posiciones políticas

Los principales desacuerdos políticos giran alrededor de muy diferentes dos ejes de pensamiento y creencias. Los valores de la libertad y la igualdad dan origen a tipos de gobierno y conflictos severos.

Introducción

Las discusiones políticas y los desacuerdos entre partidos políticos y sus miembros tienen un origen doble —el que determinan dos motivaciones centrales:

A. La lucha por el poder

Son los esfuerzos que realizan los partidos políticos por ganar elecciones y. también, los que realizan movimientos violentos para capturar el poder.

En una democracia republicana, bajo un estado de derecho, las elecciones permiten elegir gobernantes para períodos de gobierno y esta es la manera legítima de acceder al poder.

Pero, también es posible, que ese arribo al poder se logre por medios violentos, como un golpe de Estado —o bien, se utilicen medios inadmisibles para conservar al poder.

B. Dos mentalidades distintas

Este es el enfrentamiento de dos ideas distintas sobre el papel de los gobiernos en una sociedad —dos filosofías que son los ejes que producen desacuerdos políticos.

Esto es lo que intento explorar con la intención de contar con un marco intelectual razonable que permita ver más allá de los sucesos diarios y comprender qué es lo que sucede en el fondo de las confrontaciones políticas.

Los dos ejes de los desacuerdos políticos

Hablo de la existencia de dos nociones diferentes en la teoría política —dos ejes centrales y opuestos que dan pie a entendimientos varios sobre el funcionamiento del gobierno, sus reponsabilidades y sus funciones.

Uno de esos ejes es el de la libertad —el otro es el de la igualdad.

Uno plantea a los gobiernos como responsables de cuidar la libertad de sus gobernados y el otro plantea al gobierno como el responsable de la igualdad de los gobernados.

Liberales y socialistas

Los dos ejes de mentalidades y creencias que producen desacuerdos políticos pueden comprenderse mejor así.

• En el eje de la libertad se encuentran las mentalidades liberales y capitalistas —las que entienden al gobierno como responsable central de crear y mantener un arreglo social en el que exista el máximo de libertades políticas, culturales y económicas.

Este es el eje de la libertad como valor central de la política y cuya defensa ha creado mecanismos y tradiciones de división del poder, elecciones, constitucionalismo —cuyo propósito central es evitar abusos de autoridad.

Dentro de las mentalidades liberales y capitalistas se discuten variaciones, interpretaciones e implantaciones de un sistema cuyo valor central es la libertad —no son discusiones pequeñas, hay desacuerdos sustanciales y confrontaciones agresivas.

• En el eje de la igualdad se encuentran las mentalidades socialistas y en general las de un gobierno con responsabilidades expandidas —las que entienden al gobierno como responsable de crear y mantener un arreglo social en el que se haga posible el máximo de igualdad política, cultural y económica.

Este es el eje de la igualdad como valor central de la política y cuya defensa ha producido mecanismos redistributivos de riqueza, impuestos progresivos y, sobre todo, el Estado de bienestar.

Lo mismo sucede con las mentalidades socialistas y estatistas. Dentro de ellas los desacuerdos son numerosos y las propuestas variadas, sin faltar choques fuertes de ideas.

Mejor comprensión

Las discusiones políticas pueden ser ahora mejor entendidas al considerar esos dos ejes de libertad y de igualdad que producen tantos desacuerdos.

La gran colisión política se tiene entre las mentes de la libertad y las de la igualdad —sus choques van a la esencia misma de sus ideas básicas, esos dos ejes fundamentalmente distintos.

Un gobierno de corte socialista es muy distinto a uno de corte liberal.

Lo anterior provee a la persona común un marco mental que permite comprender mejor los sucesos políticos de cualquier país y que pueden asignarse a uno de los siguientes tipos de discusión política:

Discusiones por ambición de poder

A esta categoría pertenecen las discusiones y los conflictos entre personas y partidos que buscan llegar al poder —lo que hacen y dicen tiene la motivación central de lograr una posición política.

En una democracia las discusiones por el poder pueden verse con claridad en las campañas electorales y las votaciones. En un sistema no democrático los esfuerzos para llegar al poder siguen otro camino, no el de elecciones, sino el de la toma del poder por medios violentos —como en un golpe de estado.

Discusiones por valor central

A este tipo de desacuerdos políticos quizá pueda llamárseles ideológicos y no persiguen en sí mismas el llegar al poder, sino el proponer y persuadir de las bondades del eje de la libertad o del eje de la igualdad.

Es un choque de ideas, es más profundo y de mayores consecuencias —el que definirá el tipo de gobierno que rija al país y de lo que en mucho dependerá el bienestar de su gente.

Los socialistas discutirán entre sí variaciones del eje de la igualdad. Los liberales discutirán entre si las variaciones de su eje de libertad.

