Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más no es Mejor
Leonardo Girondella Mora
5 marzo 2013
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Es común la meta política de crear y defender empleos sin importar nada más que el número de ellos —una de las bases de demasiados gobernantes.

La idea, llevada a su extremo absurdo justificaría la adición de plazas de trabajo con cualquier pretexto —como F. Bastiat (1801-1850) lo apuntó: amarrar la mano derecha a todo trabajador, de manera que tuviera que usar la izquierda y necesitara la ayuda de otro, cuyo empleo sería creado.

Es una locura, pero se intentó de otra manera en Francia —se redujeron las horas semanales trabajadas con la esperanza de que se contratara más personal y aumentara el número de empleos.

En otra historia, se cuenta de diversas maneras que si se quiere crear empleo en grandes cantidades bastaría con sustituir máquinas, como las excavadoras, y dar cucharas a los obreros.

Se relaciona esto con la idea de los retornos decrecientes, todo un principio económico que apunta en general a que la adición de un recurso productivo tiene resultados variables —en un inicio la producción crece, pero llega un punto en el que más de ese recurso disminuye proporcionalmente los resultados logrados.

Usando el ejemplo de los trabajadores en una planta productora —el primer trabajador dará resultados, la adición del segundo dará aún mejores resultados, igual que la adición del cuarto trabajador, del quinto y así hasta que llega un punto en el que el nuevo trabajador da resultados menores que los del anterior. Retornos decrecientes.

Intuitivamente no es fácil de aceptar la idea y se nota en la obsesión del gobernante con crear empleos por el medio que sea —sin embargo, la experiencia muestra otra cosa algo más complicada pero comprensible. Y lleva a algo que es neurálgico: la clave de la creación de empleos está en la productividad de quien los ocupa.

Es por esto que una política de creación de empleo por medios directos gubernamentales tiende al fracaso —porque supone que la meta se logra por medios directos, como el acortar la jornada de trabajo, o usar palas en lugar de máquinas.

Los empleos se logran por medio de la inversión, la creación y acumulación de capital, que es lo que eleva la productividad de todos los que trabajan.

Tiene relación lo anterior con la paradoja de los brillantes y el agua: los brillantes tienen precios mayores a los del agua, pero el agua es necesaria para vivir y los brillantes no. Curiosa situación que tiene su explicación en una idea parecida a la anterior.

Añadir una unidad más de un bien a lo que ya se posee eleva el valor de la posesión de ese bien hasta un punto en el que el valor añadido disminuye con respecto al anterior y así sucesivamente. Por eso el agua tiene un precio menor porque hay mucha de ella —y brillantes mucho menos, igual que oro.

Intuitivamente no es sencillo responder a esta paradoja —hasta que no se refinan las ideas con la noción de la utilidad marginal que tiene la última de las adiciones del recurso usado.

Los trabajadores iniciales tendrán darán gran utilidad, igual que el gerente general, pero añadir más trabajadores y gerentes generales producirá resultados decrecientes, incluso negativos.

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Recordé el concepto de retornos decrecientes, de productividad decreciente, de utilidad marginal para ayudar a corregir la idea simple que poseen los gobernantes —la de que tener más y más de todo es bueno. No necesariamente lo es.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema general en ContraPeso.info: Economía, una serie de columnas que tratan conceptos de esa ciencia. También en ContraPeso.info: Empleo.

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