Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sin Embargo, Sobreviven…
Eduardo García Gaspar
2 mayo 2013
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es algo viejo, en una nueva vestimenta. Dejó de lado algunas cosas, pero mantuvo su esencia misma.

Quiere dar la apariencia de una mejora, cuando es sólo el regreso a lo indeseable.

Es el papel de los gobernantes de avanzada, cuyo único mérito es una vuelta a lo anterior.

Empecemos por el principio.

Era una costumbre en algunos tiempos idos, en Grecia, que los reyes se añadieran a la lista de dioses de cada ciudad. Lo mismo en oriente, si no me falla mi memoria, los monarcas eran vistos como superiores al resto, tan superiores como divinidades.

Digamos que todo esto podía llamarse “divinidad real”, o algo por el estilo. Los emperadores romanos siguieron la costumbre.

La tradición se mantuvo. Esa divinidad real colocó al monarca como alguien superior al resto. Si ya no era precisamente un dios, en monarcas más recientes, sí era un delegado personal sobrenatural. Si era rey, lo era por decisión divina.

No había en esto enojo alguno, al contrario. Así era las cosas en sociedades organizadas a lo vertical, con jerarquías claras e incuestionables.

Y era necesaria la figura real, como una especie de común denominador que todo unía creando un sentido de pertenencia y homogeneidad. La voluntad real era incuestionable, tenía una justificación jurídica y una validez religiosa.

Fue toda una teoría política la defensa del monarca, el derecho al trono por derecho divino y trasmitido por herencia.

La consecuencia era clara para las personas. Debían ellas obediencia y respeto total. Es un ambiente de sumisión y observancia de los deseos reales, muy propio de esas estructuras verticales.

Las consecuencias no se detienen allí: resulta una misión imposible derrocar al rey. Quizá sólo en algunas ideas atrevidas y bajo circunstancias excepcionales extremas podía considerarse esa posibilidad.

En fin, es pocas palabras, era ese el pensamiento político derivado de una historia de muchos siglos. Está muy bien representada en la solución de Platón, la de dar el poder a los sabios filósofos que fijarán una estructura detallada que todos deben seguir.

La misma idea central, la del poder en manos de una persona, el filósofo. O bien, en manos de una persona, el heredero por derecho.

Pero algo cambió profundamente, con brincos y vaivenes, desde por allí del siglo 16 hasta que en nuestros tiempos nos encontramos ya no con la sociedad vertical y jerárquica, sino un una sociedad horizontal que está obsesionada con la igualdad.

El cambio es significativo y altera las cosas. ¿Cómo dar cabida al gobierno de poder concentrado en una sociedad horizontal que rechaza las jerarquías?

En una sociedad horizontal resulta odiosa la idea del monarca que es dios, del rey que gobierna por derecho hereditario y, sin embargo, se ha conservado la noción de un gobierno de poder concentrado, incluso entre halagos y alabanzas.Una paradoja, un tanto oculta.

No es infrecuente que quien se indigne ante figuras como Luis XIV, llene de elogios a Fidel Castro. O que quien sienta repulsión ante Enrique VIII, exprese su más ferviente admiración por el régimen soviético.

Esta extraña situación es lo que creo que bien vale una segunda opinión.

La supervivencia, bajo otra apariencia, de la autoridad todopoderosa, en una sociedad drásticamente diferente.

Resulta lógico que en un arreglo político vertical y jerárquico se concentre el poder en la figura superior de un monarca absoluto. Pero me resulta insólito que en una sociedad horizontal subsista la misma idea esencial de un gobernante superior al resto.

Por ejemplo, esto seguro que muchos que en Argentina consideran reprobables gobiernos como los de Carlos III en España, o Catalina la Grande en Rusia, den su aprobación entusiasta al gobierno de Kirchner. Si un gobierno resulta odioso por concentrar demasiado poder en una persona, el otro no puede resultar agradable por hacer lo mismo.

O en México, donde quienes califican de odioso el dominio de la monarquía española durante la Colonia, consideran positivo un gobierno igual de dominante, burocrático y centralizado en el mismísimo siglo 21.

No es natural que en una sociedad horizontal, de derechos individuales y libertades personales, sobrevivan gobiernos que son muy parecidos a los de sociedades sin esos ideales.

Pero sobreviven y eso es digno de notar.

Post Scriptum

Una explicación del curioso fenómeno puede ser la de la confusión de Platón que resume toda la política en la selección del gobernante ideal.

O bien, puede acudirse a la ingenuidad extrema de quienes suponen que los gobernante son seres mejores que el resto.

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