Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sexo y Amor
Eduardo García Gaspar
13 septiembre 2013
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
Catalogado en:


Parecía algo distorsionado. Estoy seguro de que lo era.

Y es que la persona que hablaba no podía dejar de asociar al amor con el sexo.

“Un amor sin unión sexual no puede en realidad ser amor real y verdadero”, dijo casi literalmente.

Por mi parte, no lo creo, pero lo mejor es que es algo que podemos ver algo más de cerca.

Comencemos por lo más complicado, el amor (el sexo es, me parece, más sencillo).

Buena parte de la naturaleza del amor es que es voluntario y libre, el producto de una decisión autónoma que tiene otras alternativas, como indiferencia u odio. Esto tiene consecuencias: el amor no puede ser pasión involuntaria, sino decisión libre.

El amor, me parece obvio, parte de una idea acerca de quien ama. Supone esta persona que es libre, que puede pensar y que eso es valioso, que equivale a una dignidad igual a la que tiene la otra persona a la que se ama.

Hay en las dos personas algo que puede ser llamado un respeto propio, una alta valoración de sí mismo.

Luego están las cosas que podrían llamarse las intenciones del amor. Son las que forman la actitud que provoca la persona amada: buscar su bien, esperar que ella tenga iguales sentimientos hacia quien ama y, lo que esa persona mencionaba, el deseo de unión de las personas que se aman.

El pequeño gran detalle es si esa unión es sexual o no, o a veces sexual y a veces no.

La respuesta me parece obvia: el deseo de unión con la persona amada no tiene al sexo como condición obligada. Piense usted en casos de amor, como el de abuelos a nietos, padres a hijos, entre amigos. Usted puede pensar en otros casos adicionales.

Pero, sin duda, hay casos de amor en los que hay sexo (lo que nos lleva a pensaren la posibilidad de sexo sin amor, con casos muy obvios).

La decisión de amar, por tanto, contiene un componente básico que resume casi todo, ese deseo de unión. Lo que creo que significa el estar cerca, el ver, saber, de la persona a quien se ama y no necesariamente el tener sexo con ella. Amar es desear el bien de otros y tratar de ayudar a lograrlo.

Y en una sola de las manifestaciones de amor entre personas el sexo juega un papel, en el matrimonio. Ninguna otra relación de amor tiene ese elemento.

Puede esto verse desde otro ángulo, la de tener sexo sin amor. Una posibilidad real mostrada a diario en todas partes.

Una relación personal sustentada en el sexo tiene rasgos diferentes a la sustentada en el amor. El sexo sin amor es deseo de satisfacción personal y no de buscar el bien de la otra persona, no tiene tampoco intención de esperar amor de la otra, ni intención de permanecer juntos más de cierto tiempo.

Quizá la diferencia mayor sea la del tiempo. Mientras que el amor contiene el anhelo de una unión sin final previsto, el sexo tiene una unión temporal, breve, sin expectativa alguna de duración.

Pero aún, hay en la relación sólo sexual una actitud de uso mutuo que rebaja a las dos personas y va contra la idea de la alta valoración propia y ajena.

Contrario a lo que la persona dijo, el amor y la aspiración de unión con la otra persona no tienen al sexo como condición indispensable. Incluso puede ser que si se tiene al sexo como punto central, el amor sea anulado y dejen de existir esos de buscar el bien de la otra persona.

Esto puede quizá entenderse de otra manera.

Si entendemos a la naturaleza humana como conteniendo dos elementos, uno físico y otro espiritual, podremos entender que el sexo es meramente físico y deja de lado la otra parte de nuestra naturaleza. En el caso del amor con sexo, las dos partes humanas están unidas y el resto de los casos, son sublimes en el sentido de que sólo se encuentran en el plano espiritual.

Cuando he sostenido opiniones como éstas, algunas personas me han calificado como mojigato, puritano, santurrón, fundamentalista y otras que no me atrevo a repetir.

Ya que los calificativos no son herramientas de argumentación lógica, me he limitado a apuntar que como el resto de nuestros deseos físicos, el sexo debe ser tratado con moderación.

Si resulta negativo dejar sin riendas las pasiones físicas que llevan al exceso en el comer, en el beber, fumar, consumir y otros, no veo razón por las que no sea también aconsejable el control sobre los deseos sexuales. Y el control sobre el sexo tiene una rienda muy clara, el amor por la otra persona.

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