Y los socialistas y los liberales tendrán entre sí la discusión de mayor consecuencia, de la que surgirá el tipo de gobierno que regirá a la nación —alguna variación del eje de la libertad, o una variación del eje de la igualdad.

Esta última es la más grande discusión de la actualidad. El predominio del eje de la libertad dará un mundo muy diferente al mundo del eje de la igualdad.

La condición inevitable

📌 Los desacuerdos políticos producidos por esos dos ejes son usualmente arduas y ásperas por una razón: no es posible mantener a la libertad y a la igualdad con una igual prioridad —debe escogerse a una o a la otra como valor central.

No pueden recibir ambas el mismo pesos político por una razón básica que quizá no haya sido examinada ampliamente:

  • Si la libertad es el valor central, ella producirá desigualdad material.
  • Si la igualdad es el valor central, ella producirá pérdidas de libertad.

Conclusión

Ha sido propuesta la idea de que los desacuerdos políticos tiene como causa central el choque entre dos ejes de pensamiento —el de la libertad contra el de la igualdad.

Esos conflictos son en esencia un choque entre el liberalismo y el igualitarismo —entre quienes toman a la libertad como el mayor valor humano y quienes hacen lo mismo con la igualdad.

Son esos dos grandes valores los que la democracia maneja tratando de equilibrarlos, pero sin lograr igualdad entre ellos pues siempre están en conflicto —por lo que la decisión siempre está presente.

¿Libertad o igualdad?

¿Cuál seleccionar como el valor central? Un pensador muy perspicaz ha escrito:

«La democracia extiende la esfera de la libertad individual, el socialismo la restringe. La democracia atribuye todo valor posible a cada hombre. El socialismo hace de cada hombre un mero agente, un mero número. La democracia y el socialismo no tienen nada en común excepto una palabra: igualdad. Pero nótese la diferencia: mientras la democracia busca la igualdad en la libertad, el socialismo busca la igualdad en la restricción y la servidumbre». A. de Tocqueville. Mi énfasis.

Parafraseando al mismo autor, cuando las personas se apasionan con la igualdad llegan a preferir el ser iguales en la sumisión que desiguales en la libertad.

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Y solo unas cosas más…

Debe verse:

Dimensiones políticas: derecha, izquierda

Otras ideas relacionadas:

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Notas adicionales sobre los desacuerdos políticos y los ejes de libertad e igualdad

Liberales y socialistas, es como si vivieran en mundos diferentes. Claro que el mundo es el mismo, pero ellos lo ven de manera distinta.

Si bien ambos persiguen el mismo objetivo, el logro de prosperidad, los medios para lograrla no podían ser más diferentes.

• Los socialistas son partidarios de una estrategia central, la de la intervención de los gobiernos en la economía para buscar igualdad.

• Los liberales, por su parte, tienen la estrategia opuesta, la de la libertad personal (y, por eso, un gobierno no interventor).

Desacuerdos graves: paradigmas

Para entender mejor la imposibilidad de diálogo entre ellos, quiero referirme a la muy célebre obra de Kuhn — La Estructura de las Revoluciones Científicas y que popularizó, a partir de los años 60, la palabra «paradigma».

Según Kuhn, un paradigma es una serie de logros científicos ampliamente reconocidos y que durante un tiempo ofrecen problemas y soluciones que son modelo a una comunidad de académicos.

Es como una especie de gran teoría que provee una gran explicación en alguna ciencia y plantea problemas a solucionarse —como una explicación global.

El paradigma rige durante un tiempo hasta que gradualmente surge otro que va tomando el lugar del anterior por pensarse que provee una mejor explicación de alguna ciencia.

No es un cambio acumulativo, sino uno que cambia ejes y formas de entender las cosas —y muchas veces surge de las anomalías de un paradigma, las realidades que no puede explicar, pero sí lo puede hacer otro paradigma.

Los ejemplos más obvios son el cambio al sistema heliocéntrico y la transición a las ideas de la relatividad en Física.

Esas son las revoluciones científicas y no una acumulación gradual de más profundos conocimientos, sino transformaciones y reemplazos importantes en la forma de entender algo —lo que niega la idea de que la ciencia es una siempre suave acumulación de descubrimientos.

Durante el tiempo en el que coexisten los dos paradigmas, las discusiones entre sus partidarios son agrias, seguramente no llegando jamás a acuerdos y sucumbiendo uno de ellos por el abandono y muerte de sus partidarios. La realidad a estudiar es la misma, lo que varía es la manera en la que su estudio se enfoca.

Los debates entre paradigmas no pueden resolverse, dice el autor, por medio de pruebas científicas o razonamientos.

Sus partidarios ven las cosas de manera diferente, las entienden de manera distinta, —no usan los mismos significados y si hay convencimiento, ello es más una conversión de fe que un acto racional o científico.

Quizá esto sea lo que sucede en los desacuerdos políticos y sus dos ejes: las posiciones de libertad e igualdad son más paradigmas que opiniones sujetas a pruebas y confirmaciones.

