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Memorándum A Hollywood
Selección de ContraPeso.info
22 julio 2013
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Jonathan Witt. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. El título original de la columna es “Memo to Tinseltown”.

Iron Man 3 y El Llanero Solitario son películas recientes de Hollywood —en otras palabras, proyectos capitalistas mayores— que muestran uno de los estereotipos favoritos de Hollywood: el malvado capitalista.

En Iron Man 3, (trama revelado) el archimalvado resulta ser un villano tecno-capitalista, no el terrorista de Oriente Medio. Y en El Llanero Solitario, el villano capitalista se comporta como un capitán promedio de industria: aniquila a una tribu india por su plata y, como parte de una adquisición hostil, a sangre fría le dispara a un hombre de negocios.

Usted sabe, un día como cualquier otro en las oficina de las corporaciones en EEUU.

Este estereotipo de los medios de comunicación es tan persistente, tan unilateral y tan engañoso, como para hacer necesaria una definición ampliada del capitalismo. Primero un poco de limpieza rápida.

Sí, hay codiciosos y malvados capitalistas —lo mismo que hay ávidos y malvados músicos, ávidos y malvados arquitectos paisajistas, ávidos y malvados manicuristas, etcétera, etcétera, hasta el infinito, al igual que hay gente buena en cada una de estas profesiones.

Ahora, sobre lo que el capitalismo es y no es.

El capitalismo es un sistema económico caracterizado por la propiedad privada de las empresas (en lugar de propiedad estatal), un sistema en el que las inversiones están determinadas por decisiones privadas, y donde los precios, la producción y la distribución de bienes y servicios son determinados principalmente por las elecciones libres en un mercado libre supervisado por un Estado de Derecho y derechos estables de propiedad.

En términos culturales, la mayoría de nosotros somos lo que podríamos llamar capitalistas funcionales. Por lo menos, cuando no estamos luchando con abstracciones teóricas, compramos, vendemos, comerciamos, invertimos, donamos, y preferimos hacerlo libremente que bajo los dictados de uno o más burócratas del gobierno.

El capitalismo generalizado surgió primero en el Occidente cristiano, a partir de las ciudades-estado del norte de la Italia medieval y se extendió desde allí por toda Europa, teniendo particularmente fuertes raíces entre holandeses e ingleses. El cristianismo no implica ningún sistema económico en particular y el capitalismo tampoco requiere una cultura cristiana.

Al mismo tiempo, sin embargo, tanto los historiadores cristianos como no cristianos han explicado el origen del capitalismo en el Occidente cristianizado señalando el compromiso de la tradición judeo-cristiana con los derechos de propiedad y la moral trascendente, con su idea de los seres humanos como administradores creativos hechos a la imagen de un Dios racional, creativo, y con su visión de la historia, que es lineal y con visión de futuro, no circular y fatalista.

El capitalismo es distinto de la propiedad estatal de los medios de producción (socialismo), y de la anarquía de una selva sin ley. El capitalismo deja así espacio para las leyes que protegen a las personas de lo que los economistas llaman externalidades negativas (por ejemplo, vertimiento de desechos tóxicos) y está, por definición, caracterizado por leyes contra cosas como robo, fraude y violencia.

El capitalismo también puede distinguirse de otro sistema económico que a veces se confunde: el amiguismo del gobierno corporativista (government-corporate cronyism). Las economías corporativistas, en el que los ricos y bien conectados son los únicos que disfrutan de verdadera libertad económica, tienden a estancarse, dejando a los pobres atrapados en la pobreza.

Por el contrario, las economías capitalistas marcadas por los derechos de propiedad, el estado de derecho y la libertad de asociación y de intercambio para ricos y pobres por igual, tienden a avanzar económicamente.

Esta tendencia de las economías capitalistas a crecer lleva a una paradoja: la brecha de ingresos en las economías capitalistas maduras tiende a ser mayor en términos absolutos (por ejemplo, la diferencia de ingresos entre el desarrollador multimillonario de software y el mesero que lo atiende); y sin embargo, el nivel de vida de los grupos de ingresos más bajos en esas economías tiende a ser más alto que incluso la clase media en las economías no capitalistas. Los ricos se hacen más ricos y los pobres pueden tener más televisores y teléfonos inteligentes.

El capitalismo se confunde a menudo con el consumismo, ya que funciona muy bien en la producción de bienes; pero el consumismo es en realidad la antítesis del capitalismo en el largo plazo, ya que las culturas consumistas carecen de las virtudes del ahorro y el pensamiento a largo plazo que son esenciales para un capitalismo sano.

Las economías capitalistas necesitan capital y empresa, y por lo tanto requieren una medida de disciplina, ahorro, valor e inversión entre sus ciudadanos. Es cierto que el capitalismo puede y en realidad canaliza la avaricia a actividades de beneficio social —por ejemplo, el propietario de la empresa que, ocupándose sólo de dinero, se esfuerza por servir a sus clientes con el fin de aumentar las ventas y ganar más dinero.

Sin embargo, la codicia no es necesaria para la empresa capitalista, ya que los empresarios pueden estar motivados por otras cosas, como una pasión por crear algo nuevo, o por un deseo sano para mantener a sus familias y contribuir a las comunidades que los nutren.

Es algo gracioso que el término “capitalismo” haya sido realmente popularizado por el teórico político socialista Friedrich Engels para llamar la atención sobre el papel que en las economías libres desempeña la propiedad de los medios de producción en la creación de algunas oportunidades para la clase propietaria pero no para otros.

Sin embargo, la historia de las economías verdaderamente libres en realidad ha sido la de los trabajadores desplazándose hacia la clase propietaria a un ritmo sin precedentes.

El capital es un componente importante en el sistema de la libre empresa, pero el materialismo filosófico de Karl Marx y Friedrich Engels parece haberlos llevado a exagerar su papel en la creación de riqueza.

Por lo tanto, muchos economistas contemporáneos prefieren en cambio hablar de la “economía libre” o el “sistema de libre empresa”, ya que estos términos ponen el foco en la fuente animada de la creación de riqueza en las economías capitalistas —la empresa de creación de riqueza de los empresarios que buscan mejores, nuevas y creativas formas de ofrecer bienes y servicios en un mercado de compradores y vendedores libres.

En cuanto al compañero del Llanero Solitario y los nativos americanos de los que es un representante, el gran pecado de EEUU contra ellos no fue que no se les ofreciera el capitalismo. Fue que en su lugar se les hizo sujetos al enervante socialismo del sistema de reservaciones.

Hay mucho más en esa historia compleja y trágica, por supuesto, pero parte de su comprensión es entender la esencia de la libre empresa —eso que se conoce de otra manera con la palabra más sucia en Hollywood: capitalismo.

Nota del Editor

La traducción del articulo original Memo to Tinseltown, publicado por el Acton Institute, el 17 de julio de 3013, y por The American Spectator el 16 de julio de 2013, es de ContraPeso.

El mérito de Jonathan Witt en esta columna es tomar un par de ejemplos recientes que ilustran la simpleza del mundo del cine, donde las historias necesitan de personajes sencillos y los clisés son abundantes. El archivillano malvado capitalista es un favorito de todos los tiempos y la terquedad de su uso produce ideas desatinadas.

Quizá la principal de ellas es la asociación esencial de la avaricia o codicia con el capitalismo, cuando en realidad los vicios y las virtudes humanas se tienen en toda circunstancia y lugar. No pueden desaparecer ni aparecer mágicamente con el uso de un nuevo sistema económico.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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