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¿Qué son prejuicios? Definición, tipos. Algo que tiene su antídoto, que es la verdad. Algo que es voluntario y tiene varios motivos.

Introducción

La idea es de H. Hazlitt y tiene su punto culminante en una sugerencia: para evitar los prejuicios es necesario ponerse en búsqueda de la verdad.

Si esto se hace, los prejuicios desaparecerían. Si los padecemos es por una cosa sólo, ellos son voluntarios.

Prejuicio suele confundirse con intolerancia. Son diferentes. Se puede tener prejuicios sin ser intolerante y viceversa.

Quien piensa que su país es el mejor del mundo por haber nacido en él, tiene un prejuicio, pero no es intolerante si acepta que otro piense lo mismo de otro país.

Pero puede serse intolerante sin tener prejuicios, como cuando tiene una cierta opinión, la que sea, y se desea que quien tenga la opinión opuesta le sea impedido el expresarla.

Más aún, contra lo generalmente creído, el prejuicio tiene poca relación con lo verdadero o lo falso. El carecer de prejuicios no hace que las opiniones sostenidas sean verdaderas. El tener prejuicios, por su lado, no significa necesariamente estar equivocado.

Así comienza el examen de Hazlitt sobre los prejuicios.

Prejuicios, definiciones insatisfactorias

Una definición de diccionario, dice Hazlitt, indica que prejuicio es una opinión sostenida sin base, sin conocimiento suficiente.

Pero esto no basta, dice también el autor. Alguien puede tener una opinión formada sin conocimiento adecuado y aún así no tener prejuicios. Con la condición de estar dispuesto a cambiar de opinión frente a nueva información.

No es infrecuente, además, que cada uno piense haber basado sus opiniones usando conocimientos suficientes. Las personas dirán que sus opiniones tienen bases sólidas, aunque carezcan de ellas.

En conclusión, las definiciones son insatisfactorias. Es mejor camino el señalar varios tipos de prejuicio y sus causas. Esto da un mejor conocimiento de la naturaleza de los prejuicios.

Prejuicios, sus tipos

¿Qué es un prejuicio? Para saberlo puede verse un tipo de prejuicio: el basado en el amor o deseo de tener una opinión personal. Tener una opinión propia, querida y estimada, y esto tiene tres motivos.

Motivo: beneficio personal

Querer que una opinión sea cierta porque eso representa un beneficio personal.

Un caso diáfano es el de quien usa una medicina para adelgazar milagrosamente encontrando toda una serie de argumentos que lo apoyen. Va a opinar bien de esa medicina, no por conocer sus propiedades, quizá inocuas, sino por estar convencido que ella le da una cura.

Hay ocasiones menos claras, como el caso de la oposición al comunismo sostenida por un millonario. No por su conocimiento del comunismo, sino por la pérdida que él teme de su fortuna personal bajo ese sistema.

Igual que la opinión sostenida por un pobre en favor del comunismo, sin tener idea de lo que es, sino por creer que bajo ese sistema recibirá bienes.

Más aún, el ignorar algo nos predispone contra eso, lo mismo que saber algo nos predispone a su favor.

Quien ha leído literatura clásica, por ejemplo, favorecerá el que existan cursos sobre la materia. Y lo opuesto, el que nada sepa de eso se inclinará a no tener clases obligatorias con ese tema.

Un paréntesis

En los casos anteriores, como en los que siguen, no se usan las razones reales de la opinión propia, se usan las que sean, pero no las reales.

Y seguramente no se es consciente de la verdadera causa por la que se sostiene tal o cual opinión. No se salvan de esto los filósofos ni los hombres de ciencia, dice Hazlitt.

Motivo: ya existe la opinión

Querer que una opinión sea cierta porque es la que ya se tiene. Son las opiniones formadas sobre conocimientos limitados, pero que se defienden con gran insistencia.

Hay dos razones por las que esto sucede.

• Una es el saberse que alguien sostiene una cierta opinión y, si la cambia, se dirá que ha admitido estar equivocado y podrá acusársele de ser inconsistente y endeble.

Para no recibir esos calificativos, no se cambia de opinión. A pocos les agradaría reconocer públicamente que se han equivocado.

• La otra razón es el pesar interno que se tendría al cambiar una creencia que ha sido sostenida tenazmente por largo tiempo.

Si la causa anterior es externa, la opinión de otros, sobre un cambio de opinión, esta causa es interna. La pena de abandonar una creencia amada a la que se ha habituado la persona.

Motivo: no querer cambiar

Querer que una cierta opinión sea errónea porque de lo contrario tendría que cambiarse la opinión propia. O bien, querer que una cierta opinión sea verdadera porque eso implicaría que otras opiniones propias también lo son.

En tiempos actuales, por ejemplo, sería difícil que un partidario del aborto acepte que la vida inicia desde el momento de la concepción, pues eso debilitaría su posición.

Esto puede tener dos causas:

• Uno es el prejuicio formado sin pensar, con opiniones prestadas. Hazlitt cita el caso de las opiniones en contra del libro de Darwin. Las sostenidas por personas que ni siquiera han leído el Génesis, pero lo han tomado dogmáticamente.

• El otro es el de opiniones a las que se teme y que están basadas principalmente en evidencias. No es el buscar explicaciones alternas a las evidencias, es el deseo de suprimirlas porque contradicen lo pensado.

En tiempos actuales quizá pueda usarse el ejemplo de querer suprimir evidencias que contradigan el cambio climático causado por la acción humana.

Los prejuicios son voluntarios

Sigue Hazlitt diciendo que si se tienen prejuicios, la real causa de eso es que no quieren abandonarse. La única manera de deshacerse de los prejuicios es convencernos de la superioridad de la verdad.

Convencernos de que las opiniones verdaderas son más convenientes. Aceptar que lo que vale no es la opinión propia sino la opinión verdadera.

Si se tienen prejuicios, hay otros motivos más.

Imitación y miedo

Este es el sostener las opiniones de los que nos rodean por temor a estar en desacuerdo con ellos. Es el miedo a ser vistos como distintos al grupo al que se quiere pertenecer.

Viejo contra nuevo, y miedo

El miedo a opiniones viejas, las que difieren de las opiniones actuales y modernas.

No son prejuicios que solo sufra el hombre común. También los padecen los pensadores e intelectuales, los que siguen las más recientes corrientes de ideas ignorando sin causa lo que ven como anticuado.

Es este tipo de prejuicio el más común y el de mayor dificultad para evitar. Requiere valor moral el oponerse a las ideas de moda, pues quien lo haga recibirá insultos y desprecio, aunque en realidad se trate de una bendición enorme.

Imitación al revés

Hay otro tipo de prejuicio de imitación, que funciona en sentido inverso. Es el prejuicio que se basa en la exigencia de ser distinto.

Una defensa de lo diferente sólo por serlo, sin que exista búsqueda de la verdad. La posición del radical que sólo busca chocar con otros, y que suele convencerse de sus propias opiniones.

Es un mal deseo deseo de originalidad que sólo puede curarse con sinceridad propia. Querer buscar lo radical y lo original lleva a no encontrar ni lo radical ni lo original, pero tratar de buscar la verdad llevará, después, a la originalidad.

Por lo tanto

El gran rasgo de los grandes pensadores es su libertad con respecto los prejuicios de su tiempo y lugar. Para hacer esto deben tenerse opiniones en continuo examen, siempre vigiladas, termina diciendo el autor.

La gran idea es la naturaleza del prejuicio como una decisión voluntaria, por el motivo que sea y hay muchos. El antídoto es la aceptación de la verdad.

Nota del Editor

La idea fue encontrada en Hazlitt, H. (2009). Thinking as a Science. General Books, pp 33-39. La edición es producto de la lectura óptica del original, de 1916.

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