Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Precios en el Siglo 16
Eduardo García Gaspar
4 octubre 2013
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Puede verse como obvio, pero una vez que nos lo dicen.

No es algo que pueda descubrirse con simpleza.

Es una de esas cosas que muy pocos notan y que cuando lo dicen el resto exclama que es evidente y clarísimo.

Para entender mejor el caso, vámonos a Venecia, en el siglo 16.

Y en esa ciudad compremos un libro, uno llamado Opera Omnia. Estamos ya a muy finales de ese siglo, en 1591, y el libro es una publicación reciente.

Su autor es un tipo conocido, lo conocemos ahora como San Bernardino de Siena. Inteligente que era, escribió lo siguiente.

“El agua es usualmente barata donde abunda. Pero puede suceder que en una montaña o en otro lugar, el agua sea escasa, no abundante. Puede muy bien suceder que el agua sea más altamente apreciada que el oro porque en en ese lugar el oro abunde más que el agua”.

Recuerde el año, 1591. El libro de Adam Smith llegó casi dos siglos después, en 1776.

Es realmente asombroso. Tanto que ha sido dicho con frecuencia que el nacimiento de la Economía realmente tuvo lugar en esos tiempos, en las mentes del grupo que ahora se llama Escolásticos Tardíos, principalmente españoles.

Fueron estos hombres quienes pensaron que el precio justo de un bien era el determinado por la estimación de ese bien en un cierto lugar y que podía variar de un lugar a otro. Lo afectan cosas como la disponibilidad del bien.

Otro de esos tipos, unos años más tarde, en 1632, escribió que,

“El valor que nace de la abundancia… o falta de mercancía, es extrínseco a la mercancía. Sólo varía su precio por medio de la estimación común. Vale la pena saber esto”.

El que dijo esto se llamaba Henrique de Villalobos y lo puso en un libro con un título somnífero, Summa de la Theología Moral y Canónica.

La realidad es que esos tipos eran observadores muy agudos de la realidad. Todos fueron sacerdotes. Esta idea es notable porque va en contra de lo que vino después, cuando se dijo que el valor de las cosas dependía del trabajo que había sido necesario para producirlas.

Es impresionante encontrar que en esos tiempos se escribió que,

“Cuando Pedro vende trigo, el comprador no necesita tomar en cuenta el dinero que Pedro gastó ni tampoco su trabajo, sino entonces la estimación común de los que vale el trigo”.

Eso lo escribió Francisco de Vitoria, en De Justitia.

Todo esto bien vale una segunda opinión porque estas ideas llevan siglos de existencia, no son desconocidas y, sin embargo, han sido ignoradas consistentemente. Y donde han sido ignoradas se han tenido problemas: la URSS, China, Corea del Norte, Cuba… la lista es larga.

Es pocas palabras “un precio es considerado justo o injusto, no por la naturaleza misma de las cosas… sino por su habilidad para ser de utilidad humana” (Luis de Molina).

Es exactamente lo opuesto, o casi, a la idea de Marx de que las cosas valen por el trabajo que contienen.

Si usted toma la idea de esos tipos del siglo 16 hará cosas muy diferentes y mejores que de haber tomado las ideas de Marx del siglo 19. ¿No me cree?

Piense usted en una película, la que quiera que haya sido un fracaso: en ella se invirtió una buena cantidad de dinero pero la gente no la valuó lo suficiente como para verla en número suficiente.

¿Cuánto vale esa película, como, por ejemplo, la reciente El Llanero Solitario, a pesar de que haya costado hacer 250 millones de dólares? Menos de esa cantidad, mucho menos.

Nadie podría alegar que su precio justo es esa cantidad más una ganancia razonable. Tampoco podría venderse una silla basado en el tiempo que se tardó en producirla.

Las cosas tienen un valor dependiendo de la opinión que sobre ellas tiene la gente. Esa opinión está basada en la utilidad que cada una de ellas percibe en caba mercancía.

Le digo, la idea es del tipo que una vez que nos la dicen, exclamamos que es obvio. Pero mientras no la diga alguien, se escapa a nuestras consideraciones.

Recordar esto es básico, porque si se toma la idea de esos tipos del siglo 16 se tendrán políticas económicas muy diferentes a las que se implanten si se toma la idea de Marx. Realmente diferentes.

Si se toma como cierta la idea de Marx o sus derivados, la economía va a fracasar porque esa idea es errónea.

Finalmente, lo que es sobrecogedor es que la idea haya sido ignorada incluso en nuestros tiempos de tantos adelantos. El mundo entero sería un mejor lugar de haber seguido las ideas de esos escolásticos.

Post Scriptum

El libro del que saqué las citas es el de Chafuén, A. A. (1986). Christians for freedom : late-scholastic economics. San Francisco: Ignatius Press, capítulo 7. Realmente vale la pena, pero está agotado.

El lector puede entonces ver otro del mismo autor, muy similar : Faith and Liberty: The Economic Thought of the Late Scholastics (Studies in Ethics and Economics)

El libro de Rothbard, M. N. (1995). Economic Thought Before Adam Smith: An Austrian perspective on the history of economic thought. Aldershot, Hants, England ; Brookfield, Vt., USA: E. Elgar Pub., trata también a los escolásticos.

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