Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Remedios Inmediatos, Mágicos
Eduardo García Gaspar
12 septiembre 2013
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las celebridades tienen su encanto.

Usualmente reciben la atención de los medios, como si ellas fueran noticias de interés.

Y uno se encuentra con publicaciones fascinantes.

Esas que reportan que “Pepe Pérez se divorció de Pepita Hernández, pero que ya tiene nueva pareja con Pepita García”.

Fascinantes porque no se sabe quién es ninguno de ellos tres, ni qué les hace suponer que su vida privada deba ser conocida.

La cosa se pone aún mejor cuando el atrevido reportero inquiere sobre las opiniones de la celebridad. Y los interroga sobre, por ejemplo, sus opiniones políticas.

Hace ya tiempo encontré es una de esas publicaciones algo que me confirmó que el talento mostrado por esas celebridades puede venir en dosis homeopáticas.

Fue cuando una de ellas manifestó que la deuda de los países pobres debía ser perdonada. Sí, que esas deudas se condonaran.

La idea es un ejemplo de lo que podemos llamar “el remedio mágico inmediato”.

Esos países tienen una deuda y deben pagarla, pero su situación es mala y, por ser países pobres, se sugiere lo inmediato: anular la deuda. Es el tipo de solución que se tiene en otros casos, como la de que un gobierno gaste para reanimar a la economía.

No es necesario saber algo de economía, ni de finanzas, para hacer esas recomendaciones.

¿Tienen un problema de deuda? No importa, si la cancelan todo se solucionará. Es lo mismo que piden los partidarios de repudiar deudas nacionales, dejar de pagarlas y ya.

Estos remedios mágicos e inmediatos tienen, por supuesto, un efecto inmediato que es positivo. Un país que ya no tenga que pagar su deuda evitará un gasto importante y podrá usar esos recursos en cosas internas de beneficio general (que era el mismo objetivo de los créditos que recibió).

Pero la vida enseña que hay otras cosas que deben considerarse.

Por ejemplo, el repudio de una deuda seguramente afectará al país en sus tratos internacionales. Será visto como menos estable, menos propicio a inversiones y, claramente, un peor candidato a préstamos futuros. Las tasas de interés en préstamos que pida serán mayores y los plazos más cortos. No son buenas consecuencias.

El tema bien vale una segunda opinión por la naturaleza de los remedios mágicos e inmediatos. Siendo su efecto positivo en el corto plazo, ellos tenderán a ser favorecidos por los gobernantes, quienes tienen períodos de gobierno igualmente cortos.

Un repudio de deuda, por ejemplo, hará que el gobernante hoy tenga una buena oportunidad de popularidad y mejora del bienestar general.

Pero en el largo plazo, las consecuencias del repudio no serán sufridas por él, sino por sus sucesores. Él ya salvó su gobierno y el costo será pagado por los siguientes. Lo mismo que sucede con la creación de dinero, que al principio crea prosperidad, pero más tarde inflación y crisis.

La cosa empeora por un fenómeno que crea el tiempo transcurrido. Conforme más tiempo pase entre una acción y sus consecuencias, será más difícil ligar las consecuencias a la acción que las originó.

Cuando después de años, el país pueda obtener préstamos, pero a tasas mayores y períodos cortos, pocos verán que la causa de eso fue el repudio de hace ya años, con otro gobierno.

Puede ahora comprenderse el peligro real de la solución mágica inmediata: la separación del efecto con su causa por motivo del tiempo transcurrido entre ambos.

Fomente usted los créditos hipotecarios, reduciendo tasas, relajando requisitos, y tendrá de inmediato y por buen tiempo un boom gozoso. La crisis posterior no será claramente asociada con la causa inicial. Muchos años pudieron haber pasado.

Becker, G. S., y Nashat, G. (1997, The economics of life. New York: McGraw-Hill, pp. 227), señalan que”los beneficios sociales del gasto de gobierno son a menudo menores que los costos sociales de los impuestos y regulaciones que lo pagan”.

Puede entenderse lo mismo: el beneficio inmediato de una medida gubernamental se nota con facilidad pasmosa, pero el daño posterior no se adjudica a la causa que lo originó.

Esto a su vez tiene otra consecuencia: los remedios a los problemas que se presenten tendrán con frecuencia un diagnóstico erróneo. Sus causas reales no serán identificadas correctamente y esos remedios volverán a crear problemas, quizá mayores.

Este es el problema de las soluciones mágicas y inmediatas.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre casos como éste en ContraPeso: Bobadas.

La idea de F. Bastiat sobre el mal economista siendo ése que no atiende a los efectos posteriores de sus acciones, resume admirablemente lo que he dicho. Un buen economista considera no sólo los efectos inmediatos, sino muy especialmente los posteriores.

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