Libertad e igualdad como paradigmas

Quizá sea el liberalismo un paradigma, igual que el socialismo —o mejor dicho, «superparadigmas», más difíciles de ver y que ahora mismo están en un conflicto que comenzó hace siglos con las primeras exaltaciones de la libertad personal.

El socialismo, visto así, no es más que una manifestación nueva de creencias similares muy anteriores, como las del Platón en el siglo 5 a.C. Su eje central es la autoridad, el gobierno, la sabiduría del gobernante, el ordenamiento de la sociedad, el logro posible de la perfección mediante un gran plan universal impuesto desde arriba.

El liberalismo, quizá, no es más que una manifestación nueva de ideas similares, como las planteadas por el Cristianismo. Su eje central es la persona, su libertad y poder de razón, la sabiduría de la gente y su imperfección inevitable, sin planes impuestos, con planes personales.

Claramente el mundo y la realidad son lo mismo para ambos bandos, pero sus formas de entenderlo no pueden ser más distintas.

Por ejemplo, ahora mismo, para el socialista el remedio de la crisis está en la intervención estatal aumentada —en cambio, para un liberal, la solución es la opuesta: retirar al gobierno y dejar que ella sea solucionada por las acciones de las personas.

¿Cómo establecer un diálogo persuasivo entre ellos? Si Kuhn tiene razón, será poco menos que imposible. Lo único que puede esperarse es la desaparición gradual de uno de ellos, en parte por medio de conversiones personales.

El mayor atractivo igualitario

Mi propósito ahora es examinar el atractivo de dos posiciones políticas generales y concluir el claro mayor atractivo general de una de ellas.

• La posición del gobierno igualitario, entendido como un gobierno de amplios poderes que cuida a la población intentando que sus medidas logren su felicidad —especialmente, la atención a quienes tienen recursos escasos (como sea que eso sea definido).

Estos son los gobiernos expandidos, a los que se llama socialistas o de bienestar.

• La posición del gobierno liberal, entendido como un gobierno de poderes mínimos que cuida a las libertades individuales intentando que mediante el esfuerzo las personas logren su propia felicidad —mediante un régimen de derecho e instituciones.

Son en esencia los dos tipos de gobierno que pueden tenerse y que, cada uno, se sustenta en el eje de la libertad o el de la igualdad —y que causa tantos desacuerdos políticos.

Los dos gobiernos

Bajo el gobierno igualitario se crea una esfera protectora gubernamental a la que entra la población bajo la promesa de ser un guardián procurador de la felicidad general —la condición del bienestar personal es aceptar entrar a esa esfera de confort colectivo patrocinada por el gobierno.

Bajo el gobierno liberal, se crean facilidades para que cada persona cree su esfera propia, aquella en la que ella piensa que se producirá su propia felicidad individual —la condición del bienestar personal es la tarea gubernamental de proteger a la persona, a sus libertades y a sus propiedades. Cada persona es la patrocinadora de su propia esfera.

Atractivo mayor del gobierno igualitario

Mi punto: entre esos dos tipos de gobierno, el igualitario es el preferido y más popular.

La razón de su popularidad notablemente mayor es, a mi entender, su capacidad de ser tangible en el corto plazo —los regalos gubernamentales se perciben. Son concretos y palpables en el corto plazo y se presentan siempre como admirables, especialmente en su tendencia hacia la igualdad general.

Esa es precisamente la desventaja del gobierno liberal, el que no tiene esa capacidad de ser percibido de inmediato —no hay regalos gubernamentales, ni tiene resultados de corto plazo. Sus beneficios se verán a largo plazo y requerirán esfuerzo y cuidado.

Es un conflicto que enfrenta a la libertad contra la igualdad, y en el que triunfan las visiones inmediatas de la igualdad, no los beneficios futuros de la libertad —una desventaja notable de los defensores de los gobiernos limitados y las libertades personales.

A lo que me parece haber llegado es al apuntar una razón pesada por la que los defensores de la libertad enfrentan una tarea más ardua que los defensores de gobiernos expandidos: la preferencia por resultados inmediatos relegando los de largo plazo.

Sin considerar resultados de largo y medio plazo, las políticas de gobiernos expandidos, fijados en políticas igualitarias, muy difícilmente podrán ser culpados de los malos resultados que ellos a la larga produzcan —se desasociarán de todo suceso a plazo más largo que el inmediato.

Los defensores de la libertad, desde esa posición de desventaja inicial, deben convencer acerca de las bondades de largo plazo del estado mínimo y de la conveniencia presente del trabajo y del esfuerzo personal —una perspectiva que choca contra expectativas de corto plazo a las que los ciudadanos están acostumbrados.

Termino con una idea de A. de Tocqueville: las repúblicas se mantendrán «hasta el día que su Congreso descubra que puede sobornar a la gente con el dinero de la gente».