Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Samaritano Equivocado
Eduardo García Gaspar
28 enero 2013
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un asunto sentimental. Emotivo y sensiblero en ese sentido en el que todo lo demás se oscurece.

No es infrecuente. Suele ser, en realidad, la regla en muchas opiniones personales y en muchos actos de gobierno.

La siguiente historia ilustra lo que quiero decir.

El gobierno mexicano ha implantado un seguro médico universal.

Todos serán atendidos sin costo, o con costo casi inexistente.

El anuncio se recibió en medio de aplausos. Fue considerado un logro social. Se le vio como la implantación de un derecho social inalienable. Muy pocos fueron los que lo vieron con sospecha. Entre ellos yo.

Y cuando me atreví a decir mi opinión, fui acusado de insensibilidad. ¿Cómo me atrevía yo a condenar a la enfermedad a millones de personas?

No es para tanto. La verdad es que no quiero condenar a nadie a dejar de recibir atención médica. Lo que quiero intentar es dejar de lado a los sentimientos y examinar siquiera un poco la realidad. Empecemos por el principio. No es difícil.

Supongo que todos estaremos de acuerdo en una cosa simple: tenemos obligaciones con el resto de las personas.

Es lo que en el Cristianismo se llama amar al prójimo. Incluso los no cristianos están de acuerdo. Si alguna religión se opone a este principio, quizá podría dejar de considerarse religión. Esa obligación es de cuidado, atención, compasión, amor.

Y sí, sí incluye eso que podemos llamar atención médica. No hay duda. La razón es simple: somos seres humanos y eso nos da un valor.

Muy bien, hasta aquí no hay problema alguno. Solamente algún disparatado negará que todas las personas tienen dignidad y que por ello tienen derechos y también obligaciones. Esas obligaciones son muy claras y nos mandan a aceptar que debemos ser caritativos y compasivos.

Lo interesante surge ahora.

Esos derechos y obligaciones nos ponen en una situación en la que sería indebido que alguien llegara a nosotros y exigiera que le diéramos dinero para irse de viaje con su familia. Si lo exige con una pistola, se trataría de un simple robo.

En realidad no importa para qué quiere el dinero. Si lo pide por la fuerza, obligatoriamente, eso viola nuestros derechos.

Reunamos los dos conceptos en una sola idea. ¿Tiene alguien el derecho de exigir a otros que cubran los costos de sus necesidades o que se pongan a su servicio sin remuneración? No lo creo.

Usted se reirá si voy a su casa y le pido dinero para pagar mi apendicitis. Mi derecho a la salud, en otras palabras, no puede violar su derecho de propiedad. Es absurdo que para ejercitar un derecho mío tenga que violarse el derecho de un tercero.

Entonces podemos ya ver la trampa en la que caen los llamados derechos sociales. Es tan simple que corre el peligro de no verse. Yo soy una persona y por eso tengo derechos. Uno de ellos es el derecho a la salud, o mejor dicho, a la atención médica. Usted tiene ese mismo derecho que yo porque también es una persona.

La regla del juego es lógica: mis derechos no pueden violar los suyos y los suyos no pueden violar los míos.

Esta es la regla que violan los derechos sociales. Si el derecho a la salud se interpreta como el quitar a unos para atender médicamente a otros, hay una injusticia. Incluso aunque los otros tengan mucho dinero.

Esta es la razón central por la que ese Seguro Popular en México tiene una faceta de injusticia imposible de borrar. Son los sentimientos lo que impiden ver esta realidad.

Alguien puede decir que es imperativo atender a quienes no pueden pagar doctores y tiene razón. Pero va a enfrentarse a problemas cuando proponga que se les obligue a otros a pagar esa atención médica a terceros.

Por querer implantar un derecho, violará otro. La regla de todos con iguales derechos se violará. Es un problema moral serio, del que poca conciencia se tiene.

Si ese alguien me dice que no importa porque el dinero se le quita a los que tienen y se le da a los que pobres, también está diciendo que los que tienen más poseen menos derechos que los pobres. No puede aceptarse esto. Se tienen derechos sin importar la condición personal.

El problema es real y serio. Cierto que se ignora y, por eso, se violan derechos todos los días. Pero existe y debe reconocerse. Sería inmoral e injusto no hacerlo. De lo contrario, estaría justificado el robo. Al Buen Samaritano nadie le quitó su dinero para atender al herido en el camino, él lo hizo por su propia voluntad.

Post Scriptum

Hay varias facetas de inmoralidad en la implantación de medidas como la del Seguro Popular en México.

• Inmoralidad por llevar a la realidad los derechos de unos violando los derechos de otros. Esto es lo que sucede con las políticas distributivas, como cuando la educación de unos es pagada con los recursos de otros.

• Inmoralidad por el uso político que suele darse a los fondos recolectados. El gobernante utiliza el dinero tomado a unos para dárselo a quienes le retribuirán con favores electorales.

• Inmoralidad por trasladar la obligación caritativa de la persona a la autoridad, lo que anula el sentimiento de compasión que todos debemos tener.

• Inmoralidad es la implantación de un sistema insuficiente para financiar todo derecho posible.

• Inmoralidad al habituar a los pobres a recibir, anulando su sentido de responsabilidad y trabajo.

Hay más ideas sobre el tema general en ContraPeso.info: Derechos Humanos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Samaritano Equivocado”
  1. Jesus Dijo:

    En realidad, el hombre virtuoso es un ser muy “raro” en estos días, y es cuando se tiene que hacer uso de la ley, es sabido que si todos tuviéramos las mismas oportunidades físicas y mentales (oportunidades que nos da la capacidad humana por naturaleza), no sería necesario emplear las leyes como cinturones de fuerza para practicar la virtud de la caridad, incluso en los que tienen el poder de ejercer el cumplimiento de las leyes. Creo más bien que aquí lo discutible de esto, es que en realidad se emplea este tipo de actos precisamente para prostituir este tipo de acciones, haciendo o generando vicios.





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