Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pensar Para no Pensar
Eduardo García Gaspar
5 febrero 2013
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fue una conferencia. El público era un grupo de jóvenes, estudiantes.

El conferencista, Santiago Pando, un publicista y cineasta.

Nada fuera de lo común, hasta no saber la tesis central de lo dicho.

La nota lo resumió así: para cambiar a un país se debe “perder la razón… y empezar a ver la realidad con el corazón”. Se refería a México más que nada.

El reportaje cita palabras del publicista: “Llevamos miles de años jugando como humanidad a querer tener la razón. Vamos a perder la razón para reconectarnos a la forma verdadera de ver la realidad: a través del corazón” (El Norte, 31 enero 2013).

Eso fue lo que escucharon esos jóvenes de entre 12 y 16 años. También, “Vista desde el corazón… la chingada [la Malinche] es la misma energía que puede hacerte un chingón”. Se refería a Malintzin y su relación con Hernán Cortés, su amante y traductora. Y se refería, con esa expresión soez, a ser una persona de gran mérito.

Sus palabras, me imagino, fueron un alivio para esos jóvenes. Entendieron ellos que ya no tienen que estudiar matemáticas, ni ciencias, que bastan los sentimientos y el corazón para entender reacciones químicas, leyes económicas y fórmulas estadísticas.

Claro que el problema es ahora cómo sacar una raíz cuadrada con el corazón. O despejar una ecuación de álgebra usando los sentimientos. O calcular resistencia de materiales usando la emoción.

No es nueva esa manera de entender la vida. Es una manera de pensar (sí, de pensar) que tiene orígenes europeos, en el Reino Unido y Alemania, por allá del siglo 18. En resumen, lo que pide es dar la mayor jerarquía a los sentimientos. Tiene sus rasgos positivos, como el reconocer la posibilidad del genio y la creatividad.

Su contrario, que podemos llamar Ilustración, viene de muchos siglos atrás. Incluso desde Platón el que sostuvo que pueden estudiarse las cosas usando la razón. Las relaciones humanas, por ejemplo, pueden ser el objeto de un estudio racional e inteligente. Tiene sus rasgos negativos, como por ejemplo, un respeto demasiado grande que lleva a estereotipos y reglas demasiado estrechas.

La conferencia, me parece, es una de esas cosas que suceden en tiempos de demasiada televisión y poco seso, de demasiados sentimientos y escasa razón. No se trata de desechar esa parte de nosotros que llamamos sentimientos, pero de allí a hacer un llamado de abandono al razonar, hay un brinco demasiado atrevido.

Peor aún es que si algo hace falta en estos tiempos es cultivar los hábitos de una razón ordenada, de una inteligencia disciplinada, de un pensar con curiosidad educada.

La libertad de expresión permite expresar esas ideas al conferencista, pero el más mínimo sentido racional lleva a ver el mérito de que esos jóvenes escuchen también la opinión opuesta. Y esto presenta una situación por demás curiosa.

Aquel que pide a otros dejar de lado a la razón y dejarse llevar por el corazón, necesariamente ha pensado esa idea. La ha analizado y evaluado, y ha concluido que los sentimientos son mejores que la razón. Interesante es que pida dejar atrás a la razón cuando él la ha usado para exponer su idea. No es válido usar un instrumento para demostrar que ese instrumento no sirve.

Del otro lado, esa manera de pensar conduce a un subjetivismo que llama al relativismo.

Si lo que importa más son los sentimientos, entonces todo se torna un mundo interior que no tiene más realidad que esa. Las opiniones, que no son ahora más que la expresión de sentimientos, se vuelven todas meritorias y valiosas. Todas acaban siendo verdades. La realidad deja de tenerse en cuenta.

No creo que esa conferencia sea un fenómeno aislado ni un evento excepcional. Es una manifestación de un rasgo de nuestros tiempos, la multiplicidad de alternativas entre las que las personas puede seleccionar su filosofía personal, sus creencias y su religión. Tantas y tan variadas que abruman y dificultan una selección correcta.

Post Scriptum

El problema de la abundancia de opciones de principios y creencias y religiones es la escasa preparación para enfrentarlas con criterios sólidos que permitan una selección razonable. Para seleccionar entre ellas es posible que se dé un mecanismo indebido, la de la comodidad: poco esfuerzo, mínimos requerimientos, máximo placer inmediato.

Hay más ideas sobre el tema general en ContraPeso.info: Razonamiento. Véase una columna con un tópico similar, Predecir la Predicción.

Sobre la multiplicidad de alternativas de creencias personales, véase Secularismo: Una Definición.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Pensar Para no Pensar”
  1. rodrigo cendejas Dijo:

    “Ningún concepto que el hombre forme es válido a menos que se integre sin contradicción en la suma de su conocimiento”. Ayn Rand





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