Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Parte de Cómo Gastar
Eduardo García Gaspar
2 octubre 2013
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No ha sido la primera vez. Fue otro caso de mencionar “sin afán de lucro”.

Como si eso fuese algo superior y más noble.

Quizá lo sea, pero no lleva eso a la conclusión de que las ganancias son malas, moralmente malas.

En el peor de los casos, las ganancias que tiene una empresa, o un profesionista, o un comercio, son moralmente neutras.

Si ellas son consecuencia de un trabajo honesto y esforzado, nada puede argumentarse en contra de ellas.

Lo que para un trabajador es un sueldo, para el comerciante o empresario son las utilidades o beneficios.

Son la recompensa de su trabajo, el premio a su esfuerzo, la compensación de su riesgo. No es difícil de entender.

Incluso son moralmente positivas, como una especie de justicia que da al que lo merece. No tiene sentido denigrarlas, ni sentirse superior cuando no se tiene el ánimo de tener ganancias.

Las ganancias empresariales y comerciales son la recompensa al trabajo y esfuerzo del propietario del negocio. Lo que queda después de deducir todos los costos y una parte de ellas es lo que en efectivo va a parar a los bolsillos del propietario.

Hasta aquí se entiende sin problema.

Entonces se llega a una situación un tanto sorpresiva. El empresario tiene dinero en el bolsillo igual que lo tiene el trabajador y eso es lo que los convierte a los dos en consumidores.

Es decir, en gente que usa el dinero para los que ella quiere, que es cuando las cosas se ponen interesantes.

Con ese dinero en el bolsillo, el empresario puede hacer cosas. Algo que es obvio es el usar ese dinero para el sustento de la familia. Todas esas cosas como comida, bebida, casa, vestido, educación vacaciones y demás.

Como cualquier otro, excepto por el caso de que algunas veces ese dinero será abundante y otras veces no.

Con ese dinero, puede hacer otras cosas. Puede decidir tener un affair fuera de casa y, siguiendo el clisé, comprarle un departamento a su amante.

Puede decidir ahorrar, comprar un Ferrari, o dar dinero a una casa que atiende a jóvenes violadas. Es muy amplio el panorama de opciones y, entonces, sí es posible hablar de cosas morales e inmorales.

Tener el dinero en el bolsillo o en el banco, habiéndolo obtenido por medio del trabajo sin dañar a otros, es perfectamente válido y justo.

Pero el uso que se le dé a ese dinero puede o no ser bueno. Digamos que el empresario va a Las Vegas y pierde cierta cantidad. No hay nada malo en ello, siempre que no se convierta en vicio.

Compra unas botellas de Vega Sicilia. Tampoco nada mal, simplemente neutral. Si con su dinero hace otras cosas, como pagar los estudios de un par de niños pobres, o ayudar a construir una ala de un hospital, aún mejor.

Mi punto crea que ya es visible. Y es lo que me molesta en la impresión que dejan las ideas de Ayn Rand.

Ella se queda en el dinero como su objeto de admiración y tiene razón en el sentido de que es una medición del resultado del trabajo propio. Es una justa recompensa del esfuerzo, como los presentan sus personajes.

Y tiene razón en que hay parásitos que quieren quitar ese dinero al que consideran despreciable.

Pero eso no es todo. Rand se queda a la mitad del camino porque es en realidad a partir de allí que inicia la otra gran parte del ser humano.

¿Qué hacer con eso que he ganado? Obviamente lo que sea que haga mostrará la otra cara de la persona, no sólo la del trabajo y su recompensa.

Sí, se trabaja para ganar dinero, no hay duda. Pero eso es la primera parte solamente. Queda por verse lo que se hará con ese dinero. Y esta es la parte más interesante.

Ver la faceta humana del logro del ingreso y quedarse en ella, es demasiado corto. Es necesario ver la otra parte, olvidada por muchos, la de qué se hace con ese ingreso logrado.

Es más rica, por ejemplo, la idea de hace muchos siglos, la de Santo Tomas de Aquino, cuando habla de los motivos de llevan a querer tener ganancias: sostener la casa, ayudar a los pobres, ofrecer productos, compensar el trabajo, mejorar los productos.

Al final de cuentas, no veo nada reprobable en el afán de lucro si este se obtiene por medios honestos. Pero sobre todo, considero un error olvidarse de la otra faceta, la de qué se hace con el dinero que ya ha llegado a los bolsillos del que sea.

Post Scriptum

El dato de Santo Tomás lo tomé de Chafuen, A. A. (1986). Christians for freedom : late-scholastic economics. San Francisco: Ignatius Press, p. 136.

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