García Gaspar
27 junio 2013
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es la costumbre seguida. Es el hablar yendo por las ramas.

Hablar con palabras cargadas de sentimientos positivos. Hablar mucho y decir poco.

Hablar pensando que eso significa pensar. Hablar sin siquiera entender qué es la verdad.

Y a lo que eso lleva, el rechazo de lo que es claro, de lo dicho sin tapujos. De lo hablado sin el truco de palabras que vistan con ropaje políticamente correcto lo irracionalmente dicho.

Un caso reciente ilustra esto.

La persona habló de la caridad hacia los pobres, de la necesidad de programas sociales de gobierno, de la necesidad de perdonar deudas a países pobres. En fin, fue ella un manantial de preocupaciones sociales y recetas repetidas envueltas en un lenguaje preaprobado.

Cuando se me pidió mi opinión, dije lo que pienso y creo poder razonar: la caridad en sí misma y practicada por ella misma, sin prudencia, es inútil y, peor aún, es negativa. No ayuda a la gente a la que va dirigida y, puede ser que agrave el problema que pretende resolver.

La acusación inmediata la conozco: se me dice que soy un insensible, incapaz de tener sentimientos por los pobres, un hombre sin corazón, ni preocupaciones sociales, un tipo que ignora mandatos religiosos. No, en realidad no es para tanto, lo único que he hecho es agregar un pequeño detalle.

No digo que no hay que ser caritativo. Lo que he digo es que hay que serlo con prudencia, con inteligencia. Eso es todo.

Me imagino que nadie se oponga a eso de usar la inteligencia cuando se ayuda a otros. Me imagino que nadie se atreva a proponer hacer caridad haciendo caso omiso de la razón.

Pero lo sí veo es que ha quienes se oponen al uso de la inteligencia cuando ven lo que ello tiene como consecuencias. Y sí, terminan esas personas recomendando obras caritativas realizadas sin ton ni son. La parábola del Buen Samaritano es una referencia útil.

En la historia, un herido en el camino es atendido por el samaritano, después de que otros han pasado de largo. Cura sus heridas, producidas por los ladrones. Lo lleva a donde puede ser atendido. Deja dinero con ese objeto. Promete regresar y pagar lo que se haya gastado de más. El samaritano no sólo es caritativo, es inteligente.

En nuestros días, si el samaritano se contagia de la mentalidad actual, haría otra cosa. Vería al herido por los asaltantes y conmovido hasta las lágrimas, depositaría junto al pobre hombre tantas monedas como pudiera y seguiría su camino.

Al llegar con sus amigos, les diría que ha realizado una gran obra de caridad, dejando esas monedas junto al prójimo herido.

¿Ve eso a lo que me refiero? Con inteligencia el samaritano hizo lo que debía, atender la urgencia de la situación con el remedio adecuado, curar al hombre asaltado y luego llevarlo a donde podía ser curado. Sin inteligencia, el samaritano hubiera arrojado unas monedas junto al herido para que él se las arreglara con ellas por sí mismo.

La diferencia está en la caridad bien dirigida, hecha con prudencia.

Y eso es lo que sostengo, algo que no creo que esté presente en muchos programas de ayuda, en muchas obras de caridad, en muchas propuestas, como la de condonar deudas de países pobres. No se trata de arrojar monedas a quienes necesitan caridad, sino de ayudarles, cosa que las monedas por sí mismas no harán.

Este mismo punto lo hacen Becker y Posner en su libro Uncommon Sense: Economic Insights, from Marriage to Terrorism (2009, University Of Chicago Press). Al que añaden otra idea fascinante sobre los países con gran dotación de recursos naturales, principalmente petróleo. La abundancia no suele serles de beneficio.

Como las monedas dadas al pobre, el petróleo es como un regalo que impide la adquirir hábitos de trabajo y disciplina, de ahorro e iniciativa empresarial, además de “permitir al gobierno aplazar problemas sociales”.

Creo que la idea es clara: la buena caridad no puede ser un regalo inmerecido. Cuando lo es, crea mayores problemas de los que resuelve. Especialmente, crea el hábito y costumbre de la manifestación y la protesta: cuando dejan de recibir regalos, salen a la calle en una rabieta infantil que saben les funcionará como al niño malcriado.

Post Scriptum

Otros datos del libro citado son reveladores:

• África ha recibido desde 1960, 600 mil millones de dólares de ayuda y, sin embargo, la mayoría de sus naciones son ahora más pobres que en esa fecha.

• Desde los 50 hasta los 80, la India fue la nación que recibió más ayuda pública y privada, un período en el que su crecimiento fue de 1%.

La parábola del Buen Samaritano está en el evangelio de san Lucas:

Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo.

Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.”

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