Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mano Invisible: Significado
Eduardo García Gaspar
10 mayo 2013
Sección: ECONOMIA, LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La frase es de las más conocidas. Objeto de burla, a veces, suele las más ser sujeta de admiración.

Su autor es Adam Smith (1723-1790), el supuesto fundador de la Economía (con lo que muchos estarán en desacuerdo).

El original en inglés dice así:

“It is not from the benevolence of the butcher, the brewer, or the baker, that we expect our dinner, but from their regard to their own interest”.

Es decir, “No es por la benevolencia del carnicero, ni la del cervecero, ni la del panadero, que llega a nosotros nuestra comida, sino por la atención a su propio interés”.

La idea es al menos llamativa: nuestra cena de hoy por la noche llega a nuestra mesa no porque los fabricantes de queso, embutidos y vino sean caritativos; llega porque ellos están buscando su propio bienestar.

En otra parte, dice algo similar. Razona que el empresario, buscando su propio bien, sólo trata de lograr eso, sin darse cuenta que también promueve el interés y el beneficio de otros.

Buscando su bien personal logra el de la sociedad, y lo logra mejor que si intentara hacerlo directamente. Lo mismo dice del consumo del rico, que sin quererlo tampoco, promueve el interés de la sociedad.

En resumen, es un fenómeno de consecuencias no intencionales.

Usted busca su propio bienestar y si lo hace bajo ciertas circunstancias, logrará algo que ni siquiera se imagina, el bienestar de otros que quizá usted ni siquiera conoce.

Vayamos al panadero que quiere mejorar su vida y no piensa en nada más y sólo puede lograrlo haciendo que su pan llegue a la mesa de usted y eso beneficia al panadero, pero también a usted.

No qué piensen otros, pero creo que es una idea revolucionaria.

Veámosla más de cerca con dos personajes, el carnicero y su cliente. Ambos están interesados sólo en mejorar su situación individual. Al cliente le interesa comer carne y al carnicero vender carne.

Ninguno de los dos se conoce, ni tienen intención de ayudarse mutuamente. Y sin embargo, lo hacen.

El proceso es maravilloso por una razón: el egoísmo de cada uno se ha transformado en una causa del beneficio ajeno. Sin más interés que el bienestar propio, sin quererlo, se produce un aumento en el bienestar del otro.

El individualismo que ni siquiera hace pensar en los demás, ha logrado ayudarles, más que si se tuviera la intención de hacerlo directamente.

Otro escrito, B. Mandeville (1670-1733), varios años antes, hizo ver esto con varios ejemplos extremos.

Por ejemplo, el vicio por el juego, la bebida, o el lujo, que mueve a algunos a conductas reprobables, logra sin embargo dar empleo a personas que fabrican productos que satisfacen esos vicios. Curiosa paradoja de beneficios logrados sin intención consciente.

Para que funcione todo, se requieren ciertas condiciones, las de un mercado libre.

Esto significa un cierto orden impuesto por una sana intervención gubernamental, para hacer respetar contratos, aplicar leyes, castigar engaños, tener sistemas de pesos y medidas. También un orden que evita la intervención gubernamental innecesaria que impida la libertad económica y la iniciativa personal.

En lo general, es lo que de llama “mano invisible”.

Su definición es ésa, la de un proceso que hace que las personas se beneficien unas a otras, sin quererlo cuando ellas sólo buscan su bienestar personal y nada más que eso.

La noción de “mano invisible”, además, supone que eso sólo puede lograrse bajo un sistema que dé libertad a las personas. Quite usted esa libertad, y el beneficio inconsciente a otros desaparece.

Esto es lo que nos lleva a F. Bastiat (1801-1850), varios años después de Smith. Su idea es directa: la libertad doma al egoísmo; sin libertad, el egoísmo se desboca y se vuelve dañino, con libertad se subyuga y tiene efectos positivos.

En otras palabras, si se limita la competencia económica, desaparece el mercado libre, y el egoísmo ya no tiene riendas que lo dominen. Otra idea revolucionaria.

Finalmente, las repercusiones morales de lo anterior.

La más obvia de ellas es que la libertad es en sí misma buena: un mercado de personas libres domina más y mejor al egoísmo. No lo anula, ni lo desaparece, sólo le pone riendas y lo sublima haciendo que beneficie sin quererlo a otros.

Y en términos cristianos, hay algo sorprendente. La libertad dada por Dios a las personas tiene efectos positivos al servir como yugo al egoísmo de nuestra imperfección. No está mal, nada mal.

Y no dejará de causar admiración a muchos cristianos el que la libertad económica ayude a otros, sin duda más que el intervencionismo estatal.

Post Scriptum

En su definición más tradicional, la mano invisible se muestra como una expresión que ayuda a entender una peculiaridad poco reconocida de los mercados libres, su capacidad para regularse por sí mismos, de manera espontánea aún por encima de la voluntad expresa de quienes lo forman. Las personas, con el sólo motivo de buscar su beneficio personal logran beneficiar a otros sin buscarlo intencionalmente.

Para más de la idea de Smith, véase El Panadero y su Caridad. Para la idea de Bastiat, véase Beneficiosa Competencia. Para la idea de Mandeville, véase Vicios y Bondades.

 

 

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