Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Precipicio en Venta
Eduardo García Gaspar
4 enero 2013
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


El tema es una mezcla interesante. Contiene una dosis de marketing, destinada a persuadir.

Otra dosis de ingredientes apocalípticos, de esos que hablan de grandes tragedias y sucesos fatales.

Más, un componente político, de activismo social.

Combinados los tres, voilà, se cocina el producto final, la venta de un apocalipsis.

Los escenarios del fin del mundo por causas ambientales son el ejemplo clásico de nuestros días. Tienen todos los componentes.

Muy buen marketing, grandes relaciones públicas, imágenes poderosas de tragedias seguras, puntos de acción, no les falta nada. Y, el clímax de todo: la salvación sólo es posible si se hace lo que los activistas dicen. No ponerles atención es igual a condenar a la humanidad a su cataclismo final.

Recientemente, en los EEUU, se dio el caso del “precipicio fiscal”. La frase es muy afortunada, parte del marketing: contagiosa, descriptiva, apocalíptica. Conducente a concluir que si no se hace tal cosa, sucederá una hecatombe.

Toda la idea de este tipo de “venta de cataclismos” es persuadir de hacer lo que los expertos dicen. Expertos que tienen una agenda política que buscan establecer.

Nuestros tiempos de demasiada televisión y poco seso son propicios a este tipo de estrategia de persuasión. No es difícil sucumbir a ideas exageradas que llaman la atención por extremas y que se presentan con frecuencia de manera simplificada.

Tome usted, por ejemplo, la noción de que la pobreza es cada día mayor en el mundo, que el número de pobres crece y crece sin remedio. O que desaparecerá el oso panda.

Sobre esa “idea cimiento”, es posible construir una campaña de marketing con imágenes poderosas de casos en Eritrea, Sudán, o donde se quiera, que adornadas con unas pocas cifras, persuadan al público de justificar los planes de, por ejemplo, la ONU.

Este es el objetivo último, persuadir de hacer lo que dice la ONU, o que filma Al Gore, o quien sea, el resto es la “venta de cataclismos”.

El uso y abuso de este tipo de estrategia de persuasión tiene su efecto. Crea en las personas un sentido de desesperanza pesimista. Todo está mal, nada está bien, las cosas han empeorado, nada mejora.

Esta desesperanza impide siquiera aceptar que es lo contrario lo que sucede, que efectivamente sí mejoran las cosas, que hay menos pobres que antes, por ejemplo. O que las temperaturas de la tierra han registrado una reducción.

Esto es lo que creo que bien vale una segunda opinión. La creación de una opinión pública refractaria al optimismo y a los datos positivos.

Esta mente aceptará sin cuestionar todo lo que signifique un empeoramiento de la vida, así sea lo más exagerado y falso… pero rechazará toda información positiva, por razonable y cierta que sea. Quizá sea como una obsesión por lo fatal e irremediable, que no admite alegría alguna.

Muchas veces, para persuadir a alguien se acude a exponer las consecuencias de sus acciones. Por ejemplo, si los gobiernos siguen adquiriendo deudas llegará un momento en que no las puedan pagar. Es cierto esto, pero usualmente no utiliza imágenes de escenarios futuros en los que se muestra a New York inundado por razones de deshielo polar.

Una cosa es explicar consecuencias y otra muy distinta crear apocalipsis eventuales.

Regreso a mi punto, el efecto de la acumulación de escenarios apocalípticos inevitables a menos que se sigan las órdenes de los expertos.

Es esa consecuencia de la generación en la persona de una mentalidad de desesperanza y angustia, en la que poco o nada hay de optimismo. Esto tiene efectos, como el deseo de no tener hijos, pues, se razona, sería irresponsable traer vida a un mundo tan miserable.

Y es que cuando uno se siente desahuciado y sin remedio, todo se cree, todo se acepta, no importa lo irracional que sea, ni las consecuencias que tenga. En esta situación, el futuro deja de tener sentido y el espíritu se regodea en la desesperación de lo inmediato.

Es un padecimiento de nuestros tiempos esta “venta de hecatombes” que tiene fines de persuasión política para hacer lo que ordene quien ha creado el escenario apocalíptico.

No es casualidad que en estos tiempos los gobernantes hayan adoptado con claridad el papel de salvadores de la humanidad, los poseedores de los secretos que podrán evitar el apocalipsis en cuestión. El desahuciado a quien ha abandonado toda esperanza estará dispuesto a creerles todo.

Post Scriptum

Una instancia fascinante de la “venta de apocalipsis” está bien ilustrada en un texto reciente de The Spectator, donde se publicó que:

It may not feel like it, but 2012 has been the greatest year in the history of the world… Never has there been less hunger, less disease or more prosperity… people are being lifted out of poverty at the fastest rate ever recorded. The death toll inflicted by war and natural disasters is also mercifully low. We are living in a golden age.

To listen to politicians is to be given the opposite impression — of a dangerous, cruel world where things are bad and getting worse. This, in a way, is the politicians’ job: to highlight problems and to try their best to offer solutions…

Nótese la mención de la clase política, cuya misión es hacernos ver lo malo, no lo bueno. Son ellos los principales vendedores de apocalipsis.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Pronósticos.

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