Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No, no Todo lo Que Quieras
Eduardo García Gaspar
19 noviembre 2013
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


“Sostengo la idea de que yo puedo hacer lo que quiera, si mis acciones son libres, con la única condición de no lastimar a los demás, por lo que me opongo a las ideas fundamentalistas y poco tolerantes que usted ha escrito y quiere imponer en los demás”. Un lector.

Este comentario (abreviado) describe muy bien un tipo de opinión que es común.

Contiene varios elementos que merecen verse en detalle.

Primero, su creencia en la libertad humana como centro de las acciones personales. En esto estoy de acuerdo con el lector. Sí, la libertad es un gran valor humano.

Segundo, otro elemento con el que estoy de acuerdo, el de no dañar a otros. Es una limitación de la libertad propia. Es eso que dice que mi libertad termina donde comienzan las narices del resto.

Se trata de una norma moral de mero sentido común: en el trato con los demás debo evitar acciones que los dañen.

Tercero, otro elemento que me parece no tiene justificación. El lector afirma que si mi acto es libre y no daña a terceros, eso lo hace permitido. La conclusión es la lógica: no importa lo que haga la persona, si ella lo hace voluntariamente, entonces esa acción es admisible y nada hay que pueda verla como negativa.

El argumento cae por su propio peso. Si mis actos libres tienen la limitación de no dañar a otros, por lógica debo aceptar que hay otra limitación, la de tampoco dañarme a mí mismo. No tendría sentido limitar mi libertad para no dañar a terceros, al mismo tiempo que no tengo limitaciones para dañarme.

La condición que tiene la persona de no lesionar a otros con sus acciones, debe aceptarse para no perjudicarse a uno mismo. Después de todo, el principio general es universal: es reprobable realizar actos que hagan daño a todas las personas, lo que me incluye a mi mismo, y al lector también.

En resumen, la libertad tiene límites que claramente son los de no lesionar a personas y dentro de esas personas se encuentra la persona misma que no puede dañar a otros, pero tampoco a ella misma. El argumento me parece lógico y razonable. Es opuesto a una parte de lo que el lector escribió.

Otra parte de esa comentario me califica de fundamentalista, poco tolerante y tener la intención de imponer mis ideas en los demás.

Si yo tuviera un revólver en mi mano y le obligara a ese lector a entregarme su cartera, entonces sí estaría imponiendo una idea mía sobre él. Ya que no tengo el arma y ni siquiera sé dónde vive el lector, sospecho que no intento imponerle nada.

Generalmente, cuando alguien acusa a otro de querer imponer sus opiniones, ese alguien no acepta que culpa al otro de la misma falta que comete: el querer imponer las suyas anulando la del otro.

Confundir una discusión razonada con un intento de imposición de ideas, hace improductiva a esa discusión. Anula el posible uso de la razón y la posibilidad de encontrar la verdad.

El uso de palabras como fundamentalista es común en las discusiones, para terminar descalificando a la parte contraria. Generalmente se aplica a personas que tiene convicciones claras y que las expresan sin miedo.

Hacer eso no es ser fundamentalista, ni poco tolerante, es tan sólo tener opiniones claras que pueden chocar a algunos. Si para dejar de ser fundamentalista y comenzar a ser tolerante, la condición es pensar como los demás, o dejar de tener opiniones, aceptaría serlo.

Regreso a la parte fundamental del comentario del lector, que es lo que creo que bien vale una segunda opinión.

Esa idea de que todo acto propio es bueno si se cumple con las condiciones de ser libre y no producir daño en otros. De acuerdo con esto, inyectarme drogas sería un acto meritorio porque cumple con los dos requisitos.

O tener una relación extra-matrimonial, entre dos personas que lo deciden en libertad, también podría justificarse como legítimo. Casos como estos abren otra avenida de pensamiento, la de que el dañarse a uno mismo tiene un impacto en los demás.

Post Scriptum

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