Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Narrativa del Bienestar
Leonardo Girondella Mora
6 mayo 2013
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en:


La justificación del Estado de Bienestar suele ser realizada usando una narrativa con dos componentes más o menos claros —los que me propongo explorar en lo que sigue, comenzando con la narrativa misma.

Quienes defienden al Estado de Bienestar exponen su fundamento en dos elementos claros —el primero de ellos:

El Estado de Bienestar toma sobre sí la responsabilidad de la felicidad de los ciudadanos, desde su nacimiento hasta su muerte, respetando sus derechos a la vida digna, la educación, la salud y otros reclamos sociales que persiguen elevar su calidad de vida. El Estado de Bienestar no limita derechos, ni cancela libertades, sino que disminuye las desigualdades materiales.

El segundo elemento de la narrativa en pro del Estado de Bienestar es un ataque a la alternativa opuesta, la de un sistema político-económico liberal o de libre mercado —lo que se expone así:

El sistema liberal favorece la concentración del poder económica en monopolios que explotan a trabajadores y consumidores, produciendo gran inequidad material y crea segmentos de pobres que viven en condiciones miserables, mientras que otros tienen riqueza en abundancia.

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Mi propósito en esta columna es explorar solamente el segundo componente, el del ataque al sistema de economía liberal —el conocido generalmente como Capitalismo.

La ofensiva contra el Capitalismo contiene un elemento siempre presente en esa narrativa y que es la acusación de la formación de monopolios con poder económico grande —con la suficiente fuerza como para elevar precios a su antojo y pagar salarios muy bajos.

La acusación de formar monopolios es llamativa porque quienes defendemos al Capitalismo lo hacemos precisamente porque evita los monopolios.

Nada hay más odioso para un proponente de la libertad económica que la existencia de monopolios —lo que explica la crítica constante a Pemex, un monopolio estatal protegido por la misma constitución mexicana.

Este es un error de fondo producido por el desconocimiento de objeto al que se critica —ningún defensor del Capitalismo es un defensor de monopolios, al contrario, lo que enfatiza es la competencia libre. A la competencia libre se le adjudican beneficios, como la reducción de precios y la elevación de la calidad de bienes y servicios.

Quizá sea que quien defiende al Estado de Bienestar sufra una confusión de nociones —por ejemplo, puede confundir al Capitalismo con el corporativismo, o con el mercantilismo, los que sí suelen producir monopolios o concentraciones económicas excedidas, como empresas protegidas, o sindicatos con privilegios.

La aseveración de que el Capitalismo produce inequidad material necesita ser más específica. Si se cree que distribuye injustamente la riqueza, la aseveración es inexacta, porque el libre mercado no tiene en su sistema una función distribuidora —toda su base es el intercambio de bienes y servicios.

Pero si se cree que el libre mercado produce ingresos desiguales, la aseveración es completamente cierta. Dentro del Capitalismo las personas reciben ingresos diferentes dependiendo de su esfuerzo, trabajo, preparación, riesgo aceptado, creatividad, inversión y demás.

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Termino con la ofensiva de los proponentes del Estado de Bienestar, la que dice que el Capitalismo crea pobres cada vez más pobres y ricos cada vez más ricos —una aseveración que tiene su origen en la vieja idea de la concentración de la riqueza con empresas cada vez más grandes y monopólicas.

Ya que no existe una función distributiva en el mercado libre resulta difícil explicar cómo se crea esa concentración de riqueza que es dada a unos y retirada de otros —a menos que se acepte la noción de la explotación del obrero por ser creado único de valor.

La idea de la concentración de empresas, propuesta en el siglo 19, hubiera hecho pronosticar que las empresas existentes en ese tiempo seguirían vivas hoy en día, más poderosas y grandes y que ninguna otra nueva empresa surgiría —un pronóstico equivocado de cabo a rabo.

En realidad, la concentración de la riqueza es más probable en un sistema de Estado de Bienestar, porque en él la riqueza retirada a todos se acumula en el gobierno, el que une a su poder político el económico y entonces sí existe una función redistributiva real que impide creación de riqueza y sí crea pobreza.

Para terminar, es más o menos sencillo examinar el desarrollo en el tiempo de los países, digamos en un período de 100 0 200 años y examinar los sistemas económicos que se aplicaron para producir desarrollo —donde creo que se muestra una dirección clara: la libertad económica produce desarrollo y disminuye la pobreza.

Nota del Editor

Hay más ideas en ContraPeso.info: Estado de Bienestar.

En lo personal, lo que más preocupante del Estado de Bienestar es la creación de hábitos de dependencia en las personas, que se acostumbran a subordinarse a la autoridad que les distribuye bienes y servicios. De ciudadanos así será difícil esperar trabajo y esfuerzo que no sea dedicado a reclamar socorros gubernamentales. El sistema es insostenible.

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