Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ombligos con Derechos
Eduardo García Gaspar
3 junio 2013
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
Catalogado en:


Hay una palabra que llama la atención. Tiene usos múltiples, algunos confusos.

Sus connotaciones tienen variaciones interesantes. Comienzo con una de sus partes.

Una un tanto peculiar, el adjetivo amable.

El significado de amable puede ser entendido por medio de sus sinónimos: encantador, cordial, agradable, atento, complaciente, con buena educación, de buenas maneras.

Es fácil imaginar los atributos de la persona a la que calificamos de amable, alguien que es considerado de buen trato con nosotros, alguien simpático, educado, de buen trato.

Amable es el calificativo y amabilidad es el sustantivo. Amabilidad es esa cualidad que implica el tratar bien a otros, el ser considerado con ellos. Esas palabras derivan de otra, la palabra amor. Alguien amable es alguien que se hace amar, que provoca en otros ese deseo. Alguien a quien se quiere.

Lo que nos lleva a terrenos fascinantes, los del significado de amar. ¿Qué es eso?

Hay claves del significado en lo anterior: tratar bien a otros, ser considerado con ellos, respetarlos y lo demás. Es una actitud personal frente a terceros. Una buena cualidad.

Pero hay otra dimensión más profunda en esto. Ser amable es darse a amar por parte de otros, por causa de ese trato respetuoso y considerado, que suele pedir una prueba adicional, la del sacrificio personal para beneficiar al otro. Esto es amor ya en una faceta más penetrante.

Tomemos el caso más obvio, el del amor que lleva al matrimonio. En su fondo, eso es dar una promesa de amor exclusivo que lleva a prometer hacer feliz al otro.

Uno no se casa para ser feliz uno mismo, sino para hacer feliz a la esposa. Y viceversa, la esposa se casa para hacer feliz a su marido, no para ser feliz ella misma. Si se hace lo opuesto, no hay amor, hay egoísmo.

Digamos que amor es lo opuesto a egoísmo. Con el egoísmo lo que se trata de hacer es buscar la felicidad propia y nada más que eso. A veces sin daño a los demás, a veces lastimándolos, pero el objetivo es el beneficio propio.

El amor nos manda al lado opuesto, no buscar el beneficio propio tanto como el ajeno. A veces no tendremos que sacrificar algo, a veces sí.

Amar, entonces, es estar dispuesto a buscar la felicidad de los otros antes que la nuestra. No sólo tratarlos con educación y respeto, también saber que eso puede significar un sacrificio por el bien del resto.

Puede usted imaginarse casos de amor en esta dimensión honda. Ir a ver a un amigo enfermo en lugar de quedarse en cama. Trabajar más para pagar la educación de los hijos.

Ejemplos sobran. Los podemos imaginar con facilidad. En todos ellos veremos que hay una dosis de sacrificio personal, de poner la felicidad de otro antes de la propia. En fin, todo lo anterior merece una segunda opinión por una causa, otra de las expresiones que se usan en el lenguaje diario.

Me refiero a la frase de hacer el amor. En tiempos idos, significaba enamorar a la otra persona. En los tiempos actuales, desde los años 60, creo, tiene un significado más pedestre.

Significa tener sexo con otro. Eso y nada más que eso. Un interesante giro de significados que iguala amor con sexo. ¿Son iguales? No necesariamente.

Tomemos el caso de lo que ahora se llama amigos con derechos. Significa que entre ellos pueden tener sexo sin compromisos. A eso llaman hacer el amor. En realidad no lo es.

El amor significaría respetar al otro, estar dispuesto a sacrificios en aras de su felicidad. No hay amor en este caso de amigos con privilegios. Hay una masturbación mutua acordada, pero nada más que eso. Son ombligos con derechos

Mi preocupación al respecto es la pérdida de ese sentido de sacrificio que el amor implica. Ese espíritu de ofrenda al otro: tener sexo contigo es renunciar al sexo con el resto, es formar una familia, un compromiso de por vida.

Los amigos con derechos reclaman la conveniencia de falta de compromiso, de libertad mutua, se ausencia de responsabilidades y compromisos.

¿Puede ser eso amor? No, en realidad no lo es. No hay respeto mutuo, no hay compromiso, ni sacrificio, ni responsabilidad. Es exactamente lo opuesto. Hay indeciblemente más amor y respeto y buen trato, entre amigos sin derechos.

Post Scriptum

El mejor ejemplo de todos los posibles del significado del amor es la poderosa creencia cristiana sobre el sacrificio de Jesucristo. Se crea o no en ese amor tan grande, no deja de ser una historia que muestra el real significado de lo que significa amor.

Lo preocupante del mal uso del lenguaje en el caso de la expresión hacer el amor es la necesaria implicación que tiene. La de no tratar con respeto al otro, la de volverlo un instrumento de placer propio. Exactamente lo opuesto del significado de amar.

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