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Preámbulos Sobre la Laicidad
Selección de ContraPeso.info
17 diciembre 2013
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Fernando Pascual. Agradecemos a Arcol.org el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es hacer un examen sobre el significado del laicismo: la conexión entre lo divino y el mundo.

¿Por qué se habla con tanta frecuencia sobre la laicidad? Los motivos son variados y depende de los lugares y de las intenciones de quienes recurren a tal término.

Entre los muchos aspectos del tema de la laicidad, hay uno que merece especial atención: el que se refiere a las relaciones entre lo mundano y lo divino.

Desde luego, para quien niega la existencia de cualquier realidad espiritual, superior, divina, el tema de la laicidad está muy relacionado a un objetivo bastante concreto: “liberar” al mundo humano de creencias falsas que vendrían del mundo de las religiones y que podrían dañar la buena marcha de la política, la sociedad y la misma vida individual.

Negar lo sobrenatural no es fácil. Además, muchos millones de seres humanos consideran que Dios existe y que se interesa por el mundo y por la historia. Por lo mismo, colocar el tema de la laicidad en una perspectiva atea no resulta fácil ni cuenta a su favor con argumentos convincentes para millones de seres humanos.

Si dejamos de lado la perspectiva atea, la idea de laicidad puede ser propuesta y discutida en un contexto de creencia en la divinidad, si bien con la conciencia de que existen ideas diferentes sobre la misma.

Así, notamos que existen visiones religiosas diferentes, de las que se deducen ideas sobre el mundo, la vida, el hombre, la sociedad, a veces radicalmente opuestas entre sí. Por ejemplo, resulta muy difícil conciliar una visión como la islámica con otra surgida desde el cristianismo.

El pluralismo ético y religioso explica enfrentamientos (por desgracia, no sólo a nivel de las palabras) entre hombres y entre pueblos. De ahí que algunos busquen promover en el ámbito público, con la ayuda de un concepto de laicidad algo restringido, modelos de convivencia que permitan evitar tales conflictos y construir puentes de colaboración entre personas con creencias diferentes.

Esa visión de laicidad tiene elementos interesantes y elementos que merecen ser profundizados.

En primer lugar, busca superar los enfrentamientos a través de un principio para la vida pública que permita la convivencia a pesar de la existencia de religiones diferentes. En segundo lugar, arranca desde una opción por la paz, que es tan necesaria para la vida de cualquier pueblo.

Sin embargo, surgen problemas a la hora de justificar la opción por la paz y el camino para superar los enfrentamientos. Si la idea de laicidad supone principios filosóficos o de otro tipo que chocan con creencias de muchos miembros de la sociedad, es obvio que tal idea no podrá ser ofrecida de modo fácilmente aceptable por quienes no comparten tales principios.

Surge entonces la pregunta: ¿es posible pensar la laicidad sin una base que la apoye? Y tal base, ¿es condivisible o aparece en la vida social como una creencia más que entra en liza con las otras creencias sostenidas por los diferentes grupos de personas o por individuos particulares?

Tener en cuenta estos aspectos ayuda a comprender por qué no es fácil recurrir a la laicidad como una especie de panacea que ayudaría, hipotéticamente, a solucionar muchos problemas y conflictos.

En ocasiones, se ha llegado al extremo de usar tal noción precisamente como bandera ideológica para ir contra la libertad de conciencia y contra la libertad de religión, con lo que en vez de promover la armonía social ha fomentado conflictos e incluso ha cometido represiones claramente injustas.

Hace falta, por lo mismo, a la hora de hablar de laicidad, aclarar bien los términos. ¿De qué tipo de laicidad se habla? ¿En qué principios se sustenta? ¿Cuáles son sus objetivos?

Sólo entonces será posible un diálogo franco y abierto entre personas y grupos con religiones diferentes que habitan en un mismo territorio y que necesitan encontrar modelos justos y sanos de convivencia.

Nota del Editor

La columna de F. Pascual hace ver que la solución a los conflictos religiosos que propone el ateísmo es la renuncia a toda religión. Sin la noción de Dios, se presupone, podrá haber una convivencia pacífica entre las personas. Pero, dada la naturaleza humana, la condición de ignorar la existencia de un ser superior, es escasamente realista.

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