Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pemex: Status Quo
Leonardo Girondella Mora
25 junio 2013
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Las propuestas de reforma energética en México —referidas centralmente al monopolio estatal petrolero— son un tema de extrema sensibilidad política en México.

Quizá no existe nada más dogmático que el tocar a Pemex, concebido religiosamente como una propiedad de todos los mexicanos.

Este fenómeno de extrema sensibilidad y, por esa razón, de extremadamente pequeña probabilidad de hacer siquiera el menor de los cambios, es parte de algo que suele llamarse la tiranía del status quo —la dictadura de lo establecido e incambiable.

Es, esta tiranía, una parte de la política de todos los tiempos en todas partes y establece un principio central: las malas decisiones de política son extraordinariamente sencillas de implantar, al mismo tiempo que notablemente difíciles de erradicar.

El principio explica la causa por la que una mala política, como la estatización del petróleo, se conservan sin razón ni base durante largos períodos de tiempo —y, peor todavía, los intentos de corrección son recibidos con protestas desmesuradas.

En buena parte, las protestas tienen su fuente en los grupos beneficiados por la mala política implantada —como en el caso de Pemex, su sindicato, sus líderes y otros grupos que ven en el intento de cambio una posibilidad cierta de alterar en otro momento sus intereses.

Otros grupos organizados se unen a las protestas contra todo cambio en la mala política —entre los que destacan partidos y grupos políticos que consideran esos cambios un ataque a su ideología. No es sorpresa que un partido de izquierda radical haga publicidad contra la “privatización” de Pemex.

En el grupo más difuso se opone a la corrección de esa política la serie de ciudadanos comunes y corrientes que han tomado a Pemex como un artículo de fe religiosa que está fuera de todo cuestionamiento —gente que con diversas intensidades de creencia se opone a la corrección del status quo y concibe el asunto en términos dicotómicos.

No entro en el detalle de las razones por las que Pemex ha sido realmente una mala decisión desde su origen en 1938, bajo un régimen de ideología estatista extrema —y que como la tiranía del status quo predice, se ha mantenido a pesar de sus claros malos resultados.

Un ejemplo similar de tiranía del status quo es la conservación de la noción de salarios mínimos determinados por la autoridad como una política considerada justa y socialmente responsable.

A pesar de saberse que una elevación injustificada del salario mínimo acarrea problemas de desempleo precisamente en los niveles de quienes se pretende ayudar, la costumbre se mantiene sin visos de renunciarse a ella.

Termino con otro ejemplo mexicano, el de los subsidios a las universidades públicas —los que tienden a favorecer a personas de ingresos medios hacia arriba y que en el futuro tendrán ingresos superiores, usando recursos que podrían usarse en la educación básica de personas que realmente no tienen los recursos para ello.

La tiranía del status quo está bien ejemplificada en las protestas violentas que se han tenido cuando se habla de hacer cambios racionales a las políticas públicas de subsidios universitarios.

Lo que he querido es hacer explícita la razón por la que las malas políticas gubernamentales son conservadas por largos periodos de tiempo, sin hacer caso de las pruebas en su contra —suelen ellas recibirse con entusiasmo, y cuando se trata de desmantelarlas la reacción es vehemente y colérica entre los afectados por el cambio al status quo.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Reformas Estructurales.

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