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No Hay Mal Que Por…
Selección de ContraPeso.info
9 mayo 2013
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Francisco Rodríguez Barragán. Agradecemos a Análisis Digital el amable permiso de publicación. El autor es licenciado en Geografía, Historia y Derecho.

La idea central del escrito es tratar un tema: el principal argumento en contra de la existencia de Dios, el sufrimiento en la vida.

Hay quienes afirman no creer en Dios y lo justifican diciendo que si efectivamente existiera un Dios todopoderoso, no podría permitir el sufrimiento que golpea a muchas personas a causa de enfermedades, muertes, accidentes, calamidades o injusticias.

Otros piensan ante el problema del mal siempre presente, que si Dios existe no se ocupa de nosotros.

De forma más o menos confusa, piensan que ellos son mejores que Dios, pues si estuviera en sus manos, evitarían tanto sufrimiento.

También los que nos decimos creyentes quedamos desconcertados cuando vemos que sufren los inocentes y triunfan los culpables, pero comprendemos que entre la mente de Dios y nuestras pobres entendederas hay una distancia infinita.

La clave seguramente está en el misterio de que Dios permita los males, pues si los permite seguramente es por nuestro bien, pues creo que Dios ama a sus criaturas y cuida de nosotros.

Es probable que esto parezca una locura. ¡Estamos tan convencidos de nuestro propio saber!

Meditemos, no obstante, en las veces que tenemos que hacer sufrir a nuestros hijos.

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Ellos se rebelan y no entienden nuestras normas, los límites que ponemos a su libertad, nuestras exigencias de que estudien, trabajen y dejen de hacer el vago, nuestras advertencias respecto a lo que beben, fuman o trasnochan o las amistades que frecuentan.

Pero estas contrariedades que les causamos, no hay duda de que son por su bien.

También Dios que nos hizo, trata de salvarnos de nuestros caminos equivocados, de nuestras soberbias autosuficiencias, de nuestros vicios, del mal que crece en nosotros en forma de egoísmo, hedonismo, odio, codicia o lujuria y nos envía sus invitaciones a la conversión, al cambio de vida, que pueden tomar la forma sufrimiento, de desgracias, que nos hacen tambalear.

Hay personas que sólo reaccionan y cambian de conducta cuando tocan fondo, cuando se sienten perdidos y gritan pidiendo ayuda. Mientras se sienten satisfechos de cómo gestionaban sus vidas, sin más horizonte que vivir lo mejor posible, olvidan que no todo termina con la muerte, que hay algo importante más allá.

Para los que dicen que no hay nada más allá de la muerte, les recuerdo que algo se nos retuerce por dentro cuando vemos que triunfan los malos, ya sea en la vida real o en las películas.

Nuestro innato sentido de la justicia se rebela cuando el inocente es apaleado, torturado y muerto y pensamos en la necesidad de que haya algo más allá. Que los verdugos no triunfen de sus víctimas, es una necesidad para que el universo entero tenga sentido.

Jesús, el Hijo de Dios, es el inocente que se entregó a la muerte por los culpables, por nosotros a quienes Dios quiere salvarnos, aunque para ello dejara que Cristo tocara el fondo de la muerte y una muerte de cruz.

Nuestro viejo refrán de que no hay mal que por bien no venga, intuye que Dios utiliza los males, incluso la pasión de su Hijo, en nuestro beneficio.

Yo estoy seguro de que toda mi vida, alegrías y sufrimientos, los permite Dios para mi bien, el bien definitivo que está más allá de la muerte. Decía Job en sus sufrimientos: el Señor me lo dio y el Señor me lo quitó ¡bendito sea el nombre del Señor!

Nota del Editor

La idea de la columna es engañosamente simple: comparar los actos buenos de los padres con sus hijos ayuda a ver que algunos de esos actos pueden ser vistos como males por parte de los hijos. Quizá sea que nos suceda lo mismo y veamos como sufrimiento y mal a lo que persigue nuestro bien final.

La existencia del sufrimiento en la vida y la incongruencia de esta realidad con un Dios que es todo bondad, es quizá el principal argumento en contra de la existencia de Dios. Es un argumento sólido y atractivo, que merece exploración como la que ha hecho Francisco Rodríguez Barragán en esta columna.

La cosa no es tan simple como parece en un principio.

Véase Sufrimiento y Dolor y La Razón del Mal, para otras ideas sobre el tema. El problema es fascinante y nunca lo resolveremos totalmente.

 

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