Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Oportunidades Para Pensar
Eduardo García Gaspar
20 mayo 2013
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Si lo hacemos, encontraremos sorpresas. No todas agradables.

La mayoría nos causarán problemas. Requerirán esfuerzo. Me refiero a ponernos a pensar.

Pensar sobre nuestra vida, sobre la existencia en general. Lo podemos hacer todos los días, o casi.

Es una buena costumbre, si lo hacemos con honestidad. Si no nos engañamos a nosotros mismos.

Las ocasiones sobran. Casi a diario nos suceden cosas que detonan oportunidades. Son como estímulos que intrigan y causan curiosidad. Muchas de ellas vienen de las cosas que escuchamos de otros.

No hace mucho días que una persona habló sobre la confesión católica.

Usted sabe, ese mandato que obliga a ir con un sacerdote y en un acto considerado sacramental, contarle nuestras faltas para obtener perdón de Dios.

Es una acción de apertura personal que persigue reconocer pecados y estar arrepentido de ellos, tanto como para al menos tener la intención honesta de no cometerlos en el futuro. Para el católico, es una acción de purificación.

Muy bien, pues la persona que escuché dijo que le parecía un acto ridículo. Que contar en la confesión a un sacerdote las faltas propias era absurdo, una cosa del pasado, un acto que humillaba a la persona.

Más aún, que no hacía falta confesarse y que esa era una de las cosas por las que rechazaba al Catolicismo.

No es infrecuente esa opinión y aunque usted no sea creyente, no importa, ocasiones como ésta son las oportunidades que detonan la oportunidad de echar a andar a las neuronas.

¿Suena lógico lo que dijo la persona? En apariencia sí, pero en realidad no. Si él se queja de que contar la vida privada propia a un extraño es ridículo y anticuado, bueno pues también lo es toda la serie de tratamientos terapéuticos de Psicología y Psiquiatría.

Cierto, hay diferencias notables entre esas terapias y la confesión, pero significan todas contarle a un tercero las cosas más íntimas de uno. Si esas terapias son modernas, la confesión resulta una acción adelantada a su tiempo.

¿Ve lo que digo? En muchas opiniones existen contenidos que suenan bien en la superficie, pero si se rasca más a fondo, las cosas se ven de manera distinta. Son cosas irresistibles de ver más de cerca.

Recostarse en un diván y narrarle al psiquiatra las cosas más ocultas y recónditas de nuestra vida es similar a hincarse en un confesionario hablar de nuestras intimidades más profundas. No se puede criticar a uno sin criticar, en este sentido, al otro.

Sin embargo, me parece la similitud se detiene allí. El siguiente paso de quien es mentalmente curioso es el obvio, encontrar las diferencias entre la confesión y esas terapias.

Si usted las piensa tendrá sus propias conclusiones y eso es lo que vale oro, aunque sean equivocadas. Tarde o temprano se llegará a opiniones razonables.

Por mi parte, creo que hay una diferencia enorme. En una confesión, usted reconoce faltas, pecados, cosas que no debería haber hecho, omisiones graves. Busca perdón y tiene la intención de corregirse.

En esas terapias, no se busca perdón por faltas, sino tratamientos de salud contra padecimientos.

Es una diferencia abismal y, seguramente, uno de los signos de nuestros tiempos, el de creer que no hay fallas morales, sino enfermedades mentales.

Un amigo lo ejemplificó hace tiempo con una comparación.

• Un ladrón llega a un confesionario, confiesa haber robado, dice estar arrepentido, se le pide reparar el daño y un acto de penitencia con la intención de no hacerlo más.

• Si el mismo ladrón llega a una terapia psicológica, se le diagnostica una enfermedad, como cleptomanía, se le atribuyen causas de su niñez y medio ambiente y se le da un tratamiento de salud.

Nunca en las terapias hay un sentido de culpa, de arrepentimiento, de corrección posible por medio de la fuerza de voluntad. Y esto es interesante porque marca realmente uno de los rasgos de la modernidad, o post-modernidad.

Las culpas morales individuales simplemente no existen (sólo las colectivas). La falla moral, el pecado del Cristianismo, es ahora una enfermedad y se cura con terapias y medicinas

Este fue sólo un caso de esas oportunidades que se disfrutan en la vida. Las personas dicen cosas, hacen cosas, incluyéndonos a nosotros, que detonan puntos de partida del pensar.

En este caso fue una persona que opinó como el sacramento de la confesión del Catolicismo, pero pueden ser muchas otras cosas religiosas, políticas, económicas, sociales… que son invitaciones a pensar, encontrar significados y conclusiones y consecuencias.

Las más ricas en posibilidades son las de las declaraciones de los gobernantes. Hablan tanto y con tanta superficialidad, que nos dan decenas de oportunidades diarias.

Post Scriptum

Otro ejemplo, en otro terreno.

Una persona comentó sobre medidas tomadas por el gobierno argentino, que describió como la prohibición de exportar bienes hasta que no se satisfaga el consumo local. Según la persona, ella haría lo mismo de ser gobernante. El reto de esta oportunidad está en pensar en las consecuencias de esa medida… algo que se lo dejo a usted.

Será un buen ejercicio… y por favor, use su imaginación para ver más allá del primer efecto.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Razonamiento.

Véase, En Defensa de la Vergüenza.

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