Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ser Cook, Ser Colón
Eduardo García Gaspar
13 junio 2013
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


En los libros hay cosas fantásticas, ideas interesantes, conceptos vistos de otra manera.

Siempre son descubrimientos propios que vienen de los descubrimientos de otros.

Un caso de estos, con dos partes en su historia.

La primera es un profesor de historia, cuando yo estudiaba primaria. El recuerdo es simple: nos habló maravillas del Imperio Inca. Sus logros, adelantos, orden, disciplina.

En fin, aquello era una maravilla, según él. Por supuesto a esa edad tenía yo más interés en andar en bicicleta que pensar en lo que pasaba en Cuzco en el siglo 11.

Sin embargo, la idea persistió en mi mente: los incas habían sido una maravilla y podían ser la inspiración para copiar sus ideas en tiempos modernos.

No es que fuera una de las cosas en las que pensaba con insistencia, pero cuando salía el tema mi cultura pop me hacía hablar de las maravillas incas.

Pasaron muchos años. Fue cuando leí el libro de J. Bronowski, The Ascent of Man, (1974, Boston: Little, Brown). Eso fue allá al comienzo de los 80, o quizá antes.

Había en ese libro un párrafo que derrumbó mi idea sobre los incas. Tanto me impresionó que lo anoté en una tarjeta. Decía,

“Perú era la temida metrópolis del futuro, el almacén de memoria en el que un imperio anota los actos de cada ciudadano, lo mantiene y le asigna una labor, y lo registra todo, impersonalmente, con números.

“Era una estructura social notoriamente sólida. Cada quien tenía su lugar y todos trabajaban para el Gran Inca. Y, sin embargo, Francisco Pizarro, en 1532, con 62 caballos y 106 soldados de infantería conquistó ese imperio”.

Total que entre las maravillas incas, que no dudo que las había, había también algo odioso: ese régimen que aplasta a la persona y que desconoce la idea de libertad. Lo más impresionante, sin embargo, fue descubrir la debilidad real de eso que parece monolítico.

Este y otros sucesos similares me hicieron entender una cosa: uno puede ser un descubridor, no diferente a los portugueses que dieron la vuelta a África, o Cristóbal Colón, o el Capitán Cook. Los descubrimientos no son propios, los han hecho antes otros, pero sí son descubrimientos para uno. Cosas nuevas que no sabía antes.

Cosas nuevas, sí, pero con una característica especial. Eran descubrimientos que solían poner en tela de juicio cosas dadas como ciertas y aceptadas por casi todos.

En mis tiempos universitarios, por ejemplo, las ideas de Marx (Carlos, no Groucho) eran populares. Eso era causa suficiente como para descubrir otras ideas, opuestas. Hice eso y otras cosas más de similar naturaleza.

Encontré que el campo de las ideas preconcebidas me daba amplias oportunidades de descubrir sus opuestos, en los que era frecuente que descubriera los descubrimientos de otros. Esta curiosidad me llevó a algunos enfrentamientos con quienes no los habían hecho.

En fin, fue así que desde hace ya muchos años me definí a mí mismo como un descubridor de ideas ya descubiertas por otros, pero que parecían permanecer ocultas por alguna razón que a mí me parecía incomprensible.

O bien, en términos médicos, podía esto verse como el descubrimiento de antídotos del veneno de las ideas aceptadas generalmente y que solían no ser más que prejuicios (lo políticamente correcto de hoy).

Llegó un momento, en septiembre de 1995, que sin mérito de mi parte mi cerebro fue atacado por una idea, la de compartir con otros esos descubrimientos. Y hacerlo de manera sistemática y razonable.

Desde entonces lo he hecho con estas columnas, que si tienen algo en común, es el ir contra lo comúnmente aceptado y, sobre todo, compartir con usted esos descubrimientos.

Si algo quisiera, es contagiar la curiosidad por descubrir los descubrimientos de otros, que los hay y son fantásticos. Claro, hay que leer y eso suele ser un obstáculo. Demasiados prefieren aplastarse frente a la televisión y estar al tanto de la última revelación que ha hecho alguna actriz.

Existe otro obstáculo de consideración. Demasiados, cuando leen, se ocupan con los libros más vendidos, sean novelas que suponen revelar secretos de organizaciones secretas, o libros sobre como mejorar la vida con un cambio de guardarropa.

En fin, si usted quiere ser otro Colón, otro Magallanes, otro Cook, lo puede hacer ahora mismo. Vaya, salga de su casa, y compre uno o dos libros, de esos que no se pierden en la obviedad.

Post Scriptum

El enemigo número uno para el descubridor de descubrimientos de otros es la pereza. Es obvio, pero tiene sus sutilezas, como la de por comodidad orientarse a ver videos en Internet y desechar los libros, especialmente en terrenos que merecen más seriedad y donde la argumentación al estilo comediante en video es tramposa.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Libros.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Ser Cook, Ser Colón”
  1. José Luis Samper Dijo:

    Así es. Hay verdades que se convierten en obvias no por que lo sean, sino por lo mucho que son repetidas y el ahorro de pensar que nos suponen. Claro que para eso es necesario hacerse preguntas, algunas muy simples, y entrar en la sombra de las verdades instaladas ideológicamente. Ciertamente, eso supone un esfuerzo, pero también una gran satisfacción.





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