Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Soberbia: Sus Consecuencias
Eduardo García Gaspar
14 junio 2013
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


Se le supone el mayor de todos los vicios. Ése que es el origen del resto de ellos.

Es la soberbia, una valoración excesiva y desordenada del valor de uno mismo.

Implica, por tanto, un desprecio mayúsculo al resto de la gente.

Sus sinónimos ayuda a entenderla: orgullo, arrogancia, vanidad, engreimiento, presunción. Todo llevado a un nivel extremo, que se contrapone con lo opuesto: humildad, modestia, timidez, docilidad.

No es fácil de usar, pues tiene sus sutilezas de significado.

Por ejemplo, un sentido negativo, cuando realmente puede llamarse soberbia, y significa esa valoración presuntuosa de la propia persona que lleva al desdén del resto.

En un sentido positivo, cuando se usa la palabra orgullo, y hace referencia a un sentimiento de satisfacción personal, como cuando se ha tenido un gran logro.

Aquí quiero referirme al significado negativo, reiterando que la soberbia es vista como el clímax de los vicios. Tanto que para el Cristianismo es un pecado capital, el mayor de todos y que provoca la sustitución de Dios por el amor a uno mismo.

Ha sido un tema literario, como en la novela célebre de Mary Shelly, donde Victor Frankenstein sucumbe a la soberbia de lograr un descubrimiento médico que luego reprueba. Igual en La Divina Comedia de Dante.

En fin, nada que no sepamos. Las cosas, sin embargo, se ponen interesantes cuando nos damos cuenta de una de las consecuencias de la soberbia.

La apuntó Barbara Tuchman en su libro The March of Folly: la soberbia ciega, impide ver, frena la razón, cierra el entendimiento. Es lo que hace que quien la padece haga cosas sorprendentemente idiotas, opuestas a su propio interés.

Esto tiene sus consecuencias y no son ellas pequeñas. Suceden en todas partes, en todas las personas que exageran la confianza que tienen en sí mismas. Derrotas bélicas, elecciones perdidas, quiebra de empresas, crisis predecibles… muchos de esos sucesos tienen su causa central en la ceguera de sus protagonistas. Ceguera que produce la soberbia.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es lo particularmente propensos son nuestros tiempos a la soberbia. Vea a su alrededor.

Estamos llenos de adelantos científicos realmente impresionantes. La tecnología es deslumbrante. Todo ha sucedido en los últimos dos o tres siglos y se acelera conforme pasa el tiempo. El siglo pasado, los adelantos médicos fueron asombrosos, en tan sólo unas pocas décadas.

No está mal, nada mal, pero tanto adelanto tiene el riesgo de disparar a la soberbia.

Vea usted lo que sucede en política, donde es fenómeno común el creer que la sociedad y la economía pueden manipularse desde una agencia gubernamental y así hacer felices a todos. Esto requiere una soberbia enorme en los gobernantes que lo hacen.

Esto es parte del problema de nuestros tiempos, esa confianza excesiva en nuestros logros, que no son escasos. Al contrario, son importantes, reales y grandes. Tanto lo son que tienden a crear eso que llamamos soberbia y que desprecia a quienes piensan que nos podemos cegar. Es lo que hace llamar fanático a quienes reclaman mayor humildad humana.

Un síntoma clave de la soberbia actual es el tratamiento de las malas conductas con enfermedades que pueden ser curadas con nuevas medicinas. ¿Tiene alguien un vicio, como el golpear a su mujer? No importa, se le pueden dar unas píldoras y asunto resuelto. No hay culpas, hay enfermedades. La soberbia no tiene sentido de culpabilidad.

Charles Taylor, el filósofo canadiense, apunta que “conforme crece la confianza en los poderes humanos, y en particular, en los poderes de la razón”, son más difíciles de aceptar las afirmaciones de las iglesias sobre su autoridad en la fe.

¿La noción del ser humano imperfecto? Falsa se nos dice. Lejos de ser imperfectos, somos capaces de todo. Nada puede impedirnos avanzar porque todo lo podemos. Podemos crear nuestra propia moral, podemos actuar como si los recursos fueran ilimitados. Esto es lo que preocupa, al menos a unos cuantos.

Los soberbios son ciegos y los ciegos no saben por dónde van ni a dónde se dirigen. Quizá sea ésta la manera más simple de apuntar los riesgos que corre el soberbio y quien se deja guiar por uno.

Post Scriptum

El antídoto de la soberbia es la humildad, el reconocer debilidad propia, desconocimiento e incapacidades. No es aceptar que se es un tonto sin remedio que nada puede hacer, sino aceptar que mientras que es capaz de grandes cosas, también pueden cometerse terribles fallas.

Quizá el defecto sustancial de la soberbia se encuentre en su falta absoluta de prudencia. El soberbio rechaza la prudencia, mientras que el humilde la tiene en alta estima.

En otro terreno, la creencia en Dios sólo es posible en quien tiene una cierta dosis de humildad, la de reconocer que existe alguien superior y que sabe más. Cuando deja de creerse en Dios, la soberbia convierte a la persona en su propio dios incapaz de errar.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



2 Comentarios en “Soberbia: Sus Consecuencias”
  1. Jesús Dijo:

    Desde la infancia se empieza a generar este “vicio”, recuerdo cuando se me decía, a este muchacho el hambre lo tira y el orgullo lo levanta, no me quedaba muy claro hasta que leí la revista de la familia Burrón (Borola Tacuche de Burrón), la soberbia (del latín superbia) y orgullo (del francés orgueil), son propiamente sinónimos aun cuando como en este artículo a uno se le da una connotación negativa, y al otro positiva, aunque se matice de esta manera no hay diferencia, retomando el punto de la infancia, es difícil que al llegar a la adolescencia y madures se elimine este estereotipo del mexicano en general, y del político en particular. ¿Cuál es la medicina para este mal? creo que la educación religiosa con grandes dosis de humildad, es muy amarga esta medicina pero es la más efectiva.

  2. Estibaliz Dijo:

    Quisiera comentar que, también he notado en algunas personas de mi alrededor, que la excesiva alabanza a un niño por parte de su familia puede también alimentar el ego de manera errónea y hacerlos crecer con esa mentalidad de que son los mejores, que son unos triunfadores; cuando en realidad no les hacen ver que pueden fallar o perder a veces; que no lo saben todo y que pueden aprender de otros. He tenido la oportunidad de conocer personas así y es muy cierto que son “ciegos”.





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