Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Narrativa Homosexual
Leonardo Girondella Mora
10 junio 2013
Sección: Sección: Asuntos, SEXUALIDAD
Catalogado en:


La defensa de la homosexualidad contiene una narrativa de dos partes al menos —las que examino en lo que sigue e intentando ver la calidad de su fondo.

La primera parte de esta narrativa está razonablemente expresada en los datos siguientes —se narra que,

En 1973 la homosexualidad fue retirada del manual de Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, en los EEUU. En 1990 la homosexualidad fue retirada de la lista de enfermedades mentales en la Organización Mundial de la Salud.

El punto central de esta parte es afirmar que la homosexualidad ya no se considera una enfermedad mental y que eso está plenamente validado por una asociación de psiquiatras y por una organización que es parte de la ONU.

De acuerdo con esta narrativa, el resto de las organizaciones, instituciones, legislaciones que condenan o reprueban a la homosexualidad son homófobos —gente que los odia sin razón.

En esta narrativa hay grietas que la debilitan —por ejemplo, las siguientes:

• La narrativa argumenta que un par de organizaciones de expertos han dejado de considerar a la homosexualidad como un padecimiento mental —un argumento blando que podría ser debilitado al nombrar otras dos organizaciones de expertos que contradigan la opinión.

• La narrativa sostiene que la homosexualidad no debe ya ser diagnosticada como una enfermedad mental —pero eso no era lo que se argumentaba centralmente, se acusaba la homosexualidad de ser una falta moral y no una enfermedad. Era un asunto ético, no terapéutico.

Esto último enseña uno de las peculiaridades del presente —la confusión entre moral y medicina. Se interpretan faltas morales como enfermedades y quieren ser remediadas con tratamientos médicos y terapias. La confusión es importante.

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La otra parte de la narrativa en pro de la homosexualidad se refiere al uso de otro argumento sustentado en la premisa de quien se opone a ella debe ser considerado un opositor alimentado por el odio.

A los homosexuales se les odia y persigue, se les tiene una repugnancia ilógica, cuyo origen está en las mentes de quienes creen en Dios, especialmente los ministros de religiones cristianas. Los homosexuales no son los seres desenfrenados y viles que se cree, al contrario son víctimas de agresión y acoso, lo que constituye discriminación y la negación de derechos. Todo esto constituye homofobia y ella debe desaparecer.

La narrativa en breve cuenta que la homosexualidad tiene enemigos, especialmente localizados entre quienes tienen creencias religiosas cristianas —y que los homosexuales con los dañados por actos reprobables en contra de ellos, como exclusión y discriminación, lo que viola sus derechos.

Esta parte de la narrativa en defensa de la homosexualidad tiene también fisuras considerables:

• Localiza la discusión en la definición de roles preestablecidos de víctimas y villanos —lo que sesga la discusión a su favor: la víctima es necesariamente quien tiene razón. El ardid funciona bien en medios de comunicación masiva y da riqueza al contenido de de noticias, pero no es válido.

• La estratagema impide la posibilidad de discutir el tema y lo ubica fuera de los terrenos que lleven a examinarlo racionalmente —desbarata toda exposición de examen de razones en pro y en contra. Es una falla de reducción del tema a la acusación de buenos contra malos.

• Acude al uso de un enemigo usual, el Cristianismo —sin incluir otros posibles opositores fuera del terreno religioso.

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En conclusión, la narrativa usualmente usada para defender a la homosexualidad tiene las dos fallas que he apuntado —la de confundir enfermedad con falta moral y la de impedir una discusión lógica del tema.

Las dos fallas, sin embargo, no representan gran problema en sus actividades de comunicación con medios. Las fallas no son fáciles de detectar en medio de la superficialidad noticiosa —y, más aún, tienen elementos de novedad y estructura que aman los medios.

Nota del Editor

Me recuerda la columna de Girondella la conversación que tuve con una persona que defendía a la homosexualidad y atacaba la posición de la Iglesia Católica.

Decía ella que esa Iglesia afirma que no condena a los homosexuales sino a sus faltas. Es cierto hasta donde sé: la persona no es reprobada en sí misma, sino la conducta homosexual que tiene.

Dijo ella a continuación que esa iglesia no entiende que esa conducta homosexual es una porción que no puede ser aislada del homosexual, que es inseparable de él, que es su misma esencia; y que por tanto, si Dios ama a todos, debe también amar a los homosexuales y sus conductas, porque son también su Creación.

He encontrado esta forma de pensar en no pocas partes y tiene sus niveles de aprobación a pesar de sus terribles errores. Bastaría leer un poco para reconocerlos. Por supuesto, Dios ama a todos sin excepción, sean quienes sean. No es un problema de Dios odiando a ciertas personas y no a otras. El problema está en los actos que ellas cometen y que significan separarse de Dios.

Hay más ideas en ContraPeso.info: Homosexualidad.

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