Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mutación Sindical
Eduardo García Gaspar
17 septiembre 2013
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es como una película de terror. No, mejor, es como una novela.

Una ya escrita en 1818, firmada por Mary Shelly, la esposa del poeta (Shelly, por supuesto). Su subtítulo es El Moderno Prometeo.

Narra la creación de una criatura atroz y macabra. Su creador, un doctor desquiciado, Víctor Frankenstein.

Vayamos de regreso al presente, a una noticia hace una semana, que es una muestra diaria de los actos de ese sindicato de maestros:

“Maestros de la CNTE van ahora por casetas de peaje. Tomaron ya la de la autopista México-Puebla, donde dejan pasar libremente los vehículos; se prevé que hagan lo mismo en las de Cuernavaca y Toluca” (Excélsior, 9 septiembre 2013).

No es la primera vez que sucede, no es el único sitio del mundo donde pasa. Las circunstancias puede ser diferentes, pero la esencia es la misma.

Y esa esencia es la que recuerda la creación del Doctor Frankenstein. Vayamos a la esencia misma de la situación, que es universal. Dejemos los detalles a un lado.

Estamos en presencia de una transformación. Una metamorfosis de una organización muy conocida por todos, los sindicatos.

La mutación sindical, aunque es clara, no ha sido anotada explícitamente con la frecuencia que debiera.

En su sentido original, un sindicato es una agrupación. La agrupación reúne a trabajadores, generalmente de una industria, que los representa en los tratos y negociaciones con sus empleadores. Tiene un fin claro, el que suele expresarse como “la defensa de los intereses económicos y laborales” de los trabajadores sindicalizados.

El clímax de esa defensa está contenido el la frase de “conquistas laborales”. Son la serie de concesiones, privilegios, avances, que obtiene el sindicato en favor de sus afiliados.

Todos lo entendemos. Son cosas como aumentos de salario, disminución de tiempo de trabajo, elevación de pensiones, evitar despidos y similares.

Esa es la concepción original de un sindicato, la de defensa de intereses obreros y, más aún, obtención de conquistas laborales. No es del todo malo, aunque tiende a crear ambientes de hostilidad. En fin, esa es su justificación y razón de ser.

Mi punto, es que esa noción original de un sindicato ha sido transformada en otra naturaleza muy distinta. Me explico.

Tomemos el caso de los maestros y aceptemos que ellos tienen una función laboral, la de dar clases, educar alumnos, instruirlos. Esa es su naturaleza profesional, como la de los mineros es trabajar en minas.

El punto que creo que bien vale una segunda opinión es que los maestros han dejado de ser maestros, su trabajo ya no es dar clases, ni educar alumnos, sino que han empezado a trabajar en otra profesión muy distinta, la de ser agentes de presión para obtener ingresos crecientes.

Esta es la mutación sindical a la que me refiero.

Los maestros, al menos los que protestan en las calles, no son ya maestros ni profesores. Han cambiado de oficio y profesión. Son ahora protestantes profesionales, o mejor dicho, agentes de chantaje y amenazas.

Su objetivo no es ya dar clases, y hacerlo bien, sino ser miembros de una tropa dispuesta a marchar en busca de privilegios propios, sin importar el costo a terceros.

Este tipo de mutación sindical es propia de sindicatos ligados a los gobiernos. No podrían ejercer su chantaje en casos de empresas particulares con la misma intensidad. Las empresas quebrarían después de cierto nivel de presión. En cambio, con los gobiernos no hay ese límite.

Los gobiernos manejan tal cantidad de recursos que es posible tener demandas laborales prácticamente ilimitadas. Los gobiernos no pueden cerrar como las empresas.

Consecuentemente, la mutación sindical es propia de los sindicatos gubernamentales que son enormes y usan a sus miembros en esa nueva profesión de tropa de ataque y protesta.

Lo interesante es que fue el gobierno mismo el que actuó como el Doctor Frankestein, el que que creó al monstruo creyendo que podía controlarlo.

Tenían entre sí una relación simbiótica. El sindicato le daba votos y apoyo político al gobierno, el gobierno correspondía con privilegios laborales imposibles de conceder en empresas.

Era cuestión de tiempo que algunos de ellos se rebelaran contra su creador. Lo mismo que hizo el monstruo, y mutara adoptando otro oficio, el de tropas de chantaje. Son ahora una variante del crimen organizado, con objetivos no diferentes al cobro por protección.

Post Scriptum

No es sorpresa alguna que, por ejemplo, los sindicatos mutantes se nieguen a evaluar a sus miembros. Tampoco que resistan con violencia medidas que alteren su modo de vida.

Lo de cambiar de profesión es más que una metáfora, es cierto. “… decenas de miles de ‘maestros’ en nóminas escolares en realidad trabajan como actiivistas sindicales profesionales…” (M. A. O’Grady, WSJ, 8 septiembre 2013)

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