Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sí, un Caso de Adicción
Eduardo García Gaspar
22 octubre 2013
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es como una fiebre incontrolable. Una adicción incontenible.

Una manía irresistible. Es una obsesión del gobernante.

Piensa él, sin nada que pueda cambiar su opinión, que su gasto es vital para el país.

Cuanto más gasta, mejor para todos, según esta mentalidad.

Un ejemplo, el gobierno de EEUU. Otro ejemplo, en menor escala, el gobierno mexicano en estos momentos.

El actual presidente mexicano, Peña Nieto, ha considerado conveniente colocar como un derecho del ciudadano dos cosas: el seguro de desempleo y la pensión universal. Dos gastos de dimensiones extraordinarias, en su monto, y en su dificultad para desmantelar posteriormente.

El frenesí gastador, por supuesto, tiene sus límites. Por eso es que hay una “reforma” tributaria en estos momentos, cuyo fin es el obvio: quitar dinero al ciudadano, para poderlo gasta por la vía gubernamental.

No se detiene allí el frenesí, también hay la intención de elevar el déficit público. Las dos cosas, combinadas, son una dirección por la que no puede caminarse sin desembocar en una crisis de finanzas públicas quebradas.

Sí, una crisis, similar a las de los tiempos de Luis Echeverría y López Portillo. Es como una recaída del paciente drogadicto, un regreso a su adicción. La adicción, por supuesto, viene acompañada de un disfraz agradable, el de siempre: ese gasto tendrá un objetivo “social”, lo que sea que ello signifique.

El asunto bien vale una segunda opinión, no solamente para señalar que gastar una adicción del gobernante. Interesa, incluso más, apuntar otra faceta del aumento del gasto público, la de suponer que el gasto de gobierno es mejor que el gasto privado. Esto puede ser visto de manera muy simple.

Ya que los gobierno no tienen otra manera de obtener dinero que no sea la de retirarlo del bolsillo del ciudadano, el gasto público no es nada más que una sustitución de personas que gastan dinero.

El ciudadano gasta e invierte su dinero de la manera que él cree mejor. Los impuestos son el dinero que le retira el gobierno y que el ciudadano ya no gasta como quisiera él. Ese dinero, de los impuestos, lo gasta el gobierno.

La pregunta es la natural, la de cuál gasto es mejor para la gente del país, el del ciudadano o el del gobierno. ¿Qué dinero se emplea con más eficiencia? Toda la evidencia de la que se dispone indica que los gobiernos no son precisamente los administradores más eficientes.

Lo mejor que podría hacerse es dejar la mayor parte del dinero en manos particulares.

Y tener los impuestos más bajos posibles, los suficientes como para que el gobierno cumpla con su misión esencial de protección al ciudadano y sus propiedades. Nada más que eso. El resultado sería mejor que el de elevar impuestos y sustituir el gasto privado con el gasto público. No es complicado de entender.

¿Problemas con el gasto público? Los suficientes como para querer reducirlo al mínimo indispensable. Las causas: ineficiencia en el uso de recursos, reales desperdicios por falta de criterios de rentabilidad; uso electoral de fondos para comprar votos de sectores de ingresos bajos; corrupción descarada e inevitable; falta de incentivos para hacer cosas con calidad.

Otra manera de ver la adicción al gasto es la de considerar los niveles de deuda de los estados y municipios en México. No ha sido suficiente gastar el dinero que viene de los impuestos y se han contratado deudas que son impagables. La conclusión es la obvia: debe declararse al gobernante, a la mayoría de ellos, enfermos. No es broma. Sufren una adicción no diferente a la del drogadicto y la del alcohólico.

La enfermedad es universal, una especie de pandemia que ataca al gobernante, lo mismo en EEUU que en Grecia, España, Argentina, México, Italia.

El gastar de más y lo que no se tiene es una enfermedad crónica, progresiva del gobernante, que lleva a crisis económicas nacionales. Igual que el alcohólico, el gastohólico niega su dependencia: dice querer tener justicia social, luchar por la felicidad del país, combatir la pobreza.

¿Exagerado? No lo creo, vea a su alrededor, y constate la realidad. Estamos siendo gobernados por adictos a gastar sin ton ni son por parte de personas que tienen el poder legal para meter la mano en nuestros bolsillos.

Post Scriptum

Hay más ideas en ContraPeso. Info: Finanzas Públicas. También en Contrapeso.info: Gobernantes.

No es una metáfora lo que digo de la adicción a gastar, es una realidad. Los gobernantes son una población con alto nivel de exposición a la enfermedad de gastar sin límite.

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