Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué Significa Amar?
Leonardo Girondella Mora
20 junio 2013
Sección: ETICA, Sección: Análisis
Catalogado en:


“Amor” es una de las palabras más usadas —una de las que puede decirse que no hace falta definir, que todos conocen su significado.

Cuando sucede eso, es siempre un buen ejercicio el explorar su definición real —que es lo que hago a continuación en los puntos siguientes, intentando obtener el significado de amor por medio de sus elementos.

• El más obvio —y menos reconocido— de los elementos del amor es el ser un acto voluntario, consciente e intencional. Es el producto de una decisión de conducta que se realiza.

La persona decide amar, igual que decide otras acciones, como salir a trabajar, ponerse a estudiar —es decir, de entre los varios posibles cursos de acción, la persona concluye que el mejor de todos es amar y eso hace realizando conductas específicas que son amorosas.

• Amar es una decisión renovada en cada momento —como lo son el resto de las decisiones tomadas por las personas que deciden cada mañana levantarse y salir al trabajo, o a hacer ejercicio.

La persona, cada día y cada momento, tiene la posibilidad de amar o de no hacerlo —su decisión de ayer, o de hace un instante, no significa que seguirá siendo la misma que la siguiente.

• No es un sentimiento, ni una emoción solamente —pues los sentimientos son difíciles de controlar y pasajeros, con el riesgo de poderse confundir con amor.

La persona puede sentir emociones como atracción o antipatía, repulsión o afinidad, hacia otros y confundirlos con amor u odio —igual que puede confundir simpatía, afecto, apego y hasta pasión.

• Tiene como referencia a terceros, que son el objeto del amor. Necesariamente es una decisión libre que regula el trato con otros a quienes se decide amar o no. La persona que ama es el sujeto de la decisión y las otras personas son su objeto, esos hacia los que se dirige la acción.

Es un elemento de relación mutua y que altera la manera en la que las personas se tratan unas con otras —ya sea amándose, ignorándose, u odiándose, en una gama infinita de gradaciones.

• Amor tiene una consecuencia de elevar el nivel del otro frente a la propia persona. Este es un elemento de amor por el que la persona que ama coloca a la persona amada en un plano superior al propio —lo que lleva a hacerle preferir el bien del otro que el propio.

La persona, por medio del amor, invierte las prioridades que se esperarían de una persona primariamente preocupada por sí misma —y coloca su prioridad de conducta en el bien de la otra persona, antes que en el suyo.

• Amar encierra actitudes en relación con el trato con otros —el amor presupone formas de trato entre personas que pueden comprenderse bien con otras palabras, como respeto, atención, buen trato, y en general eso que puede llamarse consideración hacia los demás.

La persona que ama incorpora en sus actos el efecto que ellos tienen en otros —intentando al menos que no los dañen e idealmente que sean de beneficio a ellos. El amor es un asunto de prioridades en las acciones propias y que tiene como principio general el buscar el bien del otro.

• Hay intensidades variables en el amor y se manifiestan en grados que van desde el respeto hacia otros, pasando por la amistad, hasta llegar a la exaltación máxima de querer pasar la vida entera junto a la persona que se ama —que es la única posible que justifica la intimidad física.

Todas esas intensidades son amorosas cuando son decisiones voluntarias, libres y renovadas en cada momento, frente a cada situación específica.

• Hay en el amor una actitud general de perdón, o tolerancia frente a las faltas y errores de los otros —algo como un elemento del amor que dispensa o condona lo que puede verse como falta de amor del otro.

La persona, por causa de su amor al otro, está dispuesta a ignorar o eximir la culpa ajena —aunque la vea y se sienta lastimada, la persona estará dispuesta a perdonar.

• Otro elemento del amor es su sensibilidad especial al enfrentar situaciones en las que otros padecen algún mal y que lo mueve a quererlos ayudar —como cuando alguno padece una enfermedad, vive en la miseria, o sufre alguna otra calamidad.

• Finalmente, el amor tiene un elemento de profundidad que es admirable —supera él las apariencias visibles y físicas de las personas, yendo al nivel más hondo de su ser. De nuevo, esto muestra que el amor es una acción consciente, intencional y voluntaria, no un sentimiento.

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Los elementos anteriores son esenciales a eso que se llama amor —y permite tener una idea razonablemente exacta de su significado y definición. Quizá lo más notable de todos ellos sea su naturaleza voluntaria y libre, no un producto emocional, ni pasional.

No digo que no intervenga algún componente emocional, sino que él juega un papel claramente secundario positivo —y si acaso es negativo, como cuando se odia a alguien, el amor doblega a ese odio y logra hacer amar a quien de otra manera se despreciaría.

Finalmente, conviene tratar los tres tipos de amor que corresponden a los tres términos griegos: Eros, Philia y Agape.

El primero, Eros es claramente sexual, pero no se trata de lujuria, ni de búsqueda egoísta de placer propio, sino más bien de una manifestación de amor mutua en ese terreno.

Cuando no hay esa manifestación sexual, se tiene Philia, la que corresponde a lo que llamamos amistad.

Agape es algo que corresponde más a un amor compasivo, caritativo, definitivamente altruista y que tiene un claro contenido de sacrifocio personal para el bien del otro.

Estos tipos de amor hacen posible entender la esencia no sexual del amor —sino de consideración frente al otro y con un contenido de trato digno. Entonces es que será posible comprender al sexo como una manifestación de amor, como decisión libre propia, no como la satisfacción de un instinto con alguien al que se ve indignamente, como una herramienta.

Addendum

Lo que he querido hacer es encontrar una definición de amor por medio de sus elementos —para encontrar de esta manera qué significa amar y enfatizar ese elemento que choca contra una distorsión en su significado.

Es común, en mi experiencia, tener una idea desorientada del amor —un entendimiento engañoso de su significado, al quererlo hacer equivalente a una pasión, un delirio que desordena la vida. Esto haría del amor algo ingobernable, sujeto a vaivenes enredados y cambiantes.

Peor aún es la equivocación que desconcierta el real significado del amor cuando se le entiende como atracción que desea culminar en un acto sexual —y que no pasa de lo físico ni de las sensaciones biológicas.

Nota del Editor

La idea central de la columna de Girondella es la misma que se menciona varias veces en el libro de Trese, L. J., The Faith Explained (2000, 3 ed., Scepter Pubs). Por ejemplo, en la página 423 dice,

“Podemos alcanzar un alto grado de crecimiento espiritual sin tener palpitaciones del corazón, sin experimentar ningún momento de dulce éxtasis, Es lo que estamos dispuestos a hacer por Jesucristo, no qué sentimientos tenemos por él, la prueba de ácido de nuestro amor por Él” (traducción mía).

Es igual también al punto de partida de una de las ideas de C. S. Lewis sobre el matrimonio.

Y, por supuesto, “Les doy un mandamiento nuevo: que se amen unos a otros; como yo los he amado. En esto reconocerán todos que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan unos a otros” (S. Juan, 13, 34-35). Sólo puede ser un mandamiento aquello que en lo que se es libre de hacer o no.

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