Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Materialismo, Una Conclusión
Leonardo Girondella Mora
2 agosto 2013
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Es una costumbre establecida hablar mal del consumismo —ese hábito que coloca a la felicidad de las personas en sus adquisiciones de bienes y servicios. La persona consumista establece su felicidad máxima en la compra de mercancías y servicios, especialmente los conspicuos.

Considerar negativo al consumismo tiene su fundamento en pensar de la misma manera sobre el materialismo —que en este sentido es el creer que sólo existe lo físico y material, y nada más que eso. La persona materialista da valor sólo a cosas materiales, por ejemplo, a su dinero y a sus posesiones.

La idea de consumismo y la de materialismo están muy ligadas en su común denominador —que es una creencia orientada a que sólo lo material puede tener valor y que eso define a la persona. De ambas se habla negativamente.

De la reprobación de esas nociones puede concluirse que se rechaza la idea de un ser humano solamente material y nada más que material —lo que lleva a la idea de que el ser humano tiene otras dimensiones adicionales y que no son materiales; que no pueden ser satisfechas con bienes materiales.

Esas dimensiones adicionales usan palabras diversas para ilustrarse: espiritualidad, intelecto, necesidad de belleza, satisfacciones mentales, mundo sobrenatural — y todas ellas muestran facetas humanas que no son materiales y que, además, son consideradas más elevadas.

Una frase de Alexis de Tocqueville (1805-1859) trata el tema: “El materialismo es en todas las naciones una enfermedad peligrosa del espíritu humano”. El autor asigna un significado al materialismo: “… esas malignas teorías que tienden a hacer creer que todo perece con el cuerpo…”

La resolución de lo anterior es posible ya de entrever sin gran complicación: hay en los humanos dimensiones o facetas que no son materiales y que son superiores a lo material. La satisfacción de una mención honorífica en los estudios muestra ese tipo de dimensión espiritual o no material.

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Puede expresarse lo anterior en la existencia de dos elementos en la persona humana:

• Un componente material —necesario e indispensable para la subsistencia. Es un elemento de satisfacciones y gozos materiales que no son malos en sí mismos.

Es obvia, por ejemplo, la necesidad de agua para mantener la vida —aunque se critique a quienes se dan lujos como beber agua embotellada Evian. No veo razón en esta crítica pues el acto mismo de beber, por ejemplo, una botella de Taittinger no es moralmente reprobable en sí mismo.

Lo que hace reprobable al elemento material humano es lo que proviene de creer que es ése el único elemento —lo que sí suele llevar al exceso de creer que el pleno de la felicidad está en satisfacer las necesidades físicas con bienes cada vez más refinados. Entonces sí, beber Taittinger o Evian sería criticable.

• Un componente no material —y por tanto, no sujeto a ser satisfecho directamente con un bien material. Los nombres que recibe este componente no material se refieren a aspectos intelectuales, mentales, sobrenaturales.

Llevan a la valoración de la belleza encontrada en una escultura, a la apreciación de un poema —a la realización de actos heroicos, a la satisfacción que se siente al saber más; a las creencias religiosas.

Ver esos dos componentes del ser humano —si bien sólo esbozados— si no se piensa mucho, lleva al desprecio de lo material, a la crítica indiscriminada del consumismo. Esto es un error.

Los goces materiales en sí mismos no son contrarios a la naturaleza humana, al contrario —es decir, no puede acusarse de reprobable la búsqueda de satisfacciones materiales. Los seres humanos son también materiales.

Lo que sí es reprobable es el creer que la satisfacción entera del ser humano se encuentra en el consumo de lo material —una actitud que lleva a basar la felicidad en, por ejemplo, vestir la última creación de Prada, o de Levi’s.

Igualmente, sería una posición incorrecta el desprecio a lo material, creyendo que el ser humano es solamente espiritual —incluso entre quienes viven como voto en pobreza, ellos dan ayuda material en sus obras de caridad.

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Aceptando la existencia de ambos componentes en el ser humano será posible refinar las opiniones sobre el consumo, el consumismo, el materialismo y la espiritualidad —haciendo reprobables los juicios rápidos que en todo consumo ven consumismo o materialismo.

El ser humano debe satisfacer necesidades de ambos componentes —y los errores se cometen cuando uno de ellos se ignora.

En cuanto a cuál componente es superior —no tengo la menor duda de que es el componente no material, que es lo que distingue al ser humano. Todo chimpancé tiene necesidad de alimento y de agua, igual que el ser humano, pero éste se diferencia por su necesidad de lo que no es material —lo invisible, intangible, abstracto y sobrenatural.

Addendum

Mi intención, en este texto, fue mostrar que en la reprobación de un fenómeno como el consumismo se encuentran dosis de ideas que llevan necesariamente a la reprobación de “creer que todo perece con el cuerpo”.

Nota del Editor

La columna de Girondella me recordó al marxista que se quejaba de la compra de televisores caros por parte de gente de bajos ingresos. ¡Pero si eso es precisamente lo que pregona el marxismo! Si no existe nada más que lo material, según Marx, es perfectamente lógico creer que un televisor dará la felicidad plena.

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