Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Quién es el Que Sigue?
Eduardo García Gaspar
2 septiembre 2013
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La situación de Siria es una repetición del caso de la anciana de Siracusa.

Algo que, se cuenta, sucedió hace siglos. Los tiempos del tirano Dionisio, cruel y despiadado.

Es igual a la situación reciente en Egipto y en Venezuela. Es la pregunta que más inquieta, la de quién es el que sigue.

En breve, la historia de Dionisio y la anciana, ilustra. Mientras que todos en Siracusa odiaban al tirano y deseaban su muerte, la anciana era la única que pedía a los dioses una larga vida para Dionisio.

La anciana se hizo famosa por ser la única que pedía larga vida para el tirano, tanto que el mismo Dionisio la mandó llamar para saber la razón.

Ella se explicó:

“Cuando era niña había un tirano y pedíamos a los dioses que muriera y murió. Subió al poder otro tirano que resultó ser peor y, de nuevo, rogamos a los dioses que muriera. Y murió, pero llegó otro tirano que resultó aún más cruel que los dos anteriores. También pedimos que muriera y murió, y fue cuando Dionisio subió y resultó ser peor aún. De allí que ruegue por su vida, para que no suba otro incluso peor”.

La historia la leí en una obra de Santo Tomás de Aquino (1225?-1274) y contiene su sabiduría, con el mérito de hacer que cualquiera entienda el peligro central en la política, el arribo de alguien aún peor que el anterior.

Por ejemplo, tome usted a Siria. No hay duda de la maldad de su gobierno y de lo deseable que sería un cambio en ese país.

La clave está en la palabra “cambio”, sobre todo en el darse cuenta de que un cambio puede ir en dos direcciones. Podría mejorar, pero también empeorar, Y generalmente no se sabe qué camino tomará.

El fenómeno es propio de regímenes personalistas, de poder concentrado. Sucede allí porque su sistema no anticipa cambios de gobierno. Piense usted, por ejemplo en Corea del Norte, en Mugabe en Zimbabwe, en el sistema de Arabia Saudita, de Cuba, de Mianmar.

Por supuesto, el mundo sería mejor si esos gobiernos, sin esos dictadores. Piense usted en Stalin y será como para poner la piel de gallina.

Esos y otros muchos casos ponen la pregunta sobre la mesa, la de quién es el siguiente. Es la pregunta que aplica a Bashar al-Assad en Siria, la misma de Mubarak en Egipto.

El deseo de actuar derrocando a un gobierno, por tanto, tiene dos facetas estratégicas.

Primero, las probabilidades de ser exitoso en ese derrocamiento y hacerlo de manera contundente. Su derrota tiene que ser total. Segundo, la anticipación de las consecuencias de el vacío de poder que se presenta.

Es así como se ve la sabiduría de la anciana de Siracusa. Ella ha vivido la tragedia de cambios de gobierno, cada ver peores. Y esa eventualidad debe preverse, el llenado del vacío de poder.

Sí, habrá un cambio, pero no basta, es necesario tener altas probabilidades para tener una situación mejor que la de antes.

La pregunta es quién sigue a Bashar al-Assad y si el siguiente será mejor. Es la gran duda del revolucionario que persigue derrocar a su gobierno. Suele él centrarse en el objetivo único del derrocamiento, olvidando que lo más importante es el gobierno que sigue. Olvidando que el punto más débil es siempre ese momento en el que no existe un gobierno.

Es un punto en el que todo puede suceder y las puertas de abren para todos los que consideran al poder como una atracción irresistible.

No hay mejor oportunidad que ésa, especialmente para quienes tienen parecido con el gobierno anterior y que resultarán iguales o peores.

Eso es lo que creo que bien vale una segunda opinión, la de la segunda parte de la gran estrategia que sigue al derrocamiento de un mal gobierno. Es donde la democracia tiene una superioridad incuestionable por haber fijado las reglas de cambio de gobierno, de manera tal que ello sucede y todo sigue como el día anterior.

La gran diferencia, por tanto, radica en esas reglas de cambio de gobierno. Donde ellas existen y son respetadas, el peligro del vacío de poder es inexistente. Pero es real en el caso de dictadores que por su naturaleza misma no admiten la posibilidad de retirarse del poder. Es el problema de la transición del poder.

Post Scriptum

Véase La Anciana y el Tirano,

Hasta donde he leído, la intención de una intervención militar en Siria no tiene como propósito explícito un cambio de gobierno, pero sí debe considerarse que dadas las luchas internas en ese lugar, ésa sería una consecuencia posible.

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