Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sentido Común Económico
Eduardo García Gaspar
12 agosto 2013
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No es fácil, se me dijo, tener sentido común económico.

Las buenas ideas económicas son a veces algo que va contra la primera intuición.

Lo que parece ser el mejor remedio es a veces el peor, y el peor suele ser el mejor.

Al menos si las cosas se piensan bien. Es cierto.

Por ejemplo, los paquetes de ayuda internacional para ayudar a países en crisis económica. La primera impresión es que son positivos.

En realidad no tanto, esos paquetes pueden ser incentivos para evitar aplicar las soluciones correctas a la crisis: privatizaciones, cancelación de subsidios, liberar el comercio, desregular la economía y demás.

Quien ve a los paquetes de ayuda como la salvación, verá también como remedio que el exceso de beber sea remediado con más consumo de bebidas alcohólicas, no con un tratamiento médico. La primera apariencia puede ser muy engañosa.

Igual que con la idea de cancelar deuda externa o repudiarla. Al principio todo será muy bueno, pero luego vendrán créditos más caros, de menor plazo y temor a la inversión. El mismo fenómeno que va contra la intuición simple.

En México, el monopolio estatal de petróleo ha creado la primera impresión de que su propiedad estatal es equivalente a la propiedad de todos los mexicanos. Un argumento nacionalista que va contra la realidad: los recursos sólo pueden ser manejados con eficiencia cuando existen incentivos basados en la propiedad privada.

¿Ve lo que digo? Las buenas ideas económicas suelen ir contra las primeras impresiones, contra la intuición inicial. Y, contra los clisés nacionalistas, los que suelen ser usados para cerrar fronteras a lo importado creyendo que así se defiende a la industria nacional. La experiencia muestra todo lo contrario: la industria progresa cuando hay libre comercio.

Un caso interesante es el del euro. Se me dijo una y otra vez que la integración monetaria era una ventaja, aunque la única que yo veía era la del turista que no tendría que cambiar divisas al ir de un país a otro. Creo que es preferible la competencia, lo que aplica en asuntos monetarios, por eso apoyé al Reino Unido cuando conservó la libra y evitó los problemas de la moneda común.

Hace tiempo, un alumno mío ponderó las ventajas de un sistema central de planeación de la producción. “Así se producirá lo que se necesita”, dijo, “y no habrá desperdicios, lo que es más eficiente”. Por supuesto, eso es cierto en teoría y en esa primera impresión, excepto por un detalle: nadie tiene así el incentivo de saber qué se necesita, ni dónde, cuándo, a qué precio, con qué calidad, ni que innovaciones se necesitan.

Otra cosa frecuente es el mal análisis de fenómenos como las crisis y las burbujas económicas. Todos lo hemos escuchado, es eso de culpar a la codicia de banqueros y empresarios de lo que sea que suceda. De nuevo, esa primera impresión.

Pero si se piensa siquiera un poco, se verá que la codicia es un vicio de todos y existe cuando hay crisis y cuando no la hay. Es una constante fija que por eso no tiene poder para explicar gran cosa. Recuerdo en tiempos de Echeverría, López Portillo y de la Madrid, en México, cuando gente de los medios explicaba la inflación como causada por la codicia del comerciante.

También, en una primera impresión se recomienda que para resolver cualquier problema se emitan nuevas regulaciones, leyes y se funden agencias reguladoras. La evidencia que se conoce indica que esas medidas tienen muy poco efecto, si es que lo tienen, en por ejemplo los precios de la electricidad.

Los medios indirectos, como el fomentar la competencia, tienen más influencia en reducir precios que las regulaciones. La intención de dinamizar a la economía reduciendo tasas de interés por decreto, tiene ese mismo fundamento de la primera apariencia y se escucha con frecuencia. La realidad es que fomentará proyectos incosteables que serán recursos desperdiciados.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es mostrar casos en los que el sentido común económico va contra nuestras primeras intuiciones, es decir, contra las apariencias de los primeros efectos y el fantasma de las buenas intenciones.

Post Scriptum

Los diferentes puntos fueron en mucho inspirados en el libro de Becker, G. S. y Nashat, G. (1997), The economics of life. New York: McGraw-Hill.

Es mi impresión que demasiados son engañados por las apariencias de medidas económicas con intenciones que tienen razonamientos lineales entre causa y efecto sin considerar efectos no intencionales, ni caminos indirrectos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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