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Moral de Los Miserables
Selección de ContraPeso.info
17 enero 2013
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Jordan Ballor. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es examinar una parte de la novela/película, para concluir que “las obligaciones de orden moral caen igualmente sobre todos los seres humanos”, sin importar “nuestra riqueza, poder, o fama”.

El título original de la columna es “The Mundane Morality of Les Misérables”.

El lanzamiento de la película Les Misérables es un logro notable, no sólo por su cinematografía ambiciosa, también por su elenco iluminado y sorprendentes representaciones dramáticas y musicales.

Un factor clave de la creciente popularidad de la obra musical de teatro a lo largo de la mayor parte de las últimas tres décadas es la profundidad moral y la seriedad espiritual de su materia.

La narración se centra en gran parte en la transformación de Jean Valjean, que después de diecinueve años de trabajos forzados como un criminal violento es puesto en libertad condicional para ver “lo que este nuevo mundo” podría traer.

La dinámica del pecado y la salvación, de la desesperación y la esperanza, del legalismo rígido y la gracia del Evangelio, resuenan en los públicos, todos capaces de encontrar en esta historia algo de sí mismos y sus propias experiencias. Este relato es un ejercicio de la imaginación moral en su máxima expresión.

Hay una serie de transiciones críticas en la trama que llevan a la acción en direcciones interesantes. Un episodio en particular es digno de un examen más detenido, ya que ilustra lo que podríamos llamar la moral mundana de Les Misérables.

Encontramos que las obligaciones de orden moral caen igualmente sobre todos los seres humanos; independientemente de nuestra riqueza, poder, o fama, somos todos agentes morales responsables de nuestros actos ante Dios y ante los demás.

Después de su libertad condicional, Valjean se enfrenta a una vida acechada por su pasado, habiendo sido marcado como criminal violento, incapaz de encontrar trabajo. Como un trabajador lo explica, “Usted rompió la ley. Está ahí para que la gente vea. ¿Por qué debe usted lograr lo mismo que los hombres de bien como yo?”

Impulsado por la necesidad de empezar de nuevo, finalmente Valjean rompe su libertad condicional, y bajo un nombre falso, Monsieur Madeleine, comienza una nueva vida. Inspirado por el ejemplo de amor dado por el obispo de Digne, cuya caridad hizo posible la transformación de Valjean, él logra una posición prominente en Montreuil-sur-Mer, llegando a ser alcalde de la ciudad y el propietario de una fábrica.

Es en este punto cuando reaparece el pasado, con el Inspector Javert, quien persigue con pasión al criminal Valjean, y comienza a sospechar de Monsieur Madeleine por su parecido con el convicto. Sus dudas parecen sin fundamento, sin embargo, mientras tanto otro hombre ha sido detenido como Valjean y enfrenta a un juicio por violación de su libertad condicional.

Cuando Valjean se entera de que alguien está acusado en su lugar, se enfrenta a un dilema moral que funciona como uno de los puntos críticos de inflexión en la historia.

Como Valjean lo expone, “Ese extraño que él ha encontrado, este hombre podría ser mi oportunidad!” Todo lo que Valjean necesita hacer es “quedarse callado” y su pasado será enterrado para siempre.

Pero si él habla para corregir el caso de identidad equivocada, la nueva vida que ha construido será destruida y se verá forzado a enfrentar a la pena por violar su libertad condicional. En realidad, hay buenas razones más allá de la mera conservación del propio Valjean al dejar que “este inocente que lleva mi cara” llegue “al juicio en mi lugar.”

Después de todo, piensa Valjean, él está ahora en una posición de cierta autoridad y responsabilidad como alcalde y dueño de un negocio. “Yo soy el amo de cientos de trabajadores. Todos me miran”, piensa,”¿Cómo puedo abandonarlos? ¿Cómo podrían vivir si no soy libre?”

Claramente la elección Valjean tendrá consecuencias que afectan a otros, incluyendo a sus trabajadores, así como a la sufrida Fantine, y a Cosette pronta a convertirse en huérfana.

Valjean no se equivoca al considerar tales efectos, ya que sus obligaciones para con los demás son en verdad moralmente relevantes. La dinámica de nuestras responsabilidades sociales se refleja en la doctrina cristiana de la vocación, la que contempla a cada uno de nosotros en una posición única por parte de Dios en una compleja red de relaciones con variada significación moral.

Como Gustaf Wingren resumió la enseñanza luterana, la vocación equivale a un lugar de responsabilidad ante Dios y ante los demás.

“En el reino terrenal del hombre siempre está en relatione, siempre ligado a otro”, escribe Wingren, “De esto es claro que todo cristiano ocupa una gran diversidad de oficios al mismo tiempo, no sólo uno: el hombre mismo es, por ejemplo, el padre de sus hijos, el marido de su esposa, amo de sus siervos, y quien ocupa un puesto en el Ayuntamiento”.

Es en la variada complejidad de estas relaciones, sin embargo, surge el peligro de auto-justificación. Es demasiado fácil para nosotros exagerar la singularidad de nuestras responsabilidades y nuestras relaciones en la medida en la que minimizamos nuestro objetivo y nuestras obligaciones morales universales.

Después de todo, si yo soy el único que se coloca como “amo de cientos de trabajadores” y alcalde “titular en el ayuntamiento”, como en el caso de Valjean, tal vez no sea aplicable la obligación moral fundamental de no permitir que otro sea castigado injustamente por delitos que no ha cometido.

O en el caso de los ejecutivos de negocios, tal vez su responsabilidad hacia el bienestar de sus familias, sus accionistas y sus empleados justifique algunas prácticas ilícitas o de otro modo, prácticas de ética dudosa. O en el caso de los políticos, tal vez la responsabilidad ante sus electores significa que los principios básicos de honestidad y trato justo, ya no se apliquen.

Es precisamente en este punto que la moralidad mundana de Les Misérables brilla, con el avance moral de Valjean quien reconoce su responsabilidad para que aclarar y “corregir este mal” de identidad equivocada.

Es tentador pensar que a veces las reglas básicas de la moralidad no se aplican a nosotros, que estamos de alguna manera por encima o más allá de la ley. Pero la realidad es que no hay moralidad especial para aquellos que ejercen una mayor responsabilidad, ya sea en contextos familiares, económicos, eclesiásticos o políticos.

Es verdad que a menudo existe en estos casos una mayor complejidad moral, pero no hay ninguna dispensa de las mundanas obligaciones morales para aquellos en posiciones de autoridad. El que Valjean reconozca este hecho representa una de las ideas poderosas de Les Misérables, y es una lección que debe recordarse siempre de nuevo, sobre todo por aquellos tentados por el ejercicio del poder y autoridad para excusarse de las obligaciones mundanas del orden moral.

Nota del Editor

J. Ballor expone su idea con una claridad absoluta.

“Es tentador pensar que a veces las reglas básicas de la moralidad no se aplican a nosotros… la realidad es que no hay moralidad especial para aquellos que ejercen una mayor responsabilidad… no hay ninguna dispensa de las mundanas obligaciones morales para aquellos en posiciones de autoridad”.

La regla es directa: ninguna posición personal puede usarse como una dispensa que otorgue una justificación de excepción al orden moral.

Hay más ideas del autor en ContraPeso.info: Jordan Ballor. En otras columnas ha tratado temas asociados con películas, como en Comunidad Contagiosa y en Juegos de Hambre, la Película.

Toda la colección de columnas que tratan el tema general están en ContraPeso.info: Ética.

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