Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Narrativa Distributiva
Leonardo Girondella Mora
8 marzo 2013
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en:


Los apoyos a políticas redistributivas suelen ser acompañadas de una narrativa que las justifica y sostiene —una expresión escrita o hablada que les da forma y sentido, e incluso popularidad.

En lo que sigue, primero establezco esa narrativa que busca legitimar la redistribución de la riqueza como una función de la que es responsable un gobierno —y, como segundo paso, analizo su solidez.

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La siguiente es esa narrativa —la que he tomado de un comentario de un lector a la columna Estado de Bienestar: Una Definición, publicada en esta página (le he hecho algunas modificaciones que no alteran su significado y ayuda a la claridad).

El estado debe ser responsable del bienestar de sus ciudadanos pues originalmente la riqueza de la nación pertenece a todos los ciudadanos. Existen millones de personas las que carecen de ingresos suficientes para pagar medicina, educación, vivienda, alimentación , debido la injusta distribución de la riqueza que es producida colectivamente y distribuida de manera desigual debido a que vivimos en un orden económico que está diseñado para que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres.

La narración es rica en su exposición partiendo del sentimiento de compasión que causa la pobreza para sobre eso colocar al gobierno como la solución —lo que no sería una sugerencia importante si no fuera por la hipótesis general de la que todo parte: la riqueza de la nación es propiedad de todos y la riqueza de se produce colectivamente, pero se distribuye sin equidad.

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• “La riqueza de la nación pertenece a todos los ciudadanos” es seguramente el eje central de la narrativa —lo que no significa mucho dada la imprecisión de lo que significa “riqueza”. Ella se presta a interpretaciones diversas.

Quizá usualmente se entienda estrechamente como recursos naturales del tipo de petróleo, gas, metales en el subsuelo y recursos similares, a los que por definición coloca como propiedad colectiva nacional. La definición puede ampliarse a otros recursos físicos, como mares, costas, tierras, ríos, aguas, aire y similares, a los que también coloca como propiedad colectiva.

El problema que surge es obvio, pues ninguno de esos recursos tiene valor en sí mismo hasta que no es aprovechado por la intervención del trabajo humano —una acción en la que no pueden participar todos los nacionales en todas partes. La producción de plata de una mina, por ejemplo, requiere esfuerzo y gasto varias personas y es ese trabajo lo que permite la apropiación del recurso.

No han participado en esa mina 100 millones de personas, sino mucho menos —sería muy injusto que una persona que no ha invertido en la mina ni trabajado en ella reclame el producto del esfuerzo de otros.

La imprecisión de la palabra “riqueza” es aún más notoria en cuanto se consideran recursos no físicos unidos a la geografía del país —la riqueza expresada en patentes, invenciones, procesos, invenciones, servicios, experiencia, no tiene un origen colectivo y, por eso, no puede considerarse propiedad de todos.

• “La riqueza que es producida colectivamente” es la otra parte del eje central de la narrativa distributiva —y es muy similar a lo anterior en el sentido de que contiene una gran imprecisión en el significado de “colectivamente”.

Si “colectivamente” significa la asociación de personas que unen sus esfuerzos variados en la explotación de la mina, la palabra es adecuada —se trata de una colectividad que suele llamarse empresa y reúne a diversas especialidades.

Pero si “colectivamente” significa todos los habitantes del país, la palabra no describe la realidad —no todos han participado, ni trabajado en la mina. Tampoco “todos” han colaborado en la invención de un proceso, ni en la calidad de un producto.

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Si las premisas de las que parte la justificación de las políticas distributivas en esta narrativa son tan débiles e incluso falsas, puede concluirse que ellas son inservibles —por lo que justificar esas políticas debe buscar una justificación distinta, que sea sólida.

La narrativa, finalmente, da la impresión de ser parte de una forma de pensar que toma como ciertas las premisas examinadas, sin cuestionar su calidad —como si se tratara de un sistema cerrado, impermeable a su creencia de que la riqueza es se crea colectivamente. Persuadir de lo contrario a quien eso cree, no es una tarea sencilla.

Si se acepta que la riqueza no se crea “colectivamente” cae por tierra la idea de que el estado debe ser un redistribuidor de ella.

Addendum

Al releer lo anterior, me doy cuenta de la necesidad de añadir otra consideración —una de índole práctica— que presenta un grave riesgo dictatorial. Cuando un gobierno redistribuye la riqueza, éste se convierte en el centro de poder más grande de toda la sociedad y la probabilidad de abusos es un peligro real y presente.

 

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Redistribuciones.

Resulta un hecho curioso que la queja de quienes apoyan políticas redistributivas se sustente también en el creer que dentro de un mercado libre los recursos son distribuidos entre los agentes económicos. La verdad es que dentro de un mercado libre no existe distribución de nada, todo lo que existe es una serie enorme de intercambios de recursos.

Véase Pobreza: Una Definición Causal.

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