Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Liberación: Significados
Eduardo García Gaspar
7 noviembre 2013
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Está en el fondo de muchas discusiones. Muchos desacuerdos tienen ese mismo origen.

Es el significado de liberación personal. Hay interpretaciones radicalmente distintas.

Por ejemplo, lo que hace ya años me dijo una persona: “Me he liberado ya de todo mandato moral, del Dios que quiere que yo haga cosas que no quiero. Soy libre al fin y hago lo que quiero y me gusta”.

Esa es una manera de entender “liberación”. No es la única.

Hay otras y esto es lo que bien merece una segunda opinión. El contraste es fascinante.

Para unos, la liberación consiste en hacer de lado los mandatos morales. No todos, pero típicamente los que tienen que ver con el sexo y algunos preceptos religiosos.

Es como una libertad que permite poner de lado normas seleccionadas. El resultado en una moral a la carta: la persona según su criterio y conciencia escoge qué piensa que le conviene hacer y qué no.

Es como la creación de una nueva versión de los Diez Mandamientos hecha a modo personal (ahora serán dos o tres o cuatro, dependiendo de cada persona, o ninguno)

Para los otros, la liberación tiene otro significado, el opuesto. Liberarse es seguir los mandamientos morales, generalmente los cristianos. La razón central es pensar que esas normas permiten ejercer el control sobre uno mismo y así ser dueños de la vida propia.

Budziszewski lo expresa bien al decir que “Todo acto de auto control nos hace internamente más auto controlados, todo acto de permisividad nos hace internamente más permisivo”.

Esta es la liberación buscada, la liberación de lo permisivo. Para los otros, caer en lo permisivo es la liberación que buscan.

El contraste es pasmoso. La misma palabra, dos significados opuestos entre sí, aunque en común tienen la noción de renunciar a algo. Para unos es el renunciar a mandatos morales que consideran restrictivos. Para los otros es renunciar a los actos que consideran ablandan su voluntad.

Un ejemplo ilustrará mejor esas diferencias tan notables. Piense usted en un atleta que se prepara para las competencias olímpicas. Para prepararse sigue un proceso de entrenamiento diario, el que sea. Esos son sus mandatos, las cosas a las que le obliga su preparación. Y esa es su liberación, la renuncia a lo que le distraería de su objetivo personal.

Si este atleta se liberara de la disciplina de su entrenamiento, no llegaría a su objetivo. Podría él sentirse liberado de obligaciones molestas, impuestas por su entrenador, pero no lograría lo que quiere. El ejemplo ilustra el fondo de la cuestión: ¿De qué nos queremos liberar?

Creo que la posición correcta es la de aceptar la existencia de mandatos morales externos, ajenos a nuestra voluntad. Una de las razones es la debilidad y el riesgo que tiene la otra posición, la de tener una ética creada por la persona misma, lo que he llamado moral a la carta.

Cuando una persona crea sus propias reglas, liberándose de las que no lo convencen, será muy extraño que se convierta en alguien exigente consigo mismo. Se comportará con indulgencia propia, se permitirá lo que ella crea que le guste. Acomodará la moral a sus propias debilidades,, gustos y pasiones. No querrá jamás que su propia moral le condene y repruebe.

Más aún, cuando la persona crea sus propias reglas se abre la puerta a que todas hagan lo mismo. El resultado es una variedad de morales personales que entran en un conflicto inevitable. No habrá posibilidades de juzgar a nadie. Un ejemplo exagerado, pero real: para algunos, abusar de menores no será falta alguna, pero para otros constituirá una falta terrible.

No habrá maneras de conciliar casos como esos. Será imposible condenarlos cuando el criterio moral ha sido creado por la persona misma a su gusto y conveniencia. Y, además, será creado un medio ambiente de permisividad y desmesura. En busca de la liberación moral se logrará un descontrol libertino en el que nada realmente estará prohibido.

Lo que sucede es que somos una especie que no tiene la capacidad de crear por sí misma su propio código moral uno por uno. Cualquiera que intente hacerlo seriamente tendrá que estudiar de tiempo completo el asunto y mientras lo hace tendrá que seguir el mandato moral de prepararse y saber para hacerlo.

No es nada mala la idea de liberarse, pero antes hay que saber de qué se quiere uno liberar. Algunas liberaciones llevan directo a una esclavitud engañosa.

Post Scriptum

La cita viene de Budziszewski, J. (2008 Ask Me Anything 2: More Provocative Answers for College Students. NavPress, p. 47).

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