Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Participación Política: su Fondo
Eduardo García Gaspar
25 abril 2013
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un acto estándar. Se repite con frecuencia.

Suele estar dentro de la publicidad gubernamental mexicana. Son las apelaciones a la participación ciudadana.

Es como una orden que se coloca en esos mensajes, “participa”.

Por supuesto, el problema es que no se dice cómo y el ciudadano no tiene la menor idea de qué hacer.

No sé usted, pero en mi experiencia de tratar temas de estos, desde inicios de los años 80, hacer participar a la gente en el gobierno es una tarea monumental.

La única participación política, fácil y acostumbrada, en México, es la del “acarreo”: se le paga a la gente por acudir a mítines y gritar en ellos. Fuera de eso, no he visto gran participación general ciudadana.

Lo que sí he visto, en gran abundancia, es el deporte nacional de la crítica al gobernante. Es tema de conversaciones constantes en las que surgen quejas constantes de los gobernantes, sobre todo de corrupción, pero también de incapacidad.

Los únicos momentos en los que he escuchado halagos consistentes a los políticos, es en el inicio de los nuevos gobiernos. Quizá sea el hábito de la esperanza infundada.

La dificultad, por tanto, está en el cómo participar. Si alguien decide participar en un juego de futbol, por ejemplo, debe conocer al menos las reglas básicas. Si no las conoce, su participación será absurda, contraproducente incluso.

El mismo principio aplica a la participación en política, en los asuntos públicos. Necesita conocimientos, información, datos, explicaciones sobre el papel del gobierno.

Y es en este punto que bien vale la pena una segunda opinión. El tema de lo que se piensa es el papel del gobierno.

• Si la persona piensa que el gobierno es y debe ser poderoso proveedor de favores y concesiones, ella adoptará un papel simple en su participación política, el reclamar.

Su participación será la de pedir a la autoridad, todo lo que ella pueda dar: exenciones de impuestos, subsidios, educación, parques, pistas de hielo, protección contra competencia, salarios mínimos. Una gran variedad de posibilidades.

• Si la persona, por otro lado, piensa que los gobiernos deben ser limitados y protectores de las libertades personales, ella adoptará un papel muy diferente.

Su participación política consistirá en defenderse de la inercia de expansión gubernamental natural de la autoridad. Lejos de ser un solicitante de favores, querrá valerse por sí mismo teniendo al gobierno como una institución protectora de sus libertades.

La diferencia es notable entre ambas posiciones. La participación política de uno entiende reglas de juego que son las opuestas del otro. Es decir, pedir la participación política de la gente podrá adoptar dos modalidades básicas contrarias. Una consecuencia no muy tratada abiertamente.

Esto nos lleva a la variable clave de todo el tema. Una variable que Tocqueville (1805-1859) definió y muy bien. Escribió en su célebre libro, que

“Se ve a algunos pueblos, cuya primera educación ha sido tan viciosa y cuyo carácter presenta tan extraña mezcla de pasiones, de ignorancia y de nociones erróneas de todas las cosas, que no podrán por ellos mismos discernir la causa de sus miserias; sucumben bajo los males que ignoran”.

¿Qué educación política se tiene, por ejemplo, en México? Lo que ella haya sido es lo que determinará el tipo de participación política que sea que hagan los ciudadanos.

Es mi creencia que la educación política que el ciudadano mexicano tiene, en su mayoría, es la que describe Tocqueville: viciosa y errónea. Tanto que aquí suele pedirse al gobierno más de eso que causa mal y miseria.

Por consiguiente, si es que estoy en lo cierto, la participación política del mexicano se inclinará con fuerza a pedir, pretender, demandar y hasta mendigar favores gubernamentales.

Con eso, su participación logrará aumentar el poder de la autoridad y queriendo favores lo que logrará es perder sus libertades.

Un buen ejemplo de esto es la educación pública mexicana. Aquí, el gobierno ha afirmado que posee la rectoría de la educación del país, una consecuencia inevitable de la petición de educación gratuita.

Pedir favores al gobierno es hacer crecer su poder. A más favores, más poder. Ignorar esta relación es eso de no poder conocer “la causa de sus miserias” y del sucumbir “bajo los males que ignoran”.

Post Scriptum

La cita es de Alexis de Tocqueville (1978). La democracia en América (L. R. Cuéllar, traductor. México: Fondo de Cultura Económica). La obra es considerada el escrito más perspicaz sobre la democracia. Una lectura obligada para quien desea participar.

Véase también El Socialista Accidental.

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