Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Paradoja del Voluntario
Leonardo Girondella Mora
9 agosto 2013
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


En el libro de R. Dobelli, The Art of Thinking Clearly (2013, Harper) se habla de la estupidez del voluntario —que explico en lo que sigue, para luego hacer precisiones en el planteamiento.

Para demostrar que el voluntario de trabajos sociales comete una tontería con su conducta, el autor narra una historia.

La de un fotógrafo de modas que gana 500 dólares la hora, pero tiene inquietudes de un trabajo de más trascendencia. Un día, recibe la invitación para construir casas para pájaros en peligro de extinción. Él y otros las construirán.

¿Hará bien el fotógrafo al aceptar la invitación? No, según el autor —no es eficiente que el fotógrafo construya pajareras que mejor haría un carpintero que gana menos. El fotógrafo actuará más racionalmente si sigue trabajando y dona parte de su ingreso.

La única otra posibilidad racional es que el fotógrafo contribuya usando su profesión, por ejemplo, donando sus habilidades fotográficas para, quizá, una campaña de obtención de fondos. O bien, construyendo esas casas el fin de semana, en tiempo libre —aunque según el autor para esto sería mejor usar a celebridades, por su valor en la difusión de medios.

Y concluye que en ese caso lo mejor es contribuir con dinero — lo que en general deja una impresión un tanto sesgada, que es lo que examino en los puntos que siguen.

• Los trabajos voluntarios para causas de interés, como campañas de donación de alimentos para pobres, son una forma de cumplir con la obligación general de caridad y amor a otros —no es algo que puede desecharse. Los humanos tienen ese deber, aunque akgunos no lo acepten.

• Parte de esa obligación es usar la cabeza al hacerlo, lo que lleva a considerar el valor de la aportación propia —por ejemplo, hacer donativos en bienes o dinero, si la persona no tiene la capacidad para, por ejemplo, preparar comidas para pobres. Su trabajo valdría menos que su donativo y con él se contrataría a cocineros profesionales.

• Hay una gran excepción a lo anterior, cuando puede donarse el trabajo en un campo en el que la persona tiene capacidades —como el oftalmólogo que da consultas gratuitas, o el fiscalista que asesora a una organización de caridad, o el ingeniero que ayuda a arreglar casas.

• Lo anterior establece un principio general: contribuir con trabajo voluntario sólo cuando la persona haría ese trabajo mejor que el resto —si eso no es posible, la mejor opción general es dar dinero, lo más que se pueda.

• Hay otra posibilidad, la de considerar los ingresos no monetarios del trabajo de ayuda del voluntario —su satisfacción por hacerlo en persona: la felicidad que ella siente al ver a los ojos a esos a quienes ayuda, hablar con ellos y conocerlos un poco más.

Puede ser que esos ingresos no monetarios sean valuados por la persona como superiores a lo que hubiera sido el ingreso monetario de ese día —lo que anularía el razonamiento estrictamente monetario que sólo justifica el donativo de dinero o un equivalente.

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Mi punto central ha sido ampliar una buena idea general, la de valorar la contribución de ayuda a actividades de ayuda y caridad —cuando pueda ser que existan casos en los que lo más racional sea que la persona no haga el trabajo ella misma, sino que se limite a hacer contribuciones materiales.

Pero esa perspectiva de análisis económico es unidimensional —hay otras posibilidades que deben considerarse, como contribuir con la especialidad que tiene y, sobre todo, los ingresos no monetarios que produce una intervención personal de ayuda tratando cara a cara a los que la reciben.

Esto último, llevado a un extremo, podría ser negativo —si es que lleva a la persona a afectar la calidad de la ayuda dada, como cuando no sabiendo nada de cocina, decide ella hacer la preparación de alimentos para pobres.

Addendum

Dice el autor que, “Estrictamente hablando, cualquiera que se beneficia o siente siquiera la más ligera satisfacción proveniente de la ayuda voluntaria no es un altruista puro” (p.196).

Esto significa anular los ingresos no monetarios de satisfacción personal, pero también destruir la posibilidad de dar donativos en dinero.

No importa si se trabaja gratuitamente, o se da un donativo en dinero, esa acción sólo puede ser realizada cuando se piensa que es mejor hacerlo que no hacerlo —lo que implica que la persona siente la satisfacción de hacerlo, incluso cuando hubiera preferido gastar ese dinero en sí misma o pasar el día descansando.

Es imposible actuar cuando no existe ni la más pequeña de las satisfacciones —sin satisfacción, las acciones son inexplicables. Lo que puede suceder es que la persona haga un sacrificio, como dar dinero en vez de salir a comer a un restaurante. Pero aún ese sacrificio intencional se hace por un sentido del deber que se cumple y cumplirlo sin duda proporciona una satisfacción.

Nota del Editor

Lo que Girondella Mora ha hecho es un ejercicio que complementa los análisis económicos racionales y justificados, los que suelen ignorar otros aspectos que también son valorados por la persona, como el tener la experiencia directa de la ayuda.

El libro del que toma el material es uno de una serie de publicaciones que en lo general tratan el tema de la disciplina mental y del razonar correctamente. El libro de Dobelli, me parece, no es de los mejores; por ejemplo, véase la crítica de O. Burkeman.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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