Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Suicidio: un Examen
Leonardo Girondella Mora
18 noviembre 2013
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


La idea del suicidio —quitarse la vida por medio de una acción propia intencional— tiene elementos que examino en lo que sigue, con el propósito de conocer más de cerca esta acción humana.

Aprobarlo o reprobarlo sin un examen es una opinión que puede ser enriquecida conociendo algo más sobre el tema.

• Un suicidio implica una acción iniciada por la persona misma y que tiene como meta específica, el morir —necesita una decisión previa que evalúa alternativas, la de continuar con vida y la de morir, optando por morir y eligiendo una forma de realizarlo.

• El suicidio es visto y considerado como una acción extrema, poco común y triste, en el sentido de perder una vida —y se asocia a una situación personal también extrema de la que la persona quiere huir totalmente, optando por la medida más radical posible.

• Necesariamente las circunstancias de un suicidio son graves y serias —en una intensidad alta percibida por la persona, a tal nivel que el escape de la muerte es evaluado como la opción menos mala.

• Eso puede ser expresado en una decisión evaluativa: la persona ve frente a sí una vida con circunstancias tales que le hacen pensar que es mejor morir que enfrentar las circunstancias que la causan un pesar realmente intenso.

• Claramente la persona en el momento de esa evaluación de alternativas está en un estado emocional agudo y punzante —uno que tiene buena probabilidad de oscurecer su proceso de razonamiento y tomar una mala decisión.

Es común aconsejar que las más graves decisiones se tomen con la mente fría —cosa que no sucede en el caso de los suicidios —donde por definición la perspectiva de dejar de vivir introduce una circunstancia gravísima.

• El suicidio tiene un aspecto de considerable importancia, la de la naturalidad de la vida. El vivir es positivo, un valor grande,  el mayor de todos los rasgos humanos, que manda castigar el asesinato, que es el quitar la vida a un tercero.

Si matar a otro es reprobable y una falta seria, será difícil argumentar que no resulta igualmente serio el matarse a uno mismo —siendo en su esencia la misma falta de quitar una vida.

• El suicidio tiene otra faceta que puede mostrarse al invertir los roles. Si la persona A se encuentra en una circunstancia de una gravedad tan intensa que le pudiera hacer concluir que el suicidio sería un remedio, aún en este caso si una persona B mata a la persona A, sería juzgada por asesinato.

En el caso del suicidio, la persona A y la B se funden en una sola —y sería posible pensar en un asesinato, con un culpable que ya recibió una pena de muerte.

• La opinión sobre el suicidio está altamente influida por creencias religiosas que presentan argumentos razonables —si Dios ha dado la vida a la persona, ella no es dueña de ella y no puede quitársela; si Dios ha mandado que las personas se amen a ellas mismas y a los demás, el suicidio es un pecado contra ese mandato.

• Incluso la opinión generalizada y laica del suicidio coincide con las creencias religiosas al considerar al suicidio algo reprobable y extremo —incluso con alguna dosis de cobardía y miedos no muy justificables

• El suicidio, se ha argumentado con sentido común, priva a la comunidad entera de una de sus partes —lo que significa un daño al resto, exactamente igual al daño que se tendría en un asesinato.

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Lo anterior me lleva a concluir que el suicidio es en sí mismo una acción reprobable en su esencia misma —tanto en su sentido práctico como en consideraciones más abstractas y por supuesto, las religiosas.

A pesar de todo, una forma de suicidio ha sido justificada desde hace ya tiempo —la de la eutanasia para enfermos terminales, que voluntariamente solicitan ser asesinados antes de pasar por el proceso de la muerte natural, un tema en el que no entro.

Finalmente, señalo un elemento común en el suicidio —y en la eutanasia también —, el de asignar a la persona que muere un valor equivalente a cero. Es el juzgar que esa persona no tiene sentido, ni merece ser apreciada y que puede disponerse de ella sin consideración alguna.

Quien se suicida necesariamente piensa que su vida vale cero y que, peor aún, ella es dueña de su vida de manera tal que puede perderla como una ganancia propia y ajena. Cuando alguien piensa esto, debe estar en un estado emocional que la hace incapaz de tomar decisiones sanas.

Nota del Editor

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