Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Televisión: Cómo Usarla
Leonardo Girondella Mora
20 septiembre 2013
Sección: MEDIOS DE COMUNICACION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Siendo instrumentos, los medios de comunicación no tienen en sí mismos una carga moral —no puede decirse que sea buenos o malos en un sentido ético.

Pueden sólo calificarse como útiles o eficientes en la función que realizan y nada más que eso.

Con lo anterior como entrada al tema, en lo que sigue hago comentarios sobre cómo usar la televisión tradicional por parte de la audiencia —cómo utilizarla para hacer de ella un instrumento que ayude a la mejora personal.

• La audiencia debe entender que la televisión tradicional está diseñada para la atracción de audiencias numerosas —y que sus contenidos y programas tienen ese objetivo primario y vital.

Es la causa central de sus ingresos: a mayor rating mayores ingresos por compra de tiempos comerciales de los anunciantes.

• Los televidentes deben pensar que esa característica no es negativa en sí misma y que criticar la comercialización de la televisión es una postura tan común como infundada.

Si la televisión no es financiada por su comercialización, lo tendrá que ser por otros medios, como impuestos especiales a los aparatos o subsidios gubernamentales que al final paga la audiencia también.

• Los televidentes deben aceptar que ellos son parte de audiencias numerosas buscadas y que eso hace que los contenidos de la televisión sean creados con prioridad con elementos que llamen su atención y la mantengan —lo que hace posible el uso de elementos vulgares o escandalosos que lo logren.

La audiencia debe aceptar y estar alerta por el uso de elementos que exageren, amplíen e incluso distorsionen la realidad —no digo que mientan sino que usen perspectivas que hagan a la realidad más llamativa y que vuelvan relevante lo que es más bien trivial.

• El elemento clave para la creación de contenidos en la televisión es la creencia subyacente en los productores sobre la audiencia que buscan —muy en específico, la capacidad mental de las personas que forman esa audiencia, sus gustos e intereses.

La audiencia debe estar alerta que en la mayoría de los casos los productores tienen una creencia sobre ella que no es exacta —creen que tiene una inteligencia menor, una capacidad mental más baja, gustos más vulgares e intereses más triviales, de los que en realidad poseen.

• La competencia por porciones mayores de la audiencia tiene una fuerza positiva en cuanto a colocar incentivos que elevan la calidad de contenidos en la televisión —pero si los productores menosprecian las capacidades de la audiencia, esa competencia tenderá a producir programas más escandalosos que reducen aún más las creencias que se tienen sobre la audiencia.

La audiencia debe estar prevenida sobre la probabilidad de que los programas más populares sean lo que peor piensen de ella —con sus honrosas y numerosas excepciones, pero esta advertencia debe estar siempre en la mente del que ve la televisión.

• La televisión usa tiempo y debe condensar los materiales de su contenido —lo que la imposibilita a profundizar desde su misma base. Ni las noticias, ni los documentales, pueden ser profundos en la información, ni contener sutileza en la interpretación de esa información.

La audiencia debe entender que el contenido de la televisión la proveerá con un conocimiento inicial aceptable, pero superficial sobre el tema que haya tratado. Si se desea profundizar sobre el tema, existen medios mejor diseñados para ahondar.

• La televisión usa imágenes y ellas son el elemento esencial de su contenido, como sucede en el cine o el teatro —lo que tiene un efecto cuando trata a la información: ella se sesga a lo visual menospreciando el contenido de lo auditivo, pero sobre todo, obstaculizando la abstracción que hace posible pensar y desarrollar ideas.

Los televidentes deben estar alertas sobre la dificultad que tiene la televisión para llevar información compleja que no admite su visualización —y entender que las imágenes tienden a simplificar la realidad haciendo ver lo llamativo y nuevo, antes que el fondo.

• La televisión contiene opiniones disfrazadas de información objetiva, lo que sucede de muy diversas maneras —en los noticieros, por ejemplo, eso se hace sin remedio en la selección de noticias para acomodar tiempos breves, la selección de imágenes y el marco o perspectiva que se da a la noticia.

La audiencia debe estar prevenida de la posibilidad real de estar viendo sólo una parte de la realidad —seguramente afectada por lo políticamente correcto y la inclinación ideológica del medio (que de seguro la tiene).

• La televisión, al usar imágenes, crea elementos de fácil recordación que influyen en la manera en la que se entienden otros conceptos —por ejemplo, la audiencia en un país como México, o Argentina, que tiene la idea de cómo son los estadounidenses gracias a haber visto programas de televisión de ese país.

La audiencia debe estar alerta sobre el peligro de visualizar su información con imágenes provistas por la televisión y que no necesariamente corresponden a la realidad —como el juzgar los tiempos de los Borgia habiendo visto la serie de televisión y tomando esas imágenes como reales.

• La televisión es un medio fácil —con lo que quiero decir que está mejor diseñada para ser un medio de entretenimiento que un medio informativo o de aprendizaje. Si bien tiene la virtud de poder contener imágenes de último minuto, que es un elemento valioso en noticias, no tiene mucho más que eso.

La audiencia debe entender que la televisión, por ser un medio fácil con participación pasiva, no puede ser un instrumento de comprensión y entendimiento —ya que es inevitable que el aprendizaje se pueda tener sólo con esfuerzo y actividad personal, usando medios que faciliten la profundización.

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Las advertencias que las audiencias de televisión deben considerar cuando usan ese medio, quizá les permita ser más selectivas en el uso de su tiempo.

Una estadística señala que en los EEUU las personas ven 34 horas a la semana viendo televisión, más 6 horas viendo programas grabados —con el tiempo de exposición siendo mayor conforme se tiene más edad.

No es la televisión un mal instrumento, negativo en sí mismo —sino que sus riesgos están en la sobrevaloración de su utilidad: es más superficial que profunda, menos propicia al aprendizaje, más diseñada para la diversión, y más inclinada a tener contenidos basados en hipótesis de una audiencia poco inteligente.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema general en ContraPeso.info: Medios de Comunicación

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