Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sociedad Vertical, Horizontal
Eduardo García Gaspar
25 julio 2013
Sección: Sección: Asuntos, SOCIEDAD
Catalogado en:


La idea es sencilla. Provee una forma memorable de comprender a nuestras sociedades. Las actuales.

Usa una comparación valiosa, contra las sociedades de siglos anteriores.

Mejor aún, usa palabras que todos entienden: horizontal y vertical.

En pocas palabras, se nos dice, las sociedades modernas tienden a ser muy horizontales, especialmente en países avanzados. En cambio, las sociedades de tiempo atrás eran verticales en todas partes.

¿Qué quiere decir esto? Significa que en otros tiempos existía un orden jerárquico que ordenaba a la sociedad y que esa jerarquía ordenada ha dejado de existir, o casi.

Esto puede verse con sencillez. Imagine usted una sociedad hace siglos, un país cualquiera, y verá que hay un monarca, que hay nobles, prelados y de allí se baja quizá a comerciantes hasta llegar a los campesinos y siervos, incluso esclavos. Hoy vemos esto como una sociedad muy desigual, una con autoridades muy fuertes y poderosas.

Ahora, por el contrario, la desigualdad tan marcada ha tendido a desaparecer. Por ejemplo, la autoridad incuestionable de un monarca cuyos deseos se cumplían sin hacer preguntas, se ha convertido en un gobierno elegido mediante votos que valen igual, no importa si los emitieron grandes intelectuales o campesinos.

Además, en una sociedad vertical, la identidad personal tenía poco sentido. No había un fuerte sentido de individualidad dentro de la sociedad, excepto en el terreno religioso, donde el Cristianismo hizo ver a cada persona como única y valiosa. Aún así, las personas tenían sentido social en cuanto al grupo al que pertenecían.

Ahora, sin embargo, se tiene un sentido claro de individualidad. La persona es vista y considerada en sí misma, aislada del resto y valiosa una por una. Es como una especie de efecto inevitable de las nociones Cristianas: cada persona tiene el mismo valor frente a Dios, sin importar su condición humana.

Lo anterior es, más o menos, lo que suele implicarse cuando se habla de sociedades verticales y horizontales.

Y se habla de esto con orgullo, como si fuese todo un gran avance moderno que desprecia a lo antiguo. La realidad es que no es para tanto. Es cierto que vivimos obsesionados con la igualdad y es cierto que la idea de derechos humanos se ha arraigado (aunque con excesos).

Sin embargo, no creo que nos hayamos vuelto tan modernos, tan “horizontales”. Seguimos teniendo una buena dosis de la mentalidad vertical. ¿No me cree?

Vea la expansión gubernamental en todas partes. Tenemos ahora gobiernos realmente poderosos, como las monarquías anteriores. Sociedades supuestamente horizontales como las europeas, tienen gobiernos de los que dependen millones de sus ciudadanos.

Quizá no haya tanta horizontalidad como se piensa. Vea usted a los sindicatos y el que sus miembros tengan poca individualidad: valen y pesan porque son parte de esos sindicatos.

En otras modalidades, con otros nombres, pero la verticalidad no ha desaparecido tanto como creemos. Y es que quizá sea imposible erradicarla, incluso negativo el tratar de hacerlo, como suelen pensar los conservadores.

Hay, sin embargo, otro aspecto que es fascinante.

Dentro de una sociedad realmente horizontal, con pocas o nulas jerarquías, la persona adquiere una carga mental considerable. Se le exige mucho debido a la toma de decisiones que debe hacer. Debe saber más que antes, pensar más, participar más. No es gratuita la horizontalidad, ese acceso directo a las decisiones.

En una sociedad vertical no existe esa carga. La persona sigue órdenes, cumple normas, recibe instrucciones, obedece. Deja a otros los asuntos públicos, sea al monarca o a la aristocracia. La persona se dedica a sus quehaceres del día y deja en manos de otros los asuntos que en una sociedad horizontal le corresponderían más.

¿Tiene la persona común esa capacidad? Lo dudo mucho. Sabrá mucho sobre su trabajo, pero no tanto sobre asuntos públicos, lo que le obligará a actuar verticalmente: seguir dejando en una alta jerarquía esas cuestiones… pero con una variable totalmente nueva, su voto para elegir al gobernante.

La nueva variable cambia las cosas como nunca antes. A un rey, siglos atrás, muy poco le detenía el pensar de sus súbditos. No era elegido por votaciones. Un presidente ahora lo es y sí lo pueden elegir y despedir los votos de personas comunes que no tienen conocimientos suficientes sobre asuntos y políticas públicas.

Post Scriptum

En otra columna traté una idea parecida, Sin Embargo Sobreviven.

Una sociedad real y totalmente horizontal, me parece, sólo podría serlo una anárquica capitalista, sin gobierno y sustentada sólo en acuerdos privados.

La sociedad horizontal e igualitaria de la que se enorgullecen los socialistas de estar creando, como en Europa, es en verdad muy poco horizontal: sigue teniendo una gran autoridad, con enorme poder, a la que todos obedecen y cuyos miembros son la misma élite que en otros tiempos formaba a la nobleza.

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