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Objetividad e Iglesia
Selección de ContraPeso.info
17 septiembre 2013
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Fernando Pascual, profesor en el Regina Apostolorum de Roma. Agradecemos a Análisis Digital el amable permiso de publicación. El título original de la columna es ¿Es posible ser objetivos ante la Iglesia? publicado el 16 de julio de 2013.

Para algunos la objetividad garantizaría una visión serena, equilibrada, imparcial, sobre las personas y los hechos. Por eso se considera que para hacer buen periodismo o para investigar sobre el pasado, habría que ser objetivos.

¿Vale lo anterior para cualquier tema? En concreto, ¿vale a la hora de estudiar a la Iglesia Católica?

Nos damos cuenta fácilmente de que existen ámbitos donde resulta casi imposible tener una visión equilibrada. Un periodista que ha sufrido la expropiación de su casa no tendrá la suficiente sangre fría para analizar si las autoridades locales o regionales gobiernan bien o mal.

Respecto de otros ámbitos, parecería más fácil ser neutrales y objetivos.

Si me pongo a estudiar, por ejemplo, lo que ocurrió en una guerra entre dos pueblos lejanos hacia los que no siento ni simpatía ni antipatía, es probable que tenga esa actitud de indiferencia que ayuda a ser objetivo a la hora de asignar méritos y culpas a unos, a otros o a los dos.

Parecería, entonces, que ante algunos temas resulta más fácil ser objetivos, mientras que en otros existen dificultades subjetivas que provocan dificultades no pequeñas.

Volvemos a la pregunta que da inicio a estas líneas: ¿es posible ser objetivos ante la Iglesia Católica?

Notamos que quienes la han conocido más o menos de cerca por haber nacido en un país con fuerte presencia de católicos puede orientar su parecer desde hechos positivos (si han tenido buenas experiencias) o desde hechos negativos (si las experiencias con católicos han sido malas).

Además, es más probable que una persona así no sólo piense y valore desde experiencias, sino también desde planteamientos intelectuales.

Si ha sido educado como católico y ha mantenido su fe en la edad adulta, su punto de vista será prevalentemente favorable hacia la Iglesia.

Si empezó siendo católico y luego perdió la fe por motivos que pueden ser muy diferentes, es lógico que tenga hacia la Iglesia una predisposición más bien negativa, al menos por pensarla como algo no verdadero, como un engaño, o tal vez simplemente como una creencia mítica apta para algunos pero no para él.

Las situaciones, por lo tanto, desde las que uno mira a la Iglesia católica son muy variadas. También entre quienes casi no la han conocido por haber vivido buena parte de su existencia (o toda) en una sociedad donde lo católico era prácticamente ausente.

En estos casos, parecería, esas personas tendrían una mayor indiferencia hacia la Iglesia, y podrían verla (es una suposición, no siempre válida) con cierta objetividad, al menos sin prejuicios adquiridos en etapas anteriores de su vida.

Sea cual sea la situación y la experiencia de cada uno, creyente o no creyente, con o sin estudios, conocedor del Evangelio o totalmente lejano de la tradición bíblica, a la hora de situarse ante la Iglesia, ¿es posible ser objetivos?

La respuesta no es fácil. Hay un punto, sin embargo, que permite dividir a las personas en dos situaciones contrapuestas.

Un grupo considera que la Iglesia católica ha sido fundada por Cristo y ha conservado, durante los siglos, el mensaje de Jesús de Nazaret. Otro grupo negará las dos ideas anteriores: la Iglesia no habría sido fundada por Cristo ni habría conservado su mensaje.

Tanto quien da la primera respuesta como quien da la segunda, se coloca en una perspectiva que impediría alcanzar un juicio totalmente objetivo sobre la Iglesia.

Porque quien la considera como la depositaria de un mensaje de salvación no puede no sentir una profunda simpatía hacia ella. En cambio, quien la ve como una desviación, una falsedad, un gran engaño, o simplemente una superstición para almas simples y desinformadas, incurrirá fácilmente en una actitud negativa hacia lo católico.

El que uno esté a favor de la Iglesia y otro en contra no quita, desde luego, que sobre aspectos concretos ambos puedan llegar a un cierto grado de objetividad. Por eso, al estudiar hechos del pasado, como las cruzadas, los dos podrán acceder a los documentos y buscar el máximo respeto a la hora de reproducir sus contenidos.

Pero es obvio que cuando llegue el difícil momento de la interpretación (que acompaña a cualquier juicio humano sobre cualquier hecho) las divergencias se harán patentes.

Resulta, por lo mismo, casi imposible una total objetividad respecto de la Iglesia Católica. Cuando un corazón se sitúa ante ella no puede ser indiferente: o la deja de lado como algo superado o engañoso, o llega a acogerla como una realidad viva y verdadera; más aún, como un instrumento de salvación temporal y eterna.

Nota del Editor

Si bien el autor enfoca su columna al tema de la posibilidad de juicios objetivos sobre la Iglesia Católica, su conclusión puede con facilidad extenderse a otras situaciones: la casi imposibilidad de tener juicios objetivos cuando la persona sostiene creencias arraigadas previas sobre el sujeto juzgado (favorables o desfavorables).

El mecanismo subyacente puede ser simple: la persona con creencias previas favorables hacia el Catolicismo, por ejemplo, tenderá a poner más atención en la información que apoya sus creencias que en la que las debilita; y lo opuesto para quien tiene creencias previas desfavorables.

En otras palabras, la persona pondrá atención selectiva en la información disponible, buscado así hacer más sólida su posición predefinida.

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