Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Los Casos Perdidos
Eduardo García Gaspar
2 diciembre 2013
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Todos los conocemos. Son casos desesperados.

Irremediables, al menos en apariencia. Un profesor los llamaba casos de ignorancia supina.

Y los dividía en dos categorías, la intencional y la involuntaria.

La ignorancia involuntaria es eso que hace a una persona poco pensante. Cuando la mente, por la razón que sea, no comprende. No se trata de excepciones patológicas, ni de anormalidad, sino de falta de capacidad natural. “Dificultades para razonar y comprender”, decía el profesor.

El otro caso, el de la ignorancia supina intencional, es más complejo e involucra dos elementos. Primero, un estado de desconocimiento importante; la persona simplemente no sabe. Segundo, un propósito explícito de no querer saber.

La combinación es fatal: no se conoce y no se quiere conocer.

A los primeros les decía “tontos naturales” y a los segundos, “tontos voluntarios”. Y de los voluntarios hay clases variadas.

Distintas tipologías, como la del que cree que siendo experto en un campo, también se es experto en otros. O la del que no sabe que no sabe. Un caso fascinante es la de conocedor ignorante, el que tiene mucha información y sabe mucho, pero no puede razonar.

Estamos en el terreno del conocimiento y la ignorancia, del tonto y del sabio. Uno en el que se presenta un problema interesante. Una caso lo ilustra muy bien.

Decía ese profesor que hiciéramos una suposición. Que imagináramos que somos personas que sólo pueden aprender por medio de los sentido: vista, tacto, olfato, oído, gusto.

Es decir, que presupusiéramos que todo nuestro conocimiento tiene un origen sensorial y nada más que eso. Que somos solamente un recipiente de sensaciones del exterior y que esa es la única posible manera de aprender. Que no hay otra. ¿Puede ser eso cierto?

Si el lector es aficionado a encontrar detalles faltantes que solucionan un caso policiaco, la respuesta es clave. ¿Es o no posible que sólo podamos aprender por medio de los sentidos?

Es la misma pregunta que puede hacerse Sherlock Holmes, o Julius Maigret, cuando investigan un crimen. Basta las evidencias del crimen para encontrar al culpable, ¿o no?

Veamos esto parte por parte. Si todo lo que yo aprendo sólo puede venir de datos captados por los sentido, entonces también por los sentidos debo aprender a aprender. Es decir, dar significado a las cosas que percibo por los sentidos y allí es cuando se encuentran las dificultades.

Porque una cosa es aprender y otra aprender a aprender. Me refiero a encontrar significado en lo que recibo por los sentidos. Pensar que los sentidos son los responsables de darle significado a lo que perciben es absurdo. Los sentidos perciben estímulos, no maneras de entenderlos.

Debemos tener por fuerza, ya dentro de nosotros algo innato, que es eso de aprender a aprender: dar significado, separar, agrupar, relacionar causa-efecto, acumular, sistematizar, organizar. Es como una especie de capacidad interna para procesar la información que reciben los sentidos, que son receptores, no procesadores.

Hay algo, entonces, dentro de nosotros, que no es aprendido desde fuera, porque sería imposible.

Llamemos a esto “razón” y resulta ser un atributo que sólo poseemos los humanos, al menos en tan alta capacidad (sí, se que algunos gobernantes hacen dudar de esto, pero debemos reconocerlo).

Y esto es lo que nos regresa a la ignorancia involuntaria y a la intencional.

La involuntaria mostraría el caso de quienes tienen una razón de capacidad limitada, o bien, una que no ha sido cultivada ni entrenada. Podría ser el resultado de una mala educación escolar, o la despreocupación familiar por estimular el uso de la inteligencia del niño.

La ignorancia intencional es aún más trágica, pues en este caso la persona sí tiene una capacidad racional aceptable. Sin embargo, por decisión propia se niega a usarla. Rehusa la posibilidad de añadir conocimiento y de mantiene firme en sus fallas. Es un caso de terquedad extrema.

En mi experiencia, la terquedad a la que hago referencia, se padece mucho en casos de temas políticos, económicos y religiosos. Defensores de una u otra postura rechazan toda evidencia que los contradiga y todo razonamiento que se les oponga.

Contra estos casos, decía el profesor, nada hay que hacer. Son casos perdidos.

Es una pena que en los tiempos actuales, de demasiada televisión y escasa razón, se fomente esa ignorancia intencional aumentado el número de casos perdidos.

Porque cuando se dice que toda opinión debe ser respetada, sin importar nada más que la tolerancia, se está también diciendo que el respeto se gana sin tener que saber más, sin tener que usar la razón.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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