Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué es División del Poder?
Leonardo Girondella Mora
2 septiembre 2013
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


La clave del gobierno democrático es con frecuencia confundida, creyéndose que radica en el voto mayoritario para la elección de gobernantes —cuando el voto es sólo uno de los varios mecanismos que se tienen para lograr la esencia democrática: la división del poder para minimizar sus posibilidades de abuso.

En lo que sigue, expongo los mecanismos de división del poder en una democracia, para al final, poner la atención en un error actual que viola esa división del poder.

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En una democracia, el poder gubernamental se divide con varios mecanismos que lo fragmentan:

• División de poderes políticos funcionales: el gobierno fragmenta su poder en tres funciones —legislativo, judicial y ejecutivo que entre sí forman pesos y contrapesos.

• División de poderes políticos territoriales: el gobierno fragmenta su poder geográficamente en estados/provincias/comunidades/municipios/condados, con gobiernos propios también divididos funcionalmente.

• División de poderes temporales: el gobierno fragmenta su poder en el tiempo, por medio de elecciones que cambian a los gobernantes periódicamente.

La división del poder político en una democracia tiene, por tanto, esas tres dimensiones: funcional, territorial y temporal —y puede entonces verse que el voto es sólo una de las maneras de fragmentar o romper el gran poder que tiene toda autoridad política.

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Pero, el principio de la división del poder no se detiene en el campo político, sino que abarca a toda la sociedad —con otra faceta de la separación de poderes que es la que apunto en lo que sigue:

• División del poder económico, la que está basada en el mismo principio de fragmentar para evitar abusos y que impide a los gobiernos poseer empresas (especialmente empresas vitales) —si esto sucediera se acumularía demasiado poder en el gobierno, igualmente reprobable que el unir al poder legislativo con el ejecutivo.

Dentro de la esfera económica, se tiene un sistema de fragmentación que rompe el poder económico por medio de competencia —es decir mercados libres y libre comercio.

• División del poder político —lo que ya traté con la fragmentación funcional, territorial y temporal.

• División del poder cultural, igualmente basada en la idea de fragmentar, evitar concentraciones de poder y, por eso, minimizar abusos. En este campo, es donde se aplican las libertades de expresión, de educación, de religión y el resto de ellas.

La división cultural del poder es lo que hace indebido, por ejemplo, la existencia de medios gubernamentales de comunicación, como periódicos —como también, hace positiva la separación iglesia-estado y deja en libertad a la persona para practicar las creencias que desee.

La norma es sencilla: no unir a los poderes económicos con los políticos, ni a los políticos con los culturales.

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Llego ahora al punto que dije contiene la posible miopía liberal cuando, sin darse cuenta de ello, se propone la unión entre parte del poder cultural y el poder político —una situación indebida que viola el principio de la división del poder en una sociedad.

Sucede que algunos liberales —especialmente los más extremos de ellos— proponen ideas como, por ejemplo, el matrimonio de personas del mismo sexo, o el aborto y buscan que ellas sean legalizadas y legitimizadas por el gobierno.

En casos como estos, el liberal descuidado comete el error al que tanto teme, la acumulación del poder moral al poder político.

Para explicar esto, es necesario remontarse a la deseable separación de la moral y el gobierno, lo que es una defensa de libertades y derechos —los que nacen en esferas en las que el gobierno no tiene poder y donde se define lo bueno y lo malo.

Cuando el gobierno tiene el poder para determinar la ética se acumula demasiado poder en él —un poder mayor aún que el logrado en el caso de tener el poder económico.

La moral o ética en una sociedad está formada por una variedad de fuentes que la han formado, especialmente dos de ellas: las normas morales que las iglesias han propagado y las normas éticas que ha formado la tradición acumulada. Campos en los que la autoridad no puede intervenir sin violar los principios de la división del poder.

Este es el error que cometen algunos liberales —y en general, los progresistas—, el de sin darse cuenta del efecto neto de lo que proponen, sugieren que se traslade la moral/ética al gobierno y sea el gobierno el que defina por medio de la ley lo que es bueno y es malo.

En lo personal, me parece increíble este error de algunos liberales, los que no se dan cuenta que al proponer legalizar medidas como el matrimonio homosexual o el aborto están dando al gobierno al que tanto temen un poder extraordinario.

Nota del Editor

El punto central de la columna es uno que comparto con su autor. Conozco y he leído a liberales que cometen ese error de acumular poder en el organismo al que más temen, el gobierno.

En una exageración de su laicismo quieren quitar poder a las iglesias sin darse cuenta que ellas son un contrapeso a los abusos de poder posibles en un gobierno.

Y es que, en verdad, para muchos que apoyan la separación iglesia-estado resultará sorprendente que si de esa ecuación retiran el término “iglesia” se quedarán sólo con “estado”.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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