Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Respetar Opiniones, sí y no
Leonardo Girondella Mora
13 junio 2013
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


“Demuestra respeto por las opiniones ajenas, jamás digas a alguien que está equivocado”, Dale Carnegie, citado en frasecelebre.net.

Decir que las opiniones son respetables —todas ellas— es una de las frases más repetidas cuando se enfrentan opiniones diferentes. Sin embargo, la norma de respetar las opiniones ajenas es demasiado vaga y, por eso, inservible.

¿Se tiene la obligación de respetar lo que digan los demás? La única manera de contestar una pregunta tan poco específica es responder, sí y no, todo depende.

En lo que sigue examino esto de manera analítica.

¿Existe una obligación de respeto en la expresión de opiniones? Hay dos respuestas posibles.

• Si el respeto se dirige a la persona que ha expresado la opinión, la respuesta es positiva —sí se le debe tener respeto a ella, es decir, debe ser tratada como uno quisiera serlo al expresar la propia.

Es un asunto de simple lógica que se relaciona con la persona humana en sí misma. Es lo que lleva a la norma de comportarse correctamente con quien expresa sus opiniones —y prohibe, por ejemplo, agarrarla a golpes, insultarla, amenazarla. Es lo que manda a la cortesía y la amabilidad.

• Si el respeto se dirige a la opinión en sí misma, desligada de la persona, no hay una obligación de respeto en el sentido de considerarla honorable, distinguida, ni calificada —si es que no lo es.

Una opinión errónea, equivocada, mal sustentada, no es respetable en sí misma. Respetar esa opinión es considerarla valiosa, cuando no lo es —una posibilidad que lleva a considerar si se debe corregir el error o dejarse existir.

La idea de respetar la opinión errónea de otros ha sido tomada como una modalidad de la buena educación. Una frase de José Saramago ilustra bien esta modalidad:

“He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro”.

En realidad no es tan sencillo como eso —lo que lleva a la plantear la obligación de si debe o no dejarse en el error al otro. Según Saramago, en esa frase, debe dejársele como está, sin siquiera intentar ayudarle en nada. Eso, me parece, es demasiado indiferente e insensible.

El principio que creo que debe dominar es el de ayudar a otros —una consecuencia de la caridad y la compasión. Si se ayuda monetariamente a un pobre, es difícil justificar que no se ayude a quien está en el error.

A ese principio general de ayuda, sin embargo, debe agregársele otro igual de importante —me refiero a la prudencia, la que podrá hacer en ciertos casos dejar en el error al otro, o buscar un momento posterior para hablar, o cualquier otra posibilidad que sea juiciosa.

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Mi conclusión es muy directa: (1) debe respetarse a la persona que expresa una opinión, pero (2) eso no significa que su opinión sea valiosa, ni digna de respeto, ni correcta.

La situación de una persona que expresa una opinión errónea pone sobre la mesa un dilema —el de si existe la obligación de corregirla, de hacerle ver su error. Es mi creencia que sí existe y que esa obligación está justificada por el respeto que se debe a la persona, que significa el deber de ayudarla.

Y, por último, cuando se explica a la otra persona su error, existen obligaciones de buen trato, urbanidad, sustentación lógica y razonamiento claro —incluyendo la posibilidad, por prudencia, de abstenerse de corregir el error.

Addendum

Mi preocupación es la indiferencia a la que por necesidad lleva la exaltación desmedida de la tolerancia. Creo que este peligro está bien representado en la cita siguiente:

“El respeto hacia los demás incluye el derecho a tener opiniones y valoraciones diferentes, el respeto hacia la pluralidad. Vive y deja vivir. No tenemos derecho a juzgar a los demás, entre otras razones, porque no disponemos de toda la información” Carlos Benítez Villodres.

En ese respeto que se debe a otros, cuando se interpreta como vivir y dejar vivir, como no juzgar, surge sin remedio la indiferencia ante el otro —es un llamado al egoísmo que considera virtuoso no ayudar a otros, ser ajeno a su vida y tomar a la propia como la única realmente importante.

Nota del Editor

Girondella presenta una paradoja fascinante: Mientras que a todos parece un deber el ayudar a personas que se encuentran en pobreza, no a todos parece un deber ayudar también al que se encuentra en una situación lastimosa, como por ejemplo, al sostener una opinión errónea o al menos con necesidad de un punto de vista adicional.

Si hay una obligación de ayudar a otros, ésta no está limitada a asuntos de ayuda material, también incluye asuntos de opinión.